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	<title>krisis &#187; Español</title>
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	<description>Beiträge zur Kritik der Warengesellschaft</description>
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		<title>Crash!</title>
		<link>http://www.krisis.org/2009/crash</link>
		<comments>http://www.krisis.org/2009/crash#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 18 Dec 2009 16:15:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Achim</dc:creator>
				<category><![CDATA[Antisemitismus und Rassismus]]></category>
		<category><![CDATA[Krisentheorie und Krisenanalyse]]></category>
		<category><![CDATA[Tagesgeschehen]]></category>
		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Finanzkrise]]></category>

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		<description><![CDATA[Una nueva leyenda está haciendo furor sobre el origen de la crisis : “nuestra economía” ha sido víctima de la codicia sin límites de un puñado de banqueros y especuladores. Alimentados por el dinero barato del banco central de EE.UU. y apoyado por decisiones de políticos irresponsables, que han llevado al mundo al borde del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una nueva leyenda está haciendo furor sobre el origen de la crisis : “nuestra economía” ha sido víctima de la codicia sin límites de un puñado de banqueros y especuladores. Alimentados por el dinero barato del banco central de EE.UU. y apoyado por decisiones de políticos irresponsables, que han llevado al mundo al borde del abismo, mientras que las victimas han sido los de siempre “ la gente honrada”</p>
<p><a href="http://www.krisis.org/2008/crashkurs-flugblatt-zur-finanzkrise">Deutsche Version</a> &#8212; <a href="http://www.krisis.org/2008/crash-course">English version</a> &#8212; <a href="http://www.krisis.org/2009/crash-course">Version française</a> &#8212; <a href="http://www.krisis.org/2008/crashcursus">Nederlandse versie</a> &#8212; <a href="http://www.krisis.org/2008/crashkurs-appunti-sulla-crisi-finanziaria">Versione italiana</a> &#8212; <a href="http://www.krisis.org/2008/2907">българска версия<br />
<span id="more-3978"></span></a></p>
<p><em>Grupo Krisis</em></p>
<p>Nada es tan objetivamente incorrecto e ideológicamente peligroso par la opinión pública que estos tópicos y leyendas. Se trata exactamente de todo lo contrario El crecimiento desmedido de los mercados financieros no es la causa de la miseria y de la crisis, sí no una maniobra evasiva antes la crisis fundamental que se enfrenta la sociedad capitalista desde la década de 1970. En ese tiempo terminó el boom de crecimiento de la posguerra, basado en un largo período de apoyo a un crecimiento económico real, que basado en la extensión y generalización del modo de producción industrial a nuevos sectores como la fabricación de automóviles. Para la producción de productos básicos eran necesarias en la década de 1950 y 60, una multitud de trabajadores adicionales que alcanzaron salarios que superaron el nivel de la supervivencia y que podían por esa razón también acceder al consumo de masas. Desde la racionalización generalizada en los sectores básicos de la producción mundial, más y más trabajadores fueron sustituidos por procedimientos automatizados que destruyeron las condiciones para un boom económico impulsado por el consumo. La crisis capitalista clásica ha sido así sustituida por la crisis más fundamental y que afecta a la misma posibilidad del trabajo</p>
<h4>La “ humanidad superflua”</h4>
<p>Es una de las contradicciones enloquecedor del modo capitalista de producción que el gran salto en la productividad hecho posible por la “revolución microelectrónica” no e ha dado lugar una vida mejor para todos. Ha ocurrido finalmente lo contrario, el trabajo se ha acelerado, el ritmo y la presión laboral ha aumentado. Para supervivir cada dia millones de personas, en todo el mundo, deben vender ,en las peores condiciones , su fuerza de trabajo, que es valorada por el nivel de productividad , y que de esta forma se ve cada vez más devaluada.</p>
<p>Esta es una de las contradicciones del capitalismo, pero también significa es también un factor que contribuye a la autodestrucción de sus propias bases. Una sociedad que se fundamenta en la explotación del trabajo humano, está llegando a sus límites estructurales, cuando convierte al trabajador cada vez en algo más obsoleto. La economía mundial se ha mantenido , durante más de treinta años, sólo por la inflación y el aumento de la especulación y el crédito ( “capital ficticio”) en continuo movimiento. Si el capital se concentró en los mercados financieros fue debido a que la economía real no ofrece suficientes oportunidades de inversión. Los Estados están en deuda para cubrir sus presupuestos y un número creciente de personas, directa o indirectamente, financian su consumo con el crédito. De esta manera, la esfera financiera se convierte en la industria de base del motor del crecimiento capitalista. La “economía real”, tan cacareada, no es fue asfixiada por los mercados financieros, Por el contrario, el “milagro económico chino” y el “record de exportación de Alemania” no hubiese sido posible sin el gran ciclo de expansión y crecimiento de la deuda global de las últimas décadas, con los EE.UU. en el centro.</p>
<h4>Gestión de emergencias y la estanflación</h4>
<p>En el momento presente las posibilidades de controlar los efectos de la crisis son limitados. Y ello no debe ser motivo de celebración. Las consecuencias serán dramáticas. Por ahora descarga toda la crisis y la devaluación de la potencia acumulada de los últimos treinta años con toda su fuerza. La política tiene la mayor parte de responsabilidad en el ritmo y el progreso de este proceso. Básicamente, no puede parar. O elimina el billón de dólares de los “rescate” , con consecuencias desastrosas para la economía “real”. O aumenta de manera exorbitante la deuda pública nacional y establece así las condiciones para un aplazamiento de la crisis, que surgirá aún mayor y más grave en el futuro próximo. Las consecuencias será el regreso de la “estanflación” – la simultaneidad de la recesión crónica y la inflación galopante – a un nivel mucho más alto que en la década de 1970..</p>
<p>Todo empuja en gran medida, y durante los decenios pasados ; la caída de los salarios, las condiciones de trabajo precarias, la privatización de gran parte del sector público se privatiza, al hecho de que es una cantidad inesperadamente grande y creciente de la humanidad hayan sido declaradas simplemente superflua. La pregonada “nueva función del Estado” no va a consistir de ninguna manera en la restauración del capitalismo el “renano” de los años 60 con pleno empleo y una mayor prosperidad. Esta aparente vuelta del Estado si puede consistir en la organización y administración de la exclusión social, racial y nacionalista. El retorno de la ”regulación” y “capitalismo de Estado” es concebible sólo en la forma de un Estado autoritario y represivo de la gestión de las emergencias.</p>
<h4>El mundo es demasiado rico para el capitalismo</h4>
<p>La actual crisis financiera marca el punto de inflexión en la era de capital ficticio y por lo tanto la crisis fundamental del capitalismo, que se puso de manifiesto ya en la década de 1970, alcanzando un nuevo nivel. Esta crisis no es sólo una crisis específica del “sistema imperio” anglosajón o del “neoliberalismo”, como pretende la movilización antiaméricana, con ribetes claramente antisemitas. Más bien, ahora parece que el mundo es demasiado rico par a la pobreza del modo de producción capitalista. por el modo capitalista de producción pobres es demasiado rico y la sociedad está condenada a la barbarie ,la miseria y la irracionalidad sin no es capaz de superar el capitalismo.</p>
<p>El problema no son los ”especuladores” y los mercados financieros , sino lo absurdo de una sociedad que produce riqueza sólo como un producto de desecho del valor real o para la utilización del capital ficticio. Un retorno a un capitalismo de bases aparentemente sólidas, centrado en el uso de ejércitos de manos de obra, no es ni posible ni deseable.</p>
<p>Cada víctima que ahora se exige para mantener la dinámica destructiva de esta producción absurda , es una burla a la buena vida, que hace mucho tiempo era posible: en una sociedad más allá de la producción de mercancías, dinero y Estado . La crisis actual no es sino la puesta en cuestión, finalmente, del sistema mismo.</p>
<p>Traducción Paralelo36</p>
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		<title>Terremoto en el mercado mundial</title>
		<link>http://www.krisis.org/2009/terremoto-en-el-mercado-mundial</link>
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		<pubDate>Sun, 18 Jan 2009 15:59:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Achim</dc:creator>
				<category><![CDATA[Krisentheorie und Krisenanalyse]]></category>
		<category><![CDATA[Tagesgeschehen]]></category>
		<category><![CDATA[Wert, Ware, Fetisch]]></category>
		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Finanzkrise]]></category>
		<category><![CDATA[Norbert Trenkle]]></category>

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		<description><![CDATA[Deutsche Version &#8211; English version Sobre las causas subyacentes a la crisis actual de los mercados financieros Mayo 2008 Norbert Trenkle La crisis de los mercados financieros internacionales ya está transformándose en una crisis del mercado mundial y la mayoría de economistas y comentaristas la adjudican a la especulación desenfrenada que, especialmente se desencadenó en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="zaehl"><img src="http://vg04.met.vgwort.de/na/6fb4a2a6c0d543f9a96501abbb5b999d" alt="" width="1" height="1" /></span></p>
<h4><a href="http://www.krisis.org/2008/weltmarktbeben">Deutsche Version</a> &#8211; <a href="http://www.krisis.org/2009/tremors-on-the-global-market">English version</a><a href="http://www.krisis.org/2008/weltmarktbeben"><br />
</a></h4>
<h3>Sobre las causas subyacentes a la crisis actual de los mercados financieros</h3>
<p>Mayo 2008</p>
<p><em> Norbert Trenkle</em></p>
<p>La crisis de los mercados financieros internacionales ya está transformándose en una crisis del mercado mundial y la mayoría de economistas y comentaristas la adjudican a la especulación desenfrenada que, especialmente se desencadenó en los EE.UU. <span id="more-3079"></span>En consencuencia, están en la mira los bancos y fondos de inversión como los agentes principales de esta especulación; aunque también se apunta a los gobiernos y los bancos centrales (en primer lugar, al gobierno de los EE.UU y la Reserva Federal), que serían quienes facilitaron e impulsaron esta situación. Ahora, quienes desde hace años ven en la especulación la prinipal causa de todas las fallas socioeconómicas actuales, tales como cesantía generalizada, descenso del salario, competencia agudizada y quiebre del sistema social, se sienten confirmados en sus apreciaciones y difunden que la clave para solucionar estos problemas está en la regulación y el control de los mercados financieros. A primera vista, podría parecer, efectivamente que, la creciente presión económica sobre toda la sociedad se origina en los mercados financieros. ¿Quién osaría negar la enorme importancia que han ganando y su considerable influencia en el desarrollo económico? ¿No se prestan precisamente para identificarlos como los principales culpables de la miseria social? Sin embargo, la polémica contra los fondos Hedge, Private-Equity-Fonds y otros actores financieros encuentra gran resonancia en la opinión pública &#8211; no sólo por reflejar la apariencia de la superficie. Esas posiciones pueden sustentarse, además, en un difundido pre-juicio según el cual y, de todos modos, es el capital financiero, bancos y “especuladores“, el responsable de la mayoría de los males del capitalismo, por que, supuestamente, sin mover un dedo obtienen ganancias a costas del “trabajo honesto” y del “empresariado productivo”. En consecuencia, se critica constantemente “la voracidad insaciable“ de los agentes del mercado financiero que aspiran a “rentas exorbitantes“ (como si el modo de producción capitalista no se basara, en esencia, en el principio de maximización de ganacias y en función de ello no pisara siempre cuánta cabeza se le interponga).</p>
<p>Ésta no es, por cierto, una crítica al capitalismo, sino, en el mejor de los casos, una mitificación nostálgica del capitalismo de postguerra, cuando el estado regulaba lo social y el mundo supuestamente estaba todavía en orden. Pero es peor aún, puesto que afirmaciones de ese tenor abren las puertas para los delirios antisemitas que, como se sabe, diferencian esencialmente entre un capital (concreto) productivo-creativo de otro capital (abstracto) acaparador” e identifican a “los especuladores” como “los judíos” quienes supuestamente serían quienes desde las sombras mueven los hilos de la economía y la política mundial. Desde diversos enfoques se ha señalado, en los últimos años, la falacia de esta relación y advertido sobre el peligro de su contenido ideológico, por lo que no me detendré en esto. Más bien me concentraré en comprobar sobre todo que el ataque unilateral al capital financiero invierte la relación entre causa y efecto de la lógica funcional del capitalismo, lo cual no sólo impide un análisis razonable de la crisis actual, sino obstaculiza también el planteo de una perspectiva de luchas sociales adecuada.</p>
<h4>Los prolongados efectos de la crisis del fordismo</h4>
<p>Basta una mirada a la historia para constatar que las causas de las crisis capitalistas nunca estuvieron en las grandes burbujas formadas por la especulación y el crédito, sino que éstas fueron sólo la consecuencia y la forma cómo se desarrollaron los procesos de crisis, originados constantemente en el estancamiento de la valorización de capital en la esfera de la economía real. Esto rige también y precisamente para la actual crisis financiera y los extensos períodos de especulación que le precedieron, aunque comparada con crisis anteriores, ésta presenta efectivamente algunas peculiaridades históricas.</p>
<p>Es sabido que el ascenso y la independización de los mercados financieros comenzó a mediados de los años 70. Pero no ocurrió por decisiones políticas arbitrarias o la influencia de los think tanks neoliberales o grupos de intereses económicos poderosos, sino debido a que la prolongada fase de auge del período de postguerra cayó en una profunda crisis estructural y el fordismo chocó con sus límites. Los márgenes de lucro de la producción masiva estandarizada quedaron sometidos a la presión que provocaba el agotamiento de las reservas organizativas y económicas de la productividad fabril mientras que, simultáneamente, las luchas laborales conseguían incrementos salariales y prestaciones sociales y, los prefinanciamintos de la infraestructura pública continuaban en ascenso . Cuando los países agrupados en la OPEC decidieron un sensible aumento de los precios del petróleo, los costos se dispararon por la explotación excesiva de la energía proveniente de las reservas fósiles. El impulso de crecimiento sostenido que se había desarrollado en la era de post guerra arribó a su fin. No hubo inversiones adicionales en medios de producción, fábricas, edificios etc. por que no se avizoraban ganancias o ganancias suficientes; en consecuencia, una parte considerable del capital quedó &#8220;liberado“ sin encontrar posibilidades de inversiones rentables.</p>
<p>Pero teniendo en cuenta que el capital en sí es valor que se re-valoriza, o sea, que el único objetivo de la producción capitalista consiste en hacer del dinero más dinero (por eso también la compulsión propia del capitalismo de obtener un crecimiento cuantitativo permanente a expensas de las necesidades humanas y las limitaciones naturales), un estancamiento tal del proceso de valorización equivale a una crisis o, dicho con mayor precisión: a una crisis de sobreacumulación. Una parte del capital es excedentario (medido respecto al propio objetivo abstracto) y por eso pende sobre él la amenaza de desvalorización. Si ésta tiene lugar, entonces esa crisis no queda limitada a las quiebras de algunas empresas y bancos (como siempre ocurre en el funcionamiento capitalista normal), sino que golpea atravesando la totalidad de la economía y la sociedad.</p>
<p>Justamente este peligro amenazaba ya a mediados de la década de los 70, lo que por lo demás fue pronosticado por muchos economistas (no sólo de izquierda) . ¿Porqué no se llegó a eso? ¿Porqué no se dio la irrupción de una gran crisis de la economía mundial? Una de las razones fundamentales fue debido a que una parte significativa del capital excedentario, ante la imposibilidad de invertir en la economía real, emigró hacia los mercados financieros internacionales. Al comienzo se orientó principalmente hacia créditos públicos, pero luego y de manera creciente hacia la especulación accionaria y títulos. Esta fuga hacia la esfera financiera es en sí la forma normal en que transcurre toda crisis de valorización del capital. Marx ya lo analizó en base a la crisis de 1857 y, para este fenómeno acuñó el concepto de “capital ficticio“. El capital de crédito y especulativo es ficticio por que sólo en apariencia funciona como capital. Pues aunque para sus poseedores y como producto de la especulación arroje ganancias en la forma de intereses, no se efectúa una valorización real, tal como la que presupone siempre la explotación de fuerza de trabajo en la producción de mercancías y servicios para extraer plusvalor. Los “beneficios“ que arroja el capital ficticio provienen de otras fuentes, ya sean de impuestos y nuevos créditos (como en el caso del endeudamiento estatal) o, de apuestas a futuro (como en el caso de ganancias producidas por la especulación en las cotizaciones cambiarias) o de la liquidación de patrimonio público (como en el caso de las ganancias por privatizaciones).</p>
<p>Donde se manifiesta el carácter del capital ficticio con mayor claridad es en el caso del endeudamiento estatal: El estado toma prestado dinero para introducirlo de inmediato nuevamente en el circuito del consumo. Desde el punto de vista del prestamista, este dinero aparece como capital por que &#8220;produce“ intereses. Pero en realidad ya se ha gastado de manera consuntiva, es decir que existe como &#8220;valor&#8221; sólo en la figura de títulos de deuda (bonos estatales). Pero también los créditos para el consumo privado y las hipotecas funcionan según la misma pauta: los prestatarios toman dinero para comprarse casas, autos u otros bienes de uso; sin embargo para el prestamista, ese dinero aparece como capital invertido de manera lucrativa aunque ya se haya evaporado en el consumo, lo que al prestamista, por cierto, no interesa. Las inversiones financieras en créditos o especulación aparecen ante sí como una posibilidad de inversión tan &#8220;real“ como cualquier otra, siempre y cuando la fuente de dinero fluya.</p>
<p>Pero el capital ficticio ofrece una posibilidad de escape no sólo para el inversor de capital ; desde el punto de vista macroeconómico significa también postergar la irrupción de la crisis. Puesto que la fuga hacia los mercados financieros no sólo impide provisoriamente la devaluación del capital excedente sino que, al mismo tiempo y a través de diversos mecanismos genera también una capacidad adquisitiva que se expresa en la demanda de mercancías y servicios, lo que mantiene funcionando la economía real o incluso puede recalentarla. Este mecanismo, en el caso de la deuda estatal actúa de inmediato y como tal se ha instaurado como un instrumento central de la política económica. Visto desde esa perspectiva da lo mismo si el estado gasta el dinero prestado para construir calles, comprar aviones militares o para prestaciones sociales; siempre retorna al circuito de consumo y activa la coyuntura económica. Los créditos al consumo y las hipotecas cumplen la misma función en la macroeconomía, como se evidencia en el reciente boom inmobiliario en los EE.UU, sólo que los prestatarios son gente privada.<br />
Pero también las ganancias del mercado financiero retornan en parte a la economía real, ya sea a través de erogaciones para el equipamiento corporativo de bancos, fondos de inversiones u otros agentes financieros institucionales (parque automotriz, computadoras, edificios de oficinas representativas), sea que sus empleados o inversores privados financien su consumo con las rentas obtenidas mediante la especulación o intereses. En tal medida, el capital ficticio es algo diferente a un peso muerto sobre la economía real que impide su funcionamiento. Al contrario, posibilita provisoriamiente conservar el desarrollo capitalista normal.</p>
<p>No obstante, este modo de postergar la crisis nunca se prolongó demasiado. Luego de una fase breve de recalentamiento especulativo siguió inevitablemente un gran desplome de los mercados financieros en los que el potencial crítico acumulado se descargó con una fuerza enorme destruyendo de un golpe a vastos sectores económicos y estructuras sociales. La particularidad histórica de la crisis del fordismo consiste en que hasta ahora no tuvo lugar esa devaluación masiva de la masa monetaria acumulada por la especulación y el crédito. Pero esto no significa que se haya alterado el funcionamiento de la economía capitalista, como se ha estado afirmando por múltiples lados. Lo que es históricamente excepcional es la postergación de la crisis extremadamente prolongada . Sin embargo, tal como en todas las crisis anteriores ésta se basa en el mecanismo del capital ficticio y, por eso, tarde o temprano también debe desembocar en un gigantesco impulso devaluador. A la larga extensa postergación corresponde por lógica un gigantesco crecimiento de la burbuja de especulación y crédito. El hecho de que hoy ap. el 97 % de todos los flujos financieros internacionales tienen fines especulativos no puede tomarse como comprobación de un rumbo económico equivocado o incluso adjudicarlo a la &#8220;avaricia“ de especuladores insaciables, sino que muestra las dimensiones que mientras tanto ha alcanzado la postergación de la crisis y con ella también el enorme potencial de crisis acumulado.</p>
<h4>Las particularidades de la extensa prolongación de la crisis</h4>
<p>Desde el punto de vista político, fue la progresiva liberalización de los mercados financieros transnacionales y la supresión del patrón cambio oro (con la anulación de la convertibilidad del dolar en oro en el año 1971 que significó el fin del sistema regulatorio de los tipos de cambio) lo que posibilitó la descomunal extensión lograda en la postergación de la crisis. Por que recién entonces pudo crecer la masa de dinero global a dimensiones que en crisis anteriores eran impensables debido a que hasta entonces la vinculación con el oro y los mercados financieros nacionales regulados ponían límites estrechos a la expansión monetaria. Pero la decisión de romper esas barreras no fue una acción política arbitraria atribuible a la influencia de grupos de intereses poderosos. Antes bien fue la consecuencia de la dinámica del desarrollo económico en los años 50 y 60 lo que fue socavando el sistema instaurado en Bretton Woods. En tanto EE.UU fue perdiendo la indiscutida preponderancia económica y sólo pudo financiar los costos de su posición de potencia mundial político militar mediante un creciente endeudamiento estatal (en esto, como es sabido, los costos de la Guerra de Vietnam tuvieron un papel esencial), ya no le era posible seguir manteniendo los tipos de cambio fijos y el respaldo de las monedas occidentales con las reservas en oro. Con lo cual simultáneamente se generaron recién las condiciones para un gigantesco incremento de la masa monetaria, con la activa participación de gobiernos y bancos centrales como también de las organizaciones financieras internacionales. Éstas desde los años 70 -y sobre todo en los 80 &#8211; inyectaron en los mercados inmensas cantidades de liquidez sin cobertura siempre cuando los mercados financieros se mostraban en crisisy lo hacían en parte, por vía directa en forma de deuda estatal , y a través de una política de “dinero barato“. En esto los EE.UU desempeñaron un rol central, puesto que podían endeudarse sin temer pérdidas por convertibilidad, ya que de hecho el dolar funcionaba como moneda mundial (un rol cuestionado en la actualidad). Pero también los otros estados occidentales con su política de endeudamiento y generación de dinero contribuyeron significativamente a seguir incrementando la burbuja global de capital ficticio y, así continuaron postergando el desborde de la crisis.</p>
<p>A esto se suma otra particularidad histórica significativa del prolongado ciclo capitalista financiero iniciado en la década de los 70. Éste no sólo implicó una postergación de la crisis del fordismo, sino que, al mismo tiempo, se superpuso con el poderoso impulso productivo de la tercera revolución industrial. En condiciones ”normales“ de una crisis de sobreacumulación, la gigantesca transformación de la producción basada en las nuevas tecnologías de la información y comunicación recién habría podido darse después de una profunda depresión mundial; en su transcurso hubiese derrumbado toda la arquitectura económica de postguerra. Sin embargo, la prolongada dilatación de la crisis, lograda con auxilio del capital ficticio, permitió en gran parte que, el impacto destructivo se limitara a los países del sur y a aquellos del ex bloque del este. Si bien las estructuras fordistas fueron afectadas en las metrópolis occidentales, esto ocurrió a lo largo de un extenso proceso, en cuyo desarrollo, la presión sobre las condiciones laborales y el sistema social fue incrementándose y las estructuras productivas se modificaron en profundidad. Este proceso repercutió de manera distinta en los diversos países, según su ubicación en el mercado mundial, las condiciones competitivas y relaciones sociales de fuerza, aunque en todas partes la tendencia fue la misma: Con ayuda de las aplicaciones de la microelectrónica se racionalizó el sector industrial en profundidad y, paulatinamente quedó reducido a núcleos hiper productivos mientras que, simultáneamente, aquellos segmentos de la producción que desde el punto de vista económico no eran rentables (aún) fueron desplazados a países o sectores de bajos salarios.</p>
<p>Como el llamado sector de servicios fue adquiriendo una importancia creciente y absorbió una parte considerable de la fuerza de trabajo que ya no necesitaba la industria, parecería &#8211; visto superficialmente &#8211; como si el capitalismo atravesara una modificación estructural más, la cual se caracterizaría, en esencia, por el relevo del antiguo sector preponderante de la industria por el de servicios y la “producción de conocimiento” ,mientras simultáneamente se globalizaban las relaciones económicas. En consecuencia, la gran mayoría de observadores y expertos en economía coincidían en que el capitalismo había logrado superar en gran parte &#8211; al menos en las metrópolis occidentales &#8211; la crisis de los años 70 y 80 (conocida como&#8221;crisis de la sociedad del trabajo“), aunque a costa de una precarización creciente de las condiciones de vida y laborales de una parte significativa de la población. Según el posicionamiento político, este proceso era considerado inevitable o denunciado como resultado subsanable de la política neoliberal. En cambio independientemente de los enfoques políticos, aparecía como absurdo y descabellado el diagnóstico de que se estaban dando un proceso de crisis fundamental ,&#8221;Observen sólo la vitalidad del capitalismo“, se decía señalando precisamente las ganancias de los últimos años, en una actitud que, según la posición, era de júbilo, crítica o resignación.</p>
<p>La crisis actual de los mercados financieros indica de manera bastante inequívoca que esa estimación era totalmente errada. Y no por que la especulación en sí hubiese destruido la estructura sustentable de la economía real, sino por que la estructura conformada en los últimos veinticinco a treinta años nunca fue el resultado de un boom sustentable de la acumulación de capital. Al contrario, si pudo mantenerse con vida, fue gracias a los permanentes flujos de capital ficticio (y así lo sigue siendo). Un boom sustentable presupondría que en el marco de un crecimiento sostenido absorba cada vez más fuerza de trabajo en la producción de mercancías y en el nivel de productividad estándar global, puesto que sólo así puede incrementarse la masa del valor extraído. Considerado desde la demanda, esto significaría que en cada período se generaría suficientes ingresos laborales como para que las mercancías producidas en el período anterior encuentren salida. Estas premisas son precisamente las que ya no se han dado bajo las condiciones de la tercera revolución industrial. Al contrario: la racionalización en base a las nuevas tecnologías de la información y comunicación ha conducido a una reestructuración de fondo de todos los sectores de la economía, devaluando a su paso cada vez más fuerza de trabajo y convertirla en superflua. Con lo cual, el proceso de valorización no sólo se priva sucesivamente de la demanda (en forma de salarios) -de la que depende para realizar en el mercado el valor producido &#8211; sino que, al mismo tiempo socava las bases de su propia existencia.<sup><a name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"><sup>1</sup></a></sup> En tal sentido, la revolución en las fuerzas productivas generada por la microelectrónica produce una suerte de crisis permanente de sobreacumulación, es decir, un excedente constante de capital no realizable en la esfera del capital productivo que debe orientarse hacia el capital ficticio, contribuyendo significativamente al crecimiento exponencial de la burbuja financiera.</p>
<h4>¿Crisis? ¿Cuál crisis?</h4>
<p>En contra de este diagnóstico se suele aducir que en las últimos décadas se crearon millones de puestos de trabajo adicionales en los países de la ex periferia, sobre todo en los del este y sur de Asia con lo que se habría incrementado y no reducido la base para la producción de valor. Pero este argumento omite dos cuestiones fundamentales:<br />
Primero, la gran masa de trabajo industrial en esos países se realiza a un bajísimo nivel de productividad y por eso, medido según el estándar de las fábricas automatizadas y super racionalizadas, representa sólo una fracción muy reducida de valor. Pues desde el punto de vista de la producción de valor no cuenta el mero número de las horas trabajadas. Más bien el valor de una mercancía depende del nivel de productividad socialmente válido, que a su vez, hoy día es definido por los sectores de producción dominantes en el mercado mundial.<sup><a name="sdfootnote2anc" href="#sdfootnote2sym"><sup>2</sup></a></sup> Y como el nivel de produtividad en estos sectores sube permanentemente como resultado de la permanente tercera revolucion industrial, esto a su vez significa, que el trabajo en los segmentos subprodutivos “produce” cada vez menos valor. Por eso, desde la perspectiva capitalista, la producción en estos sectores es sólo rentable siempre y cuando se ejecute con salarios cada vez más bajos y en condiciones laborales más miserables.<sup><a name="sdfootnote3anc" href="#sdfootnote3sym"><sup>3</sup></a></sup> Y ésta, a su vez, es la razón por la cual la enorme racionalización no conduce a una reducción generalizada del tiempo de trabajo y a un bienestar general (y ni siquiera abre márgenes para una mejora relativa de las condiciones de vida dentro de la sociedad capitalista), sino a la miseria social masiva y la depravación.</p>
<p>Segundo, el boom en China, India y los otros países “emergentes“ es todo menos sustentable, sino totalmente dependiente de los créditos y del dinero especulativo de los mercados financieros transnacionales. Es sabido que toda la estructura económica en esos países está orientada a las exportaciones masivas, especialamente hacia EE.UU y la Unión Europea, los que a su vez financian una parte considerable de sus importaciones con flujos de capital especulativo y el crédito. En esto es paradigmático el “circuito deficitario del Pacífico” entre EE.UU y Asia oriental que fue el motor principal de la coyuntura económica mundial desde los tiempos del gobierno de Reagan. Su mecanismo de funcionamiento es básicamente muy sencillo: el capital financiero “importado” cubre el déficit creciente de la balanza comercial (“déficit gemelos“ N.d.T.: déficit fiscal en simultánea con déficit de la balanza de pagos ) y es introducido al circuito del consumo tanto por la vía directa del gasto público financiado por el crédito como, en forma indirecta, a través del sistema financiero privado.</p>
<p>Pero dado que los flujos de dinero provienen en una parte considerable de los países asiáticos (al comienzo mayoritariamente de Japón, ahora en forma creciente de China), y éstos invierten sus ganancias de ventas en el sector financiero de EE.UU o acumulan sus reservas de divisas en dólares estadounidenses, China financia por lo tanto sus propias exportaciones. En la era Reagan se recurrió primero a la gigantesca deuda estatal para motorizar el consumo, luego fue creciendo la especulación con acciones &#8211; en los tiempos de la “New Economy“ no fueron pocos inversores privados los que financiaron parte de su consumo con las utilidades provenientes del gigantesco ascenso de las cotizaciones en el “nuevo mercado“ de las nuevas tecnologías. Y en los últimos años la prioridad se desplazó hacia la especulación inmobiliaria.</p>
<p>Sin embargo, cabe señalar que esta circulación monetaria funciona sólo mientras el dolar estadounidense goce de la confianza necesaria y haga fluir constantemente capital financiero fresco como para financiar el déficit permanente. Es significativo que en el transcurso de la actual crisis esa confianza se esté deteriorando (como lo evidencia la cotización del dolar)<sup><a name="sdfootnote4anc" href="#sdfootnote4sym"><sup>4</sup></a></sup>. Si el gobierno de los EE.UU y la Reserva federal no logran revertir esta tendencia, el circuito deficitario del Pacífico colapsaría, lo que para la economía mundial significaría algo así como si al clima mundial se le cerrase la Corriente del Golfo. Por cierto que, ante este escenario amenazante, es antiamericanismo barato acusar, desde Europa a los EE.UU y en un tono de consternación moralista, el “haber vivido a costas del resto del mundo”, al financiar a crédito su “consumo improductivo” y encima precipitar al abismo a la economía mundial. Ya que por una parte, los países europeos se han beneficiado en gran medida de la demanda estadounidense, financiada con créditos; en partícular la industria alemana estaría ya por el suelo sin las imponentes exportaciones hacia el otro lado del Atlántico. Por otra parte ni el endeudamiento estatal en Europa ni la especulación difieren tanto del de los EE.UU.. En los últimos años, sobre todo en el sur de Europa, hubo un fuerte boom especulativo en los mercados inmobiliarios que acaba de desmoronarse. Y por último, visto integralmente, toda la economía mundial capitalista está siendo mantenida con vida por el capital ficticio por que la economía real ya no es sustentable.</p>
<p>Por eso, es un absurdo total, cuando los comentaristas en cuanto diario de derecha o izquierda, reprochan hoy al Banco Central de EE.UU haber estimulado la especulación inmobiliaria mediante su política de intereses extremadamente bajos y por eso serían los responsables de la actual crisis de los mercados financieros. Lo que la Reserva Federal hizo después del derrumbe de la New Economy fue simplemente evitar que entonces se viniese a pique el gran alud de los mercados financieros. Es decir, postergó de siete a ocho años el estallido de la crisis posibilitando así el famoso repunte cuya autoría todos los políticos se adjudican hoy. De aplicar en este contexto categorías morales, se debería entonces agradecer a la Reserva Federal el verdadero respiro que con su política monetaria deparó una vez más a la economía mundial. Aunque hablar de gratitud en esto es tan inapropiado como hacer imputaciones moralistas. Por lo pronto se trata más bien de comprender que la crisis de los mercados financieros no se origina en la especulación, sino en una crisis estructural, mucho más fundamental, de la valorización del capital. Esto tiene implicaciones amplísimas para los conflictos sociales del futuro próximo.</p>
<h4>¿Otra postergación de la crisis&#8230;?</h4>
<p>No se puede hacer un pronóstico seguro respecto al curso que seguirá el proceso de crisis. Por el momento no está claro si los bancos centrales y los gobiernos aunarán esfuerzos para poder postergar una vez más el mega derrumbe de los mercados financieros, con sus devastadores efectos en todo el mundo. Si llegaran a conseguirlo, sólo podrían hacerlo inflando una nueva burbuja financiera. Lo que sería una burla para todos aquellos que visualizan el control de los mercados financieros como la solución del problema. Si bien esto ya está siendo exigido por todas partes, incluso por los neoliberales recalcitrantes, que actúan según el dicho: qué me importa mi cháchara de ayer5. Pero en la práctica, la intervención estatal tendrá precisamente el efecto contrario: en esencia se trata de limitar los daños directos surgidos por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Es significativo el hecho de que hasta el populista socialdemócrata Lafontaine abogue por la intervención estatal en ayuda de los bancos en crisis; él sabe que un derrumbe del sistema bancario tendría consecuencias desastrosas para toda la sociedad,<sup><a name="sdfootnote6anc" href="#sdfootnote6sym"><sup>6</sup></a></sup> pero fiel su enfoque político agrega, que luego debería controlarse mejor a bancos y agentes de los mercados financieros. Sin embargo es pura retórica puesto que las pérdidas por causa de los créditos basura sólo podrán ser compensadas – si es que pueden – con ganancias futuras en el mercado financiero ya que, en condiciones de una permanente sobreacumulación los márgenes para una valoración del capital en la economía real permanecen limitados. Se reconozca este contexto o no, en la práctica es el que se impone. Es por esta razón que a los gobiernos y bancos centrales no tienen otra opción que abrir generosamente sus grifos monetarios. El gobierno de los EE.UU y la Reserva Federal ya han tomado este rumbo.<sup><a name="sdfootnote7anc" href="#sdfootnote7sym"><sup>7</sup></a></sup></p>
<p>Básicamente la lógica funcional del capitalismo como tal es intangible para la política, lo que implica que queda reducida a la administración de las cuestiones públicas dentro de los límites definidos por ésta. Sin embargo en el transcurso de la historia el espacio de posibildades para el accionar político difiere. Este espacio como tal está fuera del alcance de la política, pero dentro de él, las decisiones políticas no están determinadas sino que dependen de diversos factores tales como las relaciones de fuerza que imperan en la sociedad, las constelaciones internacionales de poder o las asimetrías en el mercado mundial. Esto vale también para el fordismo, tan mitificado hoy en día. La política estuvo tan alejada de generar el boom fordista como de impedir su fin, pese al potencial regulador relativamente amplio del que gozaba en esa época. Aunque hasta un cierto grado pudo influir las formas internas de su curso y aprovechar los márgenes de distribución, existentes sobre todo en las metrópolis, para construir una extensa infraestructura societal. No obstante en los tiempos de la crisis global capitalista la política no puede arremeter sustancialmente contra el capital ficticio pues la burbuja de crédito y especulación es el requisito para la precaria postergación de la crisis y por eso determina también los márgenes y límites de su propio accionar. Por esta razón debe hacer todo lo que esté a su alcance para asegurar que este requisito se mantenga en el tiempo lo más posible, para lo cual, además de los medidas político monetarias, se recurre también a la práctica abusiva de avanzar sobre los “bienes públicos”, arrojarlos al fuego de la valorización privada a fin de que la maquinaria capitalista siga funcionando un tanto más.<sup><a name="sdfootnote8anc" href="#sdfootnote8sym"><sup>8</sup></a></sup></p>
<p>Detener la dinámica de crisis capitalista está totalmente fuera de las posibilidades de intervención de la política. Con las medidas que toma contribuye más bien a una reproducción consistente de las contradicciones básicas del proceso de crisis, reproduciéndolos a un nivel siempre superior. A medida que la masa de capital ficticio, que debe ser protegido de la devaluación, crece exponencialmente (como puede verse en el crecimiento de los mercados financieros), se incrementa la presión sobre la sociedad y, la gran masa de la población se ve obligada a vender su fuerza de trabajo en condiciones cada vez más precarias. En consecuencia, los costos sociales que conlleva una nueva prórroga para el gran desplome financiero serán cuantiosos. Por una parte es inevitable una fuerte recesión económica antes de una eventual recuperación relativa. Por otra parte, es muy probable que el incremento de la masa monetaria provoque una aceleración de la inflación y, con ella, una nueva devaluación de la capacidad adquisitiva. Y finalmente, la próxima oleada especulativa se centrará tal vez en materias primas, alimentos y biocombustibles y por eso, tendrá consecuencias directas y catastróficas para vastos sectores de la población mundial. Los horrendos saltos que han experimentado los precios de los alimentos en los últimos años se deben en gran medida a que los inversionistas institucionales desviaron su capital hacia las bolsas de commodities. De continuar esta tendencia, la consecuencia inevitable será una verdadera explosión de precios que multiplicará el hambre en el mundo.</p>
<p>Tampoco aquí el capital ficticio no sería la verdadera causa de la catástrofe pero funcionaría de instancia mediadora, de correa de transmisión del proceso de crisis y de su tendencia inherente de exclusión y precarización (tal como lo fuera en la ola de privatizaciones). Por esta razón, existe un gran peligro de que el descontento provocado por dicha crisis nuevamente se dirija sólo hacia la imagen enemiga de un capital financiero “voraz“, al que se le atribuye la culpa de toda la miseria. Por tal motivo es importante tomar posición frente a esta invertida “crítica al capitalismo“ con sus evidentes flancos antisemitas. Esto presupone la necesidad de criticar aquellas ideologías como también un análisis fundamentado de la crisis, de manera que corrija esa percepción distorsionada del funcionamiento capitalista. Por cierto que en esa crítica no deben quedar excluidos los mercados financieros y la especulación. Pero deben entenderse como momentos parciales de una crisis fundamental que afecta los cimientos mismos del capitalismo, crisis que acaba en una vasta destrucción de las bases sociales y naturales de vida.</p>
<p>Cabe dirigir esta crítica también hacia las concepciones, en parte nostálgicas, en parte populistas que proponen una reactivación de la políticia keynesiana de crecimiento y regulación. En resumidas cuentas, los propagandistas de estas concepciones saben que en las condiciones actuales no existen márgenes reales para una política de tipo keynesiana. Se lo comprueba periódicamente, cuando partidos de &#8220;izquierda&#8221; llegan al gobierno con esos programas y luego aplican justo lo contrario a lo prometido; esto rige para el gobierno de la ciudad de Berlin tanto como a la desteñida “coalición centro-izquierda” en Italia o el gobierno de Lula en Brasil. Lo absurdo de esto es que no se trata simplemente de un “engaño“ hecho a los votantes por su ingenuidad, sino que, a falta de otras perspectivas quieren creer que sería posible retornar al estado social keynesiano de postguerra aunque a otro nivel de conciencia bien saben que ya no puede ser. Esto es lo que conforma la esencia de esa situación anímica esquizofrénica que se observa en la República Federal de Alemania en tanto y en cuanto las reivindiciones socialdemócratas clásicas (salario mínimo general, no a la privatización de los ferrocarriles etc.) gozan de una amplia aceptación mientras simultáneamente se expresa simpatía y valora positivamente el gobierno de Merkel con su política neloliberal. Esta actitud anímica que oscila entre aspiraciones insolubles en sí y aceptación acrítica de la lógica capitalista estructural es problemática por ser muy propensa a identificar chivos expiatorios, sean éstos los fondos Hedge, el gobierno de los EE.UU, las grandes corporaciones o &#8211; en consecuencia última delirante &#8211; &#8220;los judíos”. Puede sonar paradójico pero si uno no quiere entregarse al credo de los imperativos inmanentes, es indispensable señalar los límites de la política en la crisis actual del capitalismo . No para reconocerlas y aceptarlas sino como orientación necesaria para los movimientos sociales y aquellos sectores de los sindicatos que se oponen a: la explotación social sistemática, a las prácticas de mercantilización de todas las esferas de la vida para su valorización, a la creciente precarización con el consiguiente control y represión estatal que conlleva. Dejarse amarrar a perspectivas políticas ilusorias y a la política partidaria significa neutralizarse.<sup><a name="sdfootnote9anc" href="#sdfootnote9sym"><sup>9</sup></a></sup> Si por el contrario, se concentran en articular sus luchas superando las barreras de intereses particulares y sectoriales y las condiciones de vida fragmentadas e identidades diversificadas, podría lograrse superar la desolidarización impulsada por la presión de la crisis para conformar un contrapoder social que se oponga con éxito a la política neoliberal demoledora y excluyente y, al mismo tiempo, se aproximarían nuevamente a las posibilidades de superar la lógica capitalista.</p>
<h4>¿&#8230; o crisis de la economía mundial?</h4>
<p>Si no obstante fracasara la política de una nueva postergación de la crisis, existe la amenaza de una crisis de la economía mundial de dimensiones gigantescas en la cual se descargará el potencial de crisis acumulado en treinta años. Las consecuencias inmediatas serían quiebras masivas de empresas y bancos, probablemente con un enorme impulso inflacionario concomitante. No se necesita tener una gran fantasía para imaginar los efectos devastadores de esta mega estagflación en las finanzas estatales, los sistemas sociales y las condiciones de vida de las grandes mayorías de la población. Es muy posible que bajo tales condiciones en Europa gane en aceptación la ideología que propone una administración nacional-populista de la crisis como la que propaga no sólo la extrema derecha. Por ahora puede sonar algo exagerado que el publicista “izquierdista“ J&#252;rgen Els&#228;sser llame a conformar en Alemania un “frente nacional popular“ contra el capital globalizado y en especial contra el capital financiero (¿a quién sorprendería que él lo ubique principalmente en los EE.UU?). Sin embargo es representativo de una tendencia que apunta a un aislamiento nacionalista hacia afuera y un disciplinamiento autoritario hacia adentro con una simultánea movilización de sentimientos racistas, antiamericanos y antisemitas. Por cierto que aún si se considerara sólo la mera administración de la crisis, es casi impensable un retorno al estado nación acotado teniendo en cuenta el entramado económico transnacional actual. Mucho más probable es una desintegración de la economía mundial en bloques continentales, una perspectiva que desde un buen tiempo atrás se viene ponderando en diversos think tanks. Una potente motorización en esta dirección implicaría el derrumble previsible del dolar estadounidense con la consiguiente pérdida de su función como moneda de intercambio mundial.<sup><a name="sdfootnote10anc" href="#sdfootnote10sym"><sup>10</sup></a></sup></p>
<p>Pero este escenario posible, en sentido estricto tampoco representa una solución para la crisis, sino sólo una forma de administrar la situación de emergencia. El impulso devaluatorio no tendría en ningún caso el carácter de una &#8220;crisis de limpieza&#8221; en la que se barriesen las sobrecapacidades y los créditos basura a fin de poder sentar las bases para un nuevo lanzamiento de acumulación autosustentable, pues no se habría eliminado la verdadera causa de la crisis que es el haber socavado la producción de valor con la sucesiva expulsión de trabajo vivo de la producción y el desplaplazamiento de fuerzas productivas hacia el complejo del „general intellect“. Toda producción debería seguir siendo evaluada – o poder medirse &#8211; según el nivel de productividad impuesto por las nuevas TIC mientras simultáneamente continúa la carrera de productividad. Con un bajo nivel de producción de valor se reinstalaría la situación de sobreacumulación permanente, inclusive el imperativo de un nuevo crecimiento de capital ficticio. Con lo cual se reproducirían las contradicciones tenidas en el curso anterior de la crisis, pero esta vez, en condiciones económicas y sociales considerablemente agudizadas. La pregunta decisiva será, si a partir de la resistencia contra ésta dinámica de crisis se logra desarrollar un movimiento emancipatorio transnacional cuyo programa práctico consista en apropiarse de la estructura social, dejando atrás la lógica de valorización capitalista.</p>
<p><a name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a> Por las estadísticas económicas se sabe que hoy se necesitan índices de crecimiento del PBI mucho más elevadas para crear puestos de trabajo adicionales de los que se requería en los años 70. Sin embargo, las estadísticas oficiales todavía dan una imagen bastante embellecida al sumar todos los puestos de trabajo, sin diferenciar si éstos contribuyen a la producción de valor o no, lo cual no cabe para la mayoría de las prestaciones de servicios ni para la “producción de conocimiento“ (al respecto v. artículo de Samol, Lohoff y Meretz en <a href="http://www.krisis.org/navi/krisis-31-2007">krisis 31</a>). En tal sentido, el crecimiento del sector terciario no compensa la tendencia secular de la progresiva pérdida substancial en materia de trabajo y valor.</p>
<p><a name="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">2</a> Cabe recordar que Marx señala esta relación ya en el primer capítulo de El capital: “Podría parecer que si el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más perezoso o torpe fuera un hombre tanto más valiosa sería su mercancía, porque aquél necesitaría tanto más tiempo para fabricarla. Sin embargo, el trabajo que genera la sustancia de los valores es trabajo humano indiferenciado, gasto de la misma fuerza humana de trabajo. El conjunto de la fuerza de trabajo de la sociedad, representado en los valores del mundo de las mercancías, hace las veces aquí de una y la misma fuerza humana de trabajo, por más que se componga de innumerables fuerzas de trabajo individuales. &#8230; Tras la adopción en Inglaterra del telar de vapor, por ejemplo, bastó más o menos la mitad de trabajo que antes para convertir en tela determinada cantidad de hilo. Para efectuar esa conversión, el tejedor manual inglés necesitaba emplear ahora exactamente el mismo tiempo de trabajo que antes, pero el producto de su hora individual de trabajo representaba únicamente media hora de trabajo social, y su valor disminuyó por consiguiente, a la mitad del que antes tenía .“ . En Internet, edición Siglo XXI Editores: http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital.htm ([47] ).</p>
<p><a name="sdfootnote3sym" href="#sdfootnote3anc">3</a> Al respecto v. Norbert Trenkle: Nem os salarios baixos vos salvam, <a href="http://www.krisis.org/1999/nem-os-baixos-salarios-vos-salvam">http://www.krisis.org/1999/nem-os-baixos-salarios-vos-salvam</a></p>
<p><a name="sdfootnote4sym" href="#sdfootnote4anc">4</a> Nota del autor de diciembre 2008: Este diagnóstico se hizo en mayo de 2008 cuando el dolar estaba decayendo fuertemente con respecto al Euro. En septiembre y octubre la cotización se recuperó, en primer lugar por razones técnicas. En este momento (fines de diciembre de 2008) estamos presenciando una nueva caída de carácter fundamental.</p>
<p><a name="sdfootnote5sym" href="#sdfootnote5anc">5</a> N.d.T.: Adenauer popularizó este dicho, supuestamente originario de Colonia (Renania), al responder a una observación en la que se le señaló un cambio en su posición.</p>
<p><a name="sdfootnote6sym" href="#sdfootnote6anc">6</a> Lafontaine (N.d.T.: ex-presidente del partido socialdemócrata alemán y actual dirigente de un nuevo partido socialdemócrata supuestamente de izquierda) ironizó ofreciendo a Josef Ackermann, presidente del directorio del Deutsche Bank, la afiliación al partido &#8220;Die Linke“ [La izquierda] debido a que éste ante la crisis financiera reclamó la intervención del Estado en el sistema bancario (Netzeitung, 20.3.2008). En realidad con esto se evidencia que cuando se trata de administrar la crisis, todos los partidos están de acuerdo.</p>
<p><a name="sdfootnote7sym" href="#sdfootnote7anc">7</a> Nota del autor en diciembre 2008: Este prognóstico del mayo de 2008 se confirmó como es sabido en forma contundente por los gigantescos programas de auxilo para los mercados financieros en EE.UU, Europa y otras partes del mundo &#8211; sin que éstos hayan podido impedir el impacto de la crisis sobre la economía real.</p>
<p><a name="sdfootnote8sym" href="#sdfootnote8anc">8</a> Para un análisis de este mecanismo v. Ernst Lohoff: Out of Area – Out of Control, in: Streifz&#252;ge N° 31 y 32, Viena 2004 (<a href="http://www.krisis.org/2004/out-of-area-out-of-control-1">http://www.krisis.org/2004/out-of-area-out-of-control-1</a>), en alemán.</p>
<p><a name="sdfootnote9sym" href="#sdfootnote9anc">9</a> Así p. ej. cuando gran parte del Movimiento Antiglobalización y los foros sociales se dejaron atar a “Rifondazione Comunista“,estuvieron obligados a apoyar -por lo menos indirectamente &#8211; al gobierno de Prodi. Con esto perdieron en gran parte su capacidad movilizadora y ahora se encuentran ante un desastre político.</p>
<p><a name="sdfootnote10sym" href="#sdfootnote10anc">10</a> En círculos económicos hasta se está discutiendo seriamente retornar incluso al patrón oro, lo que implicaría una total devaluación de las obligaciones acumuladas en dólares en los últimos decenios: “Si no da para más y nadie quiere el dolar débil, América hace un corte y acopla su moneda al oro acrecentado y resguardado en Fort Knox. El resto del mundo o sea el que financió el endeudamiento con la compra de divisas estadounidenses, quedará con las manos vacías“ (Wirtschaftswoche 18.2.2008, pág. 134).</p>
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		<title>EL TRABAJO NO LIBERA</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jan 2009 15:58:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Achim</dc:creator>
				<category><![CDATA[Kritik der Arbeit]]></category>
		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Franz Schandl]]></category>

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		<description><![CDATA[Una sinopsis comentada sobre G&#252;nther Anders Deutsche Version &#8211; Version française Franz Schandl Traducción: Gerlinde K&#246;ssler Revisión de l’español: Maria C. Maomed Quien tenga buena voluntad y no carezca completamente de entendederas puede acceder casi sin esfuerzo al universo del filósofo. El lenguaje de G&#252;nther Anders no es sólo magistral, también es accesible en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Una sinopsis comentada sobre G&#252;nther Anders</h3>
<h4><a href="http://www.krisis.org/2007/arbeit-macht-nicht-frei">Deutsche Version</a> &#8211;   <a href="http://www.krisis.org/2009/arbeit-macht-nicht-frei-2">Version française</a></h4>
<p><em>Franz Schandl</em></p>
<p>Traducción: Gerlinde K&#246;ssler<br />
Revisión de l’español: Maria C. Maomed</p>
<p>Quien tenga buena voluntad y no carezca completamente de entendederas puede acceder casi sin esfuerzo al universo del filósofo. El lenguaje de G&#252;nther Anders no es sólo magistral, también es accesible en el mejor sentido de la palabra, sin que nunca se vuelva banal.<span id="more-3066"></span> En Anders hay muchas puertas ampliamente abiertas, nunca da a sus observaciones el carácter ilustre y sublime de un aura. Los planteamientos, los temas, y hasta las formas literarias cambian según las exigencias del momento. La escritura a la que adhiere no reivindica ningún género1. Anders no se deja limitar, pero es también difícil de clasificar.<br />
G&#252;nther Anders nunca fue un pensador sistemático, y no sólo en el sentido  de que jamás quiso construir un sistema filosófico2. Sus planteamientos están más bien bosquejados que verdaderamente tratados. No es una falta de concisión lo que caracteriza su obra, pero sí el hecho de de que lo conciso no siempre cuadró. Pero esto no debe entenderse como un reproche. Lo contradictorio, a menudo, sólo puede representarse de manera contradictoria. Pero, sin duda, los lectores deben prestar atención a estas contradicciones, de las cuales hay unas cuantas. Una de ellas concierne también a nuestro tema: pasajes fetichistas y pasajes críticos referidos al trabajo aparecen, sin mediación, unos al lado de otros. Se mostrará que G&#252;nther Anders, por un lado, destruyó el mito del trabajo, pero, por otro lado, nunca logró deshacerse totalmente de su ethos.<br />
Considerada desde el punto de vista metódico, la categoría del “trabajo” no adquiere, pues, suficiente diferenciación, describe diversos aspectos del actuar humano. Esto puede a veces crear confusión. Hannah Arendt dio cuenta de este problema en  “Vita activa”3 distinguiendo expresamente entre trabajo, producción y acción. Desde el punto de vista terminológico, ello tiene, sin duda, algunas ventajas, aunque tal distinción nunca pueda ser exacta y albergue en sí otras dificultades. También hay que considerar que en alemán, a diferencia del inglés (“labour” and “work”), el concepto “trabajo” [“Arbeit”] incluye, en cierta forma, ambos significados en el lenguaje cotidiano. El substantivo “obra” [“Werk”] y el verbo correspondiente “obrar” [“werken”] por cierto existen, pero en el lenguaje corriente casi no se utilizan.</p>
<p>1.<br />
Comencemos con el Anders conservador de valores. Para este Anders, el trabajo es la actividad humana elemental e inevitable, por antonomasia. Sólo así el filósofo vienés puede llegar a decir en el segundo volumen de Die Antiquiertheit des Menschen [La obsolescencia del hombre] que una “existencia (Existenz) sin trabajo” sería una “existencia (Dasein) infernal”4. La constricción a una inactividad ociosa es, para él, una pesadilla terrible: «Estarás sentado sobre tus nalgas y mirararás boquiabierto la televisión toda tu vida»5. &#8220;Pero lo que yo creo es que el hombre no puede vivir sin el trabajo, al cual está por lo pronto condenado,  es incapaz de soportar entretenimiento “veinticuatro horas por día” (around the clock). […]  La cuestión ya no es más cómo repartir los frutos del trabajo con equidad, sino cómo hacer soportables las consecuencias de no trabajar [Nichtarbeit]&#8220;6. Anders cae aquí en una afirmación del trabajo archiconocida, que no podría ser más convencional. Expone, sin vacilación, los pensamientos de Husserl acerca de que el hombre está hecho “esencialmente” para el trabajo [“wesensm&#228;&#223;ig” f&#252;r das Arbeiten]7. O, como lo proclama el entendimiento cotidiano: sin trabajo el hombre no puede vivir. Aquí, de hecho, se equipara el no-trabajar [Nichtarbeit] con la inactividad [Nichtt&#228;tigkeit].</p>
<p>Pero ¿por qué? ¿No es posible, más bien, ocuparse de manera creativa de muchas cosas y participar de la actividad práctica, sin estar forzado a un trabajo determinado? ¿No comienza la ocupación libre, justamente allí, donde acaba la obligación de ejercer una actividad? ¿Tiene uno que reprensentarse el no-trabajar sólo como paro (desempleo), no se lo puede pensar también como una liberación del trabajo? Las formulaciones de Anders dan la impresión de miopía.</p>
<p>Así, Anders se lamenta de que ahora la laboriosidad esté obsoleta como virtud8. Sin embargo, la laboriosidad (en latín: industria) no puede considerarse independiente del fin para el que se la utiliza. Como medida abstracta, ella se ha vuelto una de esas virtudes secundarias de mala fama, y como principio es casi un peligro público. Que la laboriosidad ya no se reconozca universalmente no es una desventaja. Pero no basta con ello: además, hoy día nos birlan “el placer del esfuerzo, la irrenunciable voluptas laborandi. Se nos priva de la prueba de la existencia que antes había proporcionado el trabajo: «sudo, luego soy»”9. El deporte sería, por ende, consecuencia de un trabajo demasiado ligero10. En contra de Anders se debería constatar: yo sólo quiero ser laborioso si me apetece, si el fin no es un fin en sí mismo. Y sólo quiero sudar si quiero sudar. Yo soy también cuando no sudo. Todo lo que huele “al sudor de tu frente”, desprende un olor terrible.</p>
<p>Las descripciones de Anders toman aquí ya el rumbo de la hostilidad frente al placer. Así, el filósofo se dirige también de manera muy categórica en contra de los “corredores, nadadores y esquiadores”11, los percibe solamente bajo el punto de vista de la competencia y la oferta regulada. No quiere saber nada de que aquí también puedan converger momentos cosificados y no-cosificados. También el deporte, fuera del culto y de la locura por el estar en forma [Fitnesswahn], dosificado y practicado razonablemente, procura bienestar a los cuerpos, mientras que el trabajo, debido a la unilateralidad de sus exigencias, es la primera causa de enfermedad del organismo humano. Ni siquiera el deporte de masas puede ser reducido a la dimensión competitiva (que la tiene, sin duda). Tampoco se debería ver su carácter sucedáneo solamente como un preliminar de la guerra y la aniquilación. Tales satisfacciones compensatorias no pueden ser suficientemente valoradas. Por tanto, no tienen un carácter meramente destructivo. Esto vale tanto para la propia actividad &lt;deportiva&gt; como para su contemplación o audición. Uno no se quiere ni imaginar lo que significaría si a los seres humanos, simplemente, se les quitara todo esto.<br />
Hasta aquí, todo resulta tradicional. El sesgo cultural conservador no puede ser pasado por alto, pero no se debería dejar a Anders clavado a estos puntos. Lo que exagera aquí el artista de la exageración es un aspecto de un determinado desarrollo. La preferencia por poner de manifiesto los momentos regresivos obstruye la visión de conjunto. El método de la iluminación de aspectos individuales deja siempre a otros hundirse en la oscuridad. Esto resulta problemático, sobre todo, cuando el texto respectivo se percibe como una férrea interpretación de un tema. Por lo demás, es también una desventaja de cualquier fenomenología hermenéutica. Pero su ventaja estriba en que, sin consideraciones ni objeciones demasiado grandes, sabe encapricharse con ciertos aspectos y puede lograr, justamente, en esa falta de equilibrio, un alto grado de claridad y &lt;así&gt; producir un alto grado de sensibilidad.<br />
Quien toma nota de la obra andersiana más allá de los trozos de texto aislados sabe, sin embargo, que para Anders se trataba siempre de una vida que pueda ser vivida, y no, en modo alguno, de la abolición de los gozos. “Alégrate”, “Alégrate porque tú eres tú”12, leemos en Gutenachtgeschichte f&#252;r Liebende [Cuento de dormir para amantes]. En contra de la Geworfenheit heideggeriana, Anders se dice totalmente optimista: “«¡Que mérito inmerecido, que el “lanzamiento” [der Wurf] tuviera esta dirección, y nosotros llegásemos a ser lo que fuimos!»”. Ese agradecimiento vale especialmente mucho más por nuestra posibilidad de ser libres en nuestro amor; de poder amar cuando queramos, es decir, no sólo cuando el deber del servicio general [Dienstpflicht] viene a llamar a filas a nuestra generación”13.</p>
<p>2.<br />
G&#252;nther Anders era, primero que todo, un minucioso observador. Escribe: “Mis observaciones parten siempre de fenómenos singulares muy concretos de nuestra vida actual”14. No había detalle que no hubiese podido ser llevado a una interpretación significativa. De esa manera extrajo bastante de los acontecimientos que apenas si han sido teorizados en otras partes. “En la habitación de al lado el limpiaventanas limpia mis ventanas – ¿qué le importan a él mis ventanas? ¿Y las de los demás, que va a limpiar mañana y pasado mañana, contento de no estar desempleado? ¿Qué le importa a la lavandera mi juego de cama? ¿Y el de sus clientes de mañana y pasado mañana? ¡Cuando pienso, que la mayoría de la gente no desearía tener ningún otro tipo de trabajo, ni le está permitido siquiera desearlo o se le permite o puede desearlo! Y que no sólo están todos contentos de tener esas ocupaciones, porque significan no-desempleo [nicht-arbeitlosigkeit] y muchos de entre ellos ponen ya incluso todo su empeño en cumplir con ese trabajo, que no les concierne, es decir, con esa ‘pérdida de tiempo’, de la manera más ‘lealmente’ y ‘alegremente’ posible, pues como si eso fuese ‘su’ trabajo”15.<br />
Con todo aunque no fuese su tarea, es su trabajo. Los trabajadores deben identificarse con él, pues ellos se hallan referidos existencialmente a él. En calidad de trabajadores se mantienen como indiferentes: “El producto de nuestro trabajo no nos concierne”16. No tienen que opinar sobre él, su capacidad de trabajo no fue comprada para eso. Lo importante es que lo hagan bien, sean ventanas limpias, prendas de vestir bien lavadas o misiles mortales de medio alcance. Como personas que trabajan no tienen que decidir sobre todo eso. Lo que hacen es, en primer lugar, un medio para ganarse el pan y para eso cualquier medio se halla justificado.</p>
<p>En las Ketzereien [Herejías], en la llamada “lista negra”17 de conceptos y palabras clave (por ejemplo, “valores”, “ser”, “sentido”, “aura”, “verdadero”, “lo intrínseco”, etc.) se encuentra también el “derecho a tener un puesto de trabajo”. Anders señala: “Si yo, a pesar de que fuera llamado con razón de ultraizquierda, pusiese en duda esa frase, que se deja decir muy fácilmente, entonces no se atreverían a tacharme como un «reaccionario enemigo de clases». Sólo que en tanto que filósofo, me pregunto: ¿De dónde hemos sacado esa reivindicación, ese derecho? ¿De qué naturaleza es ese ‘supuesto derecho’?”18. El supuesto derecho se revela rápidamente como un deber. Hoy día muchos de los socialistas no quieren meterse en la cabeza que el socialismo es algo muy distinto de un lugar de trabajo con una obligación laboral donde esta última es también un deber. La izquierda comparte con la derecha la apologética del trabajo, aquella no es menos fanática en este punto. Sólo unos pocos como Paul Lafargue o el austromarxista Max Adler (1873-1937)19 pueden ser mencionados como críticos del trabajo. A este respecto el punto de vista de Marx es absolutamente ambivalente, sin embargo los textos más conocidos son aquellos pasajes del primer volumen de Das Kapital [El Capital], donde Marx presenta el trabajo como “la eterna determinación natural de la vida humana”20. En esta tradición se halla también el marxismo. Entre tanto hay también en la obra de Marx muchos elementos que contradicen este modo de ver. Moishe Postone lo ha estudiado detalladamente en su libro Zeit, Arbeit und Herrschaft [Tiempo, trabajo y dominio]21.</p>
<p>Sin embargo, las citas mencionadas más arriba muestran que Anders tuvo durante toda su vida una inclinación a la herejía sobre el trabajo. Su asunto no era la defensa del trabajo, sino el ataque contra éste. “Cuando en presencia de G., un obsesionado con el trabajo, mencioné de paso que el trabajo, comparado con la edad de la humanidad, existe sólo desde un tiempo relativamente corto, quedó sin respiración”22. No solamente por ello es evidente que el trabajo no puede ser, sin más, lo que determina a la naturaleza humana, sino que más bien el trabajo se debe reinscribir históricamente y no puede ser considerado como una constante antropológica. Anders tampoco ve un futuro próspero. El cuadro que él ofrece es el más sombrío: “Pues el paro que se nos avecina, ahora, va a dejar ver como inocente al otro que nos dominara hace unos 50 años atrás. Si uno piensa, que el paro de entonces ya era una de las causas principales del nacionalsocialismo, entonces podría faltar el valor para imaginarse lo que el próximo va a deparar. No es imposible que las cámaras de gas de Auschwitz (económicamente absurdas en aquella época) puedan servir como modelos de ‘solución’ para el problema planteado por el hecho, que, comparado con las oportunidades del trabajo «hay demasiados hombre»’&#8221;23.</p>
<p>Anders escribe: “Por tanto, el postulado del empleo pleno será tanto menos realizable mientras más alto sea el estatus tecnológico de una sociedad”24. “La dialéctica de hoy consiste en esta contradicción entre racionalización y empleo pleno. Decirlo abiertamente no hará renunciar a ningún político de sus ataduras partidistas”25. “Efectivamente, los productos que llamamos ‘empleos’ son tan importantes, que los políticos, que nunca inventan u organizan alguno, pueden igualmente dimitir. No existe ningún político que no haya prometido alguno. Claro que tampoco existen políticos que sabrían dar una respuesta a la dialéctica actual, a la normalidad de una técnica en alza y a una baja demanda de trabajadores, o sea, de empleos” 26.<br />
Anders dice aquí, que entre el trabajo y la política existe una férrea relación: El trabajo en tanto que elemento constitutivo del capital y la política como su resultante se piensan juntos. Para ello sólo cabe una aprobación. La tarea de la política y de su personal es renovar una y otra vez la promesa de o el compromiso de trabajo en cuanto que compromiso por. Que esto es menos y menos posible, es evidente hoy día, más evidente que hace más de 25 años, cuando G&#252;nther Anders publicó esas líneas. Por lo tanto, que el trabajo asalariado se ha tornado precario, es algo de lo que el filósofo ya se había dado cuenta en los años de plena ocupación laboral.</p>
<p>3.<br />
El lenguaje era muy importante para G&#252;nther Anders27. No sólo quería escribir de manera legible, sino que también para él se trataba de utilizar los términos correctos o inventarlos y dejar bien indicados los falsos, o sea, ponerlos bajo el índice28. “En lugar de valerse de la vieja y sólida palabra ‘trabajador’ [‘Arbeiter’], hablaron sistemáticamente de ‘empleado’ («tomador de<br />
empleo») [‘Arbeitnehmer’]29. Pocas expresiones actuales son tan desconsideradamente desenmascaradoras como la expresión ‘empleado’ [‘Arbeitnehmer’]. Por supuesto, la expresión viene de los ‘empleadores’ («los que dan empleo») [‘Arbeitgeber’]. Y puesto que ‘dar’ es más elevado que «obtener» (‘tomar’), sobre la expresión «empleador» [‘Arbeitgeber’], que se corresponde con la expresión «empleado», recae incluso una cierta aura religiosa. En mi juventud solamente había trabajadores. Sabían lo que valían, de qué manera se entregaron y qué les quitaron. Y el grito de guerra: «¡Empleados [‘Arbeitnehmer’]  de todos los países, uníos!» habría resonado sin ser oído. Naturalmente, también los trabajadores pensaban en el ‘obtener’ (‘tomar’), es decir, se proponían obtener (tomar) el mejor salario posible; y los socialistas entre ellos incluso los medios de producción. Pero llegar a pensar en tomar el trabajo, que de todas maneras ya tenían (en tanto no estuviesen desempleados) es decir, un trabajo que ya los tenía, por supuesto, llegar a pensar eso, no se le habría ocurrido a nadie. Por el contrario, hoy día muchos trabajadores perciben como honroso integrar tal o cual empresa, una contratación que, falsamente presentada como una cosa que vale la pena “tomar”, sella una renuncia total a los objetivos anteriormente indicados. Debido a esta nueva  etiqueta es patente que tengan el sentimiento de orgullo, de haber ‘tomado’ realmente algo y de haber alcanzado realmente una cumbre: a saber la cumbre de la participación social [Sozialpartnerschaft]. Que se trata ahí de la cumbre miserable del monte Godes y no de la cumbre que sus abuelos tuvieron entre ceja y ceja hace cien años, eso no sólo no lo sienten, sino que además ni quieren sentirlo”30.</p>
<p>Dicho sea de paso que ya Friedrich Engels protestó en el prefacio de Das Kapital marxista contra “aquellas galimatías, en las cuales los economistas alemanes  tenían la costumbre de dar, por ejemplo, el nombre de empleador [Arbeitgeber] al que da un trabajo a cambio de un pago en efectivo y, el nombre de trabajador [Arbeitnehmer] al que toma un trabajo a cambio de un salario”31.</p>
<p>Entretanto, ese conocimiento elemental se perdió completamente y ya no es más objeto de ninguna reflexión, ni en el movimiento obrero en torno a él, ni apenas en otra parte. G&#252;nther Anders desmonta a través de una sola palabra falsa, un juicio como intelectualmente erróneo. Respecto a eso era implacable.<br />
Tan preciso y radical como Anders deconstruyera el monstruoso concepto de ‘empleado’ [“Arbeitnehmer”], igual de vago e impreciso quedaría frente a esto su concepto de proletariado. Según su tesis, proletariados siempre habrá más32, lo que debía afirmarlos en su lucha por la libertad’33: Anders define cinco no-libertades [Unfreiheiten] en el original del tercer volumen de Die Antiquiertheit des Proletariats [La obsolescencia del proletariado]. Aparte de que los proletariados “no poseen sus medios de producción”,34 están igualmente privados: “1) de la decisión sobre cuales productos producen; 2) de la experiencia de los productos finales; 3) de la decisión sobre su utilización; 4) de una opinión propia (incluso del interés por una opinión propia) sobre la respectividad de sus productos; y 5) del trabajar (pues esto se ha transformado en una actividad que no merece ese nombre)”35.<br />
El proletariado ha sido determinado negativamente: “El carácter no-solidario no demuestra la inexistencia del proletariado, sino, al contrario, define su existencia. Es proletariado es aquel que está impedido por su existencia [Dasein] de concebir el pensamiento de la solidaridad”36. Anders denuncia explícitamente el “estilo de vida impuesto, la obligación al consumismo, la soledad de la televisión”37. Les llama los “proletariados que vegetan” 38. En un lugar de ese texto llega incluso a afirmar: “El trabajador de hoy día no es libre porque tiene demasiado tiempo”39. A fin de cuentas todos los que se obligan a consumir son proletariados40. ¿Pero guarda aún esa excesiva extensividad del concepto, el cual estuvo asociado originalmente a la propiedad privada de los medios de producción, que hablaba sobretodo de clases y de lucha de clase, un sentido específico? Agréguese a ello el que Anders considere clase y lucha de clases como algo obsoleto41. “No existe conciencia de clase de los amenazados”, escribe en Endzeit und Zeitenende [Tiempo final y fin de los tiempos]42.</p>
<p>4.<br />
“En la medida que el trabajo maquinal opere sin complicaciones, eso significa: que transcurra sin fricciones entre el hombre y la máquina; en la medida que el que trabaja lo haga con el entusiasmo de un ‘converso’ y se comporte como una ‘rueda’ del engranaje, en esa misma medida el “yo” no estará nunca ‘consigo’, y en esa medida el yo no “estará” en principio, de cualquier forma nunca como (un) yo. Recién en el preciso instante en que el conformismo deja de ser satisfactorio, o en que el trabajo de pronto falla, el yo vuelve ‘en sí’, sólo entonces se encuentra a sí mismo: a saber como algo repugnante: como una perturbación &lt;molestia&gt;”43. El encuentro consigo mismo aparece aquí como un trastorno como una disonancia funcional. El trabajador está descrito aquí como una máscara y no como un verdadero individuo: en el trabajo el hombre está literalmente fuera de sí, es una pieza del engranaje de la empresa [Betrieb] a la que pertenece. Respecto de la división del trabajo, leemos: “Que el estilo de nuestro hacer actual, o sea de nuestro trabajo, se haya modificado desde la raíz ya, sobre eso no existen divergencias de opinión. Excepto algunas formas de trabajar de antes y que ya no tienen ningún significado, el trabajo, hoy día, se ha transformado en un ‘co-operar’ organizado y operativizado por la empresa”44. Actuar se ha transformado en hacer y hacer en co-hacer. En consecuencia cada trabajador especializado es responsable solamente por el resultado formal de la tarea que se le ha asignado, el conjunto del proceso de producción no es de su responsabilidad. “La agudización de la división actual del trabajo ya no significa nada más que esto: nosotros como personas que trabajan y que actúan, estamos condenados a concentrarnos en partes pequeñas del proceso completo: estamos tan encerrados en las fases del trabajo, a las cuales hemos sido asignados, como están los prisioneros en su celdas”45.  O dicho de manera más breve: “La división del trabajo idiotiza”46.</p>
<p>“Por tanto, la empresa es el lugar donde se produce el tipo de hombre ‘mediático y sin conciencia moral’; el lugar donde nacen los conformistas. Basta solamente que un hombre con estas características sea puesto en otro lugar de trabajo, en otra ‘empresa’ para que repentinamente, sin transformarse del todo, se vuelva monstruoso; repentinamente nos llena de horror; repentinamente la suspensión de su conciencia moral, que ya era con todo un fait accompli [“hecho consumado”], adopta la apariencia de la escrupulosidad desnuda, y la suspensión de su responsabilidad adopta la apariencia de la desnuda ‘moral insanity’ [“insanidad moral”]. Hasta que no admitamos este hecho, es decir, hasta que no reconozcamos que la empresa actual es el lugar donde se forja este tipo de hombre y que el estilo del trabajo es el modelo de la sincronización, seguiremos siendo incapaces de comprender la figura del conformista contemporáneo; es decir, incapaces de comprender lo que pasó con esos hombres ‘obstinados’, que se negaron en los procesos (mencionados) a arrepentirse o solamente a aceptar la responsabilidad en los crímenes en los cuales, efectivamente, “co-operaron”47.<br />
Por supuesto, el colaborador es del tipo del simpatizante que sabe excusarse de todo48: “¿Qué deberíamos haber hecho?”, balbucea el sentido común en las situaciones más diversas de la vida. El fascismo se caracterizó, por ejemplo, en que los hombres aceptaron, incluso con alegría, lo que se les hizo a ellos, identificándose con él de manera ciega y exagerada.<br />
El sufrimiento fue perfeccionado de tal modo que la victima creciese sin conciencia y sin embargo de manera vigorosa como victimario: “La total sumisión es disfrutada como total pertenencia. Lo totalmente negativo lo es como lo  totalmente positivo”49. Así caracteriza G&#252;nther Anders en otra parte al nacionalsocialismo.<br />
¿Quien no conoce, por estos lados, esa frase desventurada: “¡Cumplía solamente con mi deber!”? No importa qué, no importa cómo, no importa para qué. Hubo algunos que efectivamente cumplieron ‘solamente’ con su deber, no todos los criminales lo eran por convicción, algunos en realidad eran ‘solamente’ criminales de escritorio. “El empleado en el campo de exterminación no ha ‘actuado’, sino que, y por horrible que esto pueda sonar, ha trabajado”50. “Puesto que él está habituado a actividades, en las cuales no requiere de una conciencia moral y dado que tampoco es deseada, no tiene conciencia moral. Y esto con la mejor conciencia del mundo”51. La falta de conciencia moral es un constitutivo del trabajo. Algo ha de ser realizado, no importa qué, ni cómo, ni para qué. Y cuando las cosas se vuelven peligrosas,  uno se presenta como un subordinado y afirma que no se habría podido actuar de otra manera, aunque hubiese querido. El círculo vicioso del trabajo se vuelve a cerrar.</p>
<p>“Si es que existe hoy una reconocida equidad, es justamente en que todos los trabajos tienen los mismos derechos y como tales son iguales, y por lo tanto tienen el mismo valor. Formulado de manera moralista: esto significa que esta igualdad se debe a que ningún trabajo vuelve al trabajador más culpable que otro, porque ningún trabajo puede volver culpable a nadie”52. “Ningún trabajo, por malo que sea su objetivo, puede manchar al trabajador”53. El trabajo aparece como la inocencia originaria. Es la actividad conformista del sujeto, una actividad intercambiable arbitrariamente y no solamente en las transacciones obligatorias del trueque donde se compra y se vende sino también es el principio profundo que concierne a todas las acciones, conceptos y situaciones de la vida. “El mundo de los aparatos sincroniza de manera más dictatorial, más irresistible y más inevitable de lo que podría nunca hacerlo y nunca ha podido hacerlo el terror o la visión del mundo de un dictador que supone esto último”54.</p>
<p>Para Anders siempre fue evidente pensar de la misma manera al empleado de los campos de exterminación con el pequeño burgués de la época tecnocrática”55. El lugar específico del horror es, en su estructura fundamental, un lugar habitual. El punto afín al empleado del campo de exterminio y al trabajador de la época tecnocrática es la empresa o quizás, para decirlo con una expresión de la tecnología informática, el sistema operativo [Betriebssystem].<br />
En consecuencia para Anders fue casi un deber oponerse a los deberes y no someterse a algunas presiones de las circunstancias. “El que, por el contrario, se remite al pretendido deber para ‘atenerse a su oficio’, para concentrarse en él, para  volverse tan estrecho de miras que no ve nada ni a la derecha ni a la izquierda, no es solamente inmoral, sino que es inmoral por principio. Ser moral significa: ocuparse de aquellas cosas que, aunque se encuentran fuera de mis propósitos o de los propósitos fijados por otros y aunque ellos excedan las competencias definidas por la división del trabajo, son parte de la esfera de mi influencia personal. Ser moral significa: quebrar fronteras o límites definidos por la administración o la división del trabajo; ocuparse de esto que se afirma ‘no me concierne’, aunque eso que no ‘me concierne’, no me amenace ni me destruya”56. “Dime, lo que «deberías», y voy a decirte, lo que [...] no debes”57, dice en el original del tercer volumen de Die Antiquiertheit des Proletariats.<br />
Aunque no salta inmediatamente a la vista, G&#252;nther Anders adhiere de manera implícita a los análisis de Karl Marx: “La especialidad de por vida de manejar una  parte del instrumento, se convertirá, en la especialidad de por vida de servir a una parte de la máquina”58 escribe éste. “En la manufactura y en la artesanía el trabajador se sirve de las herramientas, en la fabrica se sirve de la máquina. En el caso de la manufactura, es el trabajador el que impone el movimiento al medio de trabajo; en la fábrica, en cambio, es el medio de trabajo el que impone el movimiento al trabajador. En la manufactura los trabajadores se configuran como los miembros de un mecanismo viviente. En la fábrica existe, independiente de ellos, un mecanismo muerto al cual se los incorpora como apéndices vivos”59. Los hombres concebidos como partes extensivas de lo maquinal y serial, es también, justamente, el tema de Anders. En Marx el valor se determina como “sujeto autómata”60. Sin embargo esto también quiere decir, que el valor de la mercancía llamada “fuerza de trabajo” crea sujetos autómatas en forma de hombres.<br />
Las reflexiones de G&#252;nther Anders presentadas en este artículo pertenecen sin duda a lo más radical y lo mejor de lo que la crítica del trabajo ha producido en el siglo XX. La esencia del conformismo moral, de la reducción de la existencia humana a una función y a una máscara, tienen su origen en la monstruosidad del trabajo. En el segundo volumen de Die Antiquiertheit des Menschen, Anders habla de la “estructura intencional-negativa de nuestra manera actual de trabajar”61.<br />
“El discurso, en todas partes popular, que reclama la necesaria «humanización del trabajo» es en consecuencia deshonesto, una contradictio in adjecto. Tal humanización ya no es posible como tampoco una humanización de la guerra, pues lo que presuntamente tendría que ser humanizado, aquí como allá, incluye a priori el principio de la inhumanidad”62.<br />
Por lo tanto el objetivo del trabajo no se define por su papel decisivo en la “transformación del mono en hombre” (Friedrich Engels)63, sino que tiene que descifrarse de manera totalmente diferente. La liberación social no significa la liberación del trabajo mismo, sino la liberación de trabajar. A pesar de todas las evidencias: El trabajo no libera.</p>
<p>NOTAS<br />
1 G. Anders, Philosophische Stenogramme, (1965), Munich, 2002, pp. 132-133.<br />
2 G. Anders, Die Antiquiertheit des Menschen. &#220;ber die Zerst&#246;rung des Lebens im Zeitalter der dritten industriellen Revolution, Munich, 1980, vol. II, pp. 411 s. (En lo que sigue se citará como vol. II).<br />
3 H. Arendt, Vita activa, (1958), Munich, 1981.<br />
4 Vol. II, p. 27.<br />
5 Ibíd., p. 28.<br />
6 Ibíd.,  II, p. 98.<br />
7 Ibíd.,  II, p. 103.<br />
8 Ibid.,  II, p. 101.<br />
9 Ibíd.,  II, p. 102.<br />
10 Ibíd., II, p. 103.<br />
11 Ibíd.,  II, p. 104.<br />
12 G. Anders, Mariechen. Eine Gutenachtgeschichte f&#252;r Liebende, Philosophen und Angeh&#246;rige anderer Berufsgruppen, Munich, 1987, p. 79.<br />
13 Ibíd, p. 36.<br />
14 Vol. II, p. 414.<br />
15 G. Anders, Ketzereien, (1982), Munich, 1991, p. 92.<br />
16 Vol. II, p. 364.<br />
17 G. Anders, Ketzereien, pp. 130 ss.<br />
18 Ibíd., p. 134.<br />
19 M. Adler, Wegweiser. Studien zur Geistesgeschichte des Sozialismus, (1914), Viena, 1965, p. 202.<br />
20 K. Marx, Das Kapital. Kritik der politischen &#214;konomie, vol. I, (1867), MEW, vol. 23, p. 198.<br />
21 M. Postone, Zeit, Arbeit und gesellschaftliche Herrschaft. Eine neue Interpretation der kritischen Theorie von Marx, Friburgo, 2003. Una edición en francés está en preparación.<br />
22 G. Anders, Ketzereien, p. 230.<br />
23 Vol. II, pp. 98-99.<br />
24 Ibíd., p. 99.<br />
25 Ibíd., pp. 99-100.<br />
26 G. Anders, Sprache und Endzeit, IV, en “FORVM”, Viena, octubre / noviembre, 1989,  [430-431], p. 41. [Manuscrito original para el III vol. Die Antiquiertheit des Proletariats (La obsolescencia del proletariado)].<br />
27 G. Anders, Stenogramme, pp. 126, 131, 137-140.<br />
28 G. Anders, Ketzereien, pp. 95 s., 107 s., 130 ss. Que Anders mismo faltaba a veces en esto, no debiera reprochársele. No siempre podemos salir de nuestros usos obligatorios del idioma. Pues para él estaba claro que había “que desconfiar del idioma” (p. 136).<br />
29 G. Anders, Ketzereien, p. 262.<br />
30 G. Anders, Visit beautiful Vietnam, Colonia, 1968, pp. 130-131.<br />
31 F. Engels, Prefacio a la 3ª edición de Das Kapital, (1883), MEW, vol. 23, p. 34.<br />
32 Vol. II, p. 93.<br />
33 Vol. II, p. 91; cfr. también p. 174.<br />
34 G. Anders, Die Antiquiertheit des Proletariats, “FORVM”, julio, 1992, [462-464], p. 10. [Manuscrito original para el III vol. Die Antiquiertheit des Proletariats].<br />
35 Ibídem.<br />
36 Ibíd, p. 7.<br />
37 Ibídem.<br />
38 Ibíd, p. 10.<br />
39 Ibídem.<br />
40 Ibídem.<br />
41 Ibíd., p. 11.<br />
42 G. Anders, Die atomare Drohung. Radikale &#220;berlegungen (publicado en 1972 como Endzeit und Zeitenende), Munich, 1986, p. 61.<br />
43 G. Anders, Die Antiquiertheit des Menschen. &#220;ber die Seele im Zeitalter der zweiten industriellen Revolution, Munich, 1956, vol. I, p. 91. (En lo que sigue se citará como vol. I).<br />
44 Vol. I, p. 286.<br />
45 G. Anders, Wir Eichmanns&#246;hne, (1964), Munich, 1988, p. 48.<br />
46 G. Anders, Sprache und Endzeit, III, “FORVM”, agosto / septiembre, 1989, [428-429], p. 50. [Manuscrito original para el III vol. Die Antiquiertheit des Proletariats].<br />
47 Vol. I, pp. 289-290.<br />
48 Vol. I, pp. 287-288.<br />
49 G. Anders, Notstand und Notwehr. Das Ende des Pazifismus, “FORVM”, enero / febrero, 1987, [395-396], p. 28.<br />
50 Vol. I, p. 291.<br />
51 Vol. I, p. 294.<br />
52 G. Anders, Sprache und Endzeit, IV, p. 40.<br />
53 G. Anders, Die atomare Drohung, p. 101.<br />
54 Vol. II, p. 205.<br />
55 Vol. II, p. 178.<br />
56 G. Anders, Notizen aus dem Tagebuch. Heiratsannoncen, “FORVM”, abril / junio,  1990, [436-438], pp. 58-59.<br />
57 G. Anders, Sprache und Endzeit, III, p. 51.<br />
58 K. Marx, Das Kapital. Zur Kritik der politischen &#214;konomie, vol. I, (1867), MEW, tomo 23, p. 445.<br />
59 Ibídem.<br />
60 Ibíd., p. 169.<br />
61 Vol. II, p. 362.<br />
62 Vol. II, p. 363.<br />
63 F. Engels, Dialektik der Natur, (1873-1886), MEW, tomo 20, pp. 444-455.</p>
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		<title>La crisis del trabajo abstracto es la crisis del capitalismo</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Dec 2007 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Ponencia para el coloquio “La crisis del trabajo abstracto”, Buenos Aires, del 5 al 7 de noviembre 2007 Norbert Trenkle (Grupo krisis)1 1. El trabajo abstracto es el principio central de organización y dominación de la sociedad capitalista. Lo afirmamos no sólo por el hecho de que la realización del capital depende de la aplicación [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="zaehl"><img src="http://vg07.met.vgwort.de/na/f74260a03d6f4427b92b5bb4e89e0fa4" alt="" width="1" height="1" /></span></p>
<h3>Ponencia para el coloquio “La crisis del trabajo abstracto”, Buenos Aires, del 5 al 7 de noviembre 2007</h3>
<p><em>Norbert Trenkle (Grupo krisis)</em><sup><a name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"><sup>1</sup></a></sup></p>
<p>1. El trabajo abstracto es el principio central de organización y dominación de la sociedad capitalista. Lo afirmamos no sólo por el hecho de que la realización del capital depende de la aplicación de la fuerza de trabajo vivo en el proceso de producción, sino por una razón más fundamental: el trabajo abstracto constituye y confiere la síntesis de la sociedad capitalista. Puesto que ésta, en esencia, es una sociedad productora de mercancías y, por lo tanto, una sociedad en la cual los seres humanos establecen sus relaciones sociales a través de la forma de mercancías y dinero. Pero dado que una mercancía, considerada desde su aspecto de valor de cambio, no es otra cosa que portadora de valor &#8211; o sea de &#8220;trabajo muerto“- la mediación o transmisión social conferida a través de mercancías es idéntica a la mediación o transmisión a través del trabajo abstracto. La expresión más directa y evidente de esto es la obligatoriedad generalizada de tener que vender la propia fuerza de trabajo para poder sobrevivir. Por lo tanto uno mismo debe convertirse en mercancía para, a través de la compra de los bienes de consumo, tener acceso a la riqueza de la sociedad .</p>
<p><span id="more-793"></span>La síntesis o mediación social a través de mercancías y trabajo es, en esencia, mediación cosificada. Es decir: las relaciones sociales (relaciones entre seres humanos) se establecen por medio de las cosas (mercancías) y asumen de esta manera una forma totalmente demencial: En cierta forma, las cosas comunican sobre cómo deben vivir los seres humanos. O dicho de otro modo: en la sociedad capitalista, los productos del trabajo humano adquieren vida propia y se presentan ante las personas como configuración de coacciones aparentemente ajenas. Para este estado de cosas, Marx acuñó la famosa expresión de <em>fetichismo</em> de la mercancía. Optó por esta expresión concientemente para remitir, por analogía, a las sociedades animistas. En estas sociedades, las personas son dominadas por sus concepciones mágicas, producto de sus propios cerebros. Algo muy similar ocurre en la sociedad capitalista, aunque sostenga sobre sí misma haber superado el pensamiento mágico. En ella son los productos materiales los que se han independizado de las personas, dominándolas como un fetiche en forma de trabajo y mercancía.</p>
<p>2. La síntesis social a través del trabajo abstracto conforma, en el capitalismo, el marco referencial general de todas las relaciones sociales y, determina en el plano de su dinámica básica, su trayectoria histórica. Lo cual no significa que todo esté determinado por la lógica del trabajo y de las mercancías en sentido estricto. Pero esa mediación cosificada constituye básicamente la forma de las relaciones sociales, acuñando las jerarquías y relaciones de dominación social y definiendo también las demarcaciones del universo capitalista, o sea aportando los criterios de inclusión y exclusión.</p>
<p>Por esa razón, la actual crisis del trabajo abstracto sacude a toda la sociedad capitalista hasta sus cimientos mismos. En esencia, esta crisis es el resultado de una contradicción fundamental, una contradicción que por cierto se puede interpretar como una entre el trabajo abstracto y el trabajo concreto – aunque en un sentido muy diferente a lo que plantea John Holloway. La categoría del trabajo concreto, según mi análisis, no es actividad vital o productiva en un sentido transhistórico, sino el otro lado del trabajo abstracto, o sea la forma específica de la actividad productiva bajo el régimen de la producción capitalista. Esto significa por un lado, que el trabajo concreto refleja en todos sus rasgos la producción de valor, tanto en su ritmo y sus procesos organizativos (regidos por el criterio de la “eficiencia empresarial”) como en sus contenidos (tomemos el ejemplo del trabajo concreto en una fábrica automotriz). Por el otro lado esto implica, que una gran cantidad de actividades productivas, vitales y sociales queden excluidas del universo del trabajo en el capitalismo y marcadas de “inferiores”, como especialmente las actividades “reproductivas”, hogareñas y las de carácter afectuoso, que dentro de la sociedad capitalista han sido adjudicadas ” y delegadas principalmente a las mujeres y calificadas como “femeninas”.</p>
<p>Sin embargo analizar el trabajo concreto de este modo, no significa negar una contradicción entre trabajp concreto y el trabajo abstracto. Pero señalamos que esta contradicción es de carácter <em>immanente</em> al capitalismo – y justamente como tal provoca la crisis del trabajo abstracto. ¿Por qué?. Porque mientras que la terrible dinámica capitalista ha sometido a todo el mundo al dictado de la producción de mercancías y la valorización de capital, ocurre simultáneamente que el enorme impulso de productividad basado en la microelectrónica ha conducido también a que haya una demanda decreciente de la fuerza de trabajo , para la realización del capital en los sectores claves altamente tecnificados. En las décadas de los 70 y 80, este desarrollo indujo a muchos sociólogos de las metrópolis capitalistas a un optimismo tal, que los llevó a predecir una reducción generalizada del tiempo de trabajo y una pérdida de su rol como principio organizativo central de la sociedad. En este sentido en todas partes se hablaba del “fin de la sociedad del trabajo“.</p>
<p>Sin embargo estos pronósticos no han hecho más que ridiculizar a sus autores. El tiempo de trabajo efectivamente se redujo en las metrópolis hasta entrados los años 80, pero, desde entonces se ha estado extendiendo de manera constante y persistente al mismo tiempo que la sociedad se aferraba, en lo político e ideológico, cada vez más al trabajo. Este desarrollo no desmiente sin embargo el diagnóstico de la crisis del trabajo abstracto, sino al contrario: es una de sus consecuencias principales. Mientras que a nivel del trabajo concreto, el incremento de la productividad significa que en una misma medida de tiempo se pueden producir más productos, visto desde el aspecto del trabajo abstracto, esto se traduce en una disminución del valor de cada mercancía debido al menor tiempo de trabajo abstracto gastado en ella. Y esto, en la lógica de la producción capitalista, implica &#8220;un problema“, puesto que su objetivo no es la producción de cosas útiles para cubrir las necesidades de la sociedad, sino la &#8220;producción“ de valor o, dicho de otro modo, la producción de plusvalor para la realización del capital. Por esa razón los incrementos de productividad <em>no</em></p>
<p>conducen precisamente a una mejora generalizada de las condiciones de vida ni a una ampliación del tiempo libre disponible, sino a despidos masivos de la fuerza de trabajo, a una intensificación de los ritmos de trabajo y a un incremento de los índices de explotación, para garantizar así una valorización lucrativa del capital pese a la disminución de de valor por mercancía y al aumento del capital fijo (maquinaria, equipos técnicos etc.).</p>
<p>Si en el período de auge del capitalismo y, en particular en el período denominado fordismo, los asalariados en las metrópolis obtenían un provecho parcial del crecimiento de la productividad (en forma de aumentos salariales, prestaciones sociales y reducción de la jornada laboral), esto se debía principalmente a un constante crecimiento en la demanda de fuerza de trabajo de los principales sectores industriales; lo cual abrió márgenes de maniobra tanto para las luchas del movimiento obrero organizado como para las de otros movimientos sociales, que lograron obtener una relativa mejora en las condiciones de vida e imponer una cierta regulación política en la dinámica desenfrenada del capitalismo aunque sin poder desactivar sus imperativos estructurales, por cierto .</p>
<p>3. La revolución en las fuerzas productivas que la microelectrónica trajo consigo y su consiguiente aporte a la globalización han destruido esos márgenes casi por completo. El alto nivel del equipamiento tecnológico-organizativo, en los sectores claves de la producción para el mercado mundial, ha conducido a que una gran parte de la humanidad sea &#8220;superflua“ o excedente para la valorización capitalista, porque ya no se la necesita como fuerza de trabajo. Una expresión directa de este desarrollo es la enorme expansión del sector de trabajo precarizado. Puesto que bajo las condiciones de producción universalizada de mercancías, la gran mayoría de los seres humanos no tiene otra opción que venderse de alguna manera y se ven obligados a hacerlo en condiciones cada vez peores.</p>
<p>En tanto los precarizados y marginalizados sigan estando ligados al circuito globalizado de la valorización, entran en directa competencia con los sectores de la tecnología de punta del mercado mundial. Los innumerables cartoneros de Buenos Aires, por ejemplo, deben competir con los trabajadores de la industria maderera altamente tecnificada y racionalizada de Suecia y Canadá, países donde esa industria ha logrado reducir a un mínimo la fuerza de trabajo y proveer mejor materia prima para la producción de papel. La inmensa brecha de productividad que existe entre estos sectores, es lo que presiona los ingresos en el sector precarizado y lleva a una sobreexplotación extrema, en condiciones de trabajo incluso esclavo. Cabe señalar que esa brecha en la productividad, ya no se estrecha como en los períodos de ascenso del capitalismo cuando en las metrópolis, los sectores no capitalistas de la economía (en particular la agricultura y el artesanado) fueron transformándose en segmentos de producción fordista. La brecha que actualmente existe entre sectores marginalizados y los concentrados de la economía mundial ya es en sí un producto de la generalización de la lógica capitalista que produce estructuralmente exclusión y marginalización. Por eso continúa ensanchándose.</p>
<p>Este fenómeno ya fue analizado en los años sesenta y setenta en el contexto de la teoría de la dependencia, tomando como eje los países de la periferia capitalista (el “desarrollo del subdesarrollo“). No obstante, este fenómeno ha asumido dimensiones planetarias en las condiciones actuales de globalización y de la revolución de las fuerzas productivas generada por la microelectrónica . Y esto implica que: hoy dia todo avance de la productividad no aumenta los márgenes de acción para un incremento general del nivel de vida material en el capitalismo, sino que conduce a que cada vez más personas sean empujadas hacia el sector precarizado y marginalizado. Mientras tanto, sigue creciendo la diferencia entre las condiciones de producción y trabajo aquí y los sectores incluídos en las tecnologías de punta. De esta manera se arriba a una progresiva devaluación de la fuerza de trabajo en el sector precarizado, un proceso que se potencia aún más por la creciente &#8220;sobre oferta&#8221; de la misma a nivel global y la competencia que ésta desencadena. Bajo estas condiciones, el capitalismo ya sólo funciona como una gigantesca máquina de exclusión y marginación dejando a la gran mayoría de la población mundial como única perspectiva, la lucha descarnada por la sobrevivencia en condiciones cada vez más duras.</p>
<p>Por lo tanto la centralidad del trabajo en la sociedad capitalista de ninguna manera retrocede por la crisis del trabajo abstracto. Al contrario: a medida que el proceso avanza, se intensifican las presiones y coacciones que ejerce . Lo que se modifica es el modo de acción: si en la fase de ascenso del capitalismo prevalecía la tendencia a la inclusión, ahora el trabajo abstracto se ha convertido en el momento clave de la dinámica de exclusión masiva</p>
<p>4. Pero, de ningún modo es éste el único efecto de la crisis del trabajo abstracto. La depreciación generalizada de la fuerza de trabajo, generada por el impulso de productividad de la microelectrónica, socava al mismo tiempo las bases de la valorización del capital . Puesto que, si en los sectores centrales de la producción de mercancías cada vez se hace más superfluo el trabajo abstracto, esto redunda en una reducción de la masa de valor que allí se produce.</p>
<p>El desarrollo en el avance de las fuerzas productivas provoca, por lo tanto, una situación de sobreacumulación estructural, en la cual, grandes volúmenes de capital no encuentran posibilidades de realización en la esfera del capital productivo y por eso están tendencialmente amenazados por la desvalorización.</p>
<p>Esta sobreacumulación no puede solucionarse mediante el inmenso incremento del trabajo precarizado, tampoco por la explotación extensiva que se hace de él en países como China. Aunque grandes masas humanas deban sacrificar todo el tiempo de su vida y su salud, el valor que se les extrae representa sólo una cantidad muy pequeña del volumen global de valor extraído debido a que allí la fuerza de trabajo se explota a un nivel de productividad extremadamente bajo. Es decir: una hora de trabajo en ese nivel representa solamente un fracción minima del valor de una hora de trabajo en los sectores de tecnología de punta. Tampoco conquistando nuevos sectores de producción para la realización del capital, hay una salida de la trampa de sobreacumulación; ya que las fuerzas productivas postfordistas son fuerzas productivas universales sustentadas en el acervo del conocimiento de la sociedad en general (el famoso ”general intellect”) . Por eso, todo nuevo ámbito de producción está siendo organizado y estructurado de antemano según las pautas de una racionalización global de los procesos de trabajo. Un ejemplo de esto son los nuevos complejos biotecnológicos. Pero, la tercera revolución industrial ha transformado también radicalmente los sectores de administración, distribución, transporte y todos los demás que integran el circuito económico (cabe señalar aquí la concomitancia de esto con una racionalización del pensamiento, sentimientos e interrelaciones humanas). En este sentido la actual crisis del trabajo abstracto reviste una nueva calidad: socava definitivamente la sustancia del valor – por lo tanto también los fundamentos de la valorización – y, en consecuencia, a la sociedad que sustenta.</p>
<p>Es decir, no estamos simplemente frente a una de las crisis cíclicas del capitalismo, sino ante una crisis fundamental que lleva a la sociedad capitalista indefectiblemente a su límite histórico absoluto y que &#8211; como es sabido &#8211; conlleva la destrucción de las bases naturales de la existencia, víctima del insaciable apetito de valorización del capital, lo cual no significa que el capitalismo se “derrumbe“ de un día para el otro. Más bien se trata de un largo proceso que puede prolongarse por varías décadas, con consecuencias catastróficas para la gran mayoría de la población mundial, a menos que se logre romper con la lógica de valorización y su dinámica destructiva .</p>
<p>5. Un indicio evidente de la sobreacumulación estructural que se está dando desde hace más de dos décadas es el colosal crecimiento del sector financiero. Si bien el capital allí invertido (un volumen que como es sabido supera en mucho el del capital invertido en la economía real) arroja inmensa rentabilidad, sin embargo ésta no es el resultado del plusvalor obtenido en la producción de mercancías, sino el de la especulación y los créditos que, en gran parte, no se asientan en la economía real. Se trata de lo que Marx llamó &#8220;capital ficticio” o sea, un capital que se multiplica sólo formalmente sin que se haya explotado fuerza de trabajo como es el caso en la producción de mercancías o servicios.</p>
<p>Sin embargo, este capital ficticio que se forma constantemente en períodos de sobreacumulación, no es únicamente el <em>efecto pasivo</em> de la crisis del trabajo abstracto, sino que constituye en sí mismo un momento <em>activo</em> del proceso de esta crisis y determina de manera fundamental su desarrollo y su dinámica. Por una parte tiene la función de postergar los efectos de la crisis, porque al capital excedente &#8211; ése que no puede ser invertido en la economía real &#8211; le ofrece posibilidades de inversión en el sector financiero, evitándole una depreciación inmediata. Además, una parte del dinero de la superestructura financiera retorna a la economía real y allí estimula la demanda de mercancías y servicios. Así, en todo el mundo, para una gran parte de los gastos de consumo privados y públicos se toman hoy en día créditos y, muchas inversiones, en particular las del sector inmobiliario, son financiadas con los beneficios del mercado financiero, inversiones que a su vez a menudo son de carácter especulativo puro (un ejemplo actual es la crisis en el mercado inmobiliario de los Estados Unidos).</p>
<p>Por otra parte, la esfera del capital ficticio actúa sobre la economía real agudizando la crisis. La alta rentabilidad en el sector financiero se convierte en la medida de las expectativas para las inversiones reales, incrementando así la presión de racionalizar aún más la producción. El efecto de esto es una reducción aún mayor de la demanda de fuerza de trabajo, una mayor compresión del tiempo de trabajo y una reducción adicional de los salarios, con lo cual simultáneamente se acelera la crisis de sobreacumulación. Por lo demás, la enorme flexibilidad y movilidad del capital ficticio potencia el proceso de la globalización. Y finalmente, devaluaciones periódicas parciales sumergen a muchos estados en crisis profundas, cuyos resultados son una acelerada destrucción de las estructuras económicas y sociales con la consiguiente la marginación social. Aquí, en Argentina huelga extenderme sobre lo que esto significa en concreto para las condiciones de vida.</p>
<p>Sin embargo, estas crisis periódicas, aún considerando en cada caso la gravedad de sus efectos, no son más que “muestras“ de la catástrofe que se avecina cuando el alud del mercado financiero se desprenda a nivel global.</p>
<p><em>Que</em> esto suceda, es en último término inevitable, puesto que la burbuja del capital ficticio no puede inflarse indefinidamente.</p>
<p><em>Cuándo </em> sucederá, es incierto, ya que la flexibilización de los mecanismos del mercado financiero ha generado grandes márgenes de acción para compensar provisoriamente los desequilibrios y postergar las grandes arremetidas devaluatorias.</p>
<p>Sin embargo, cada postergación incrementa simultáneamente el potencial de crisis acumulado; así por ejemplo la crisis de la “New Economy“ fue &#8220;resuelta” mediante fuertes bajas de intereses, lo que entre otros efectos condujo a la especulación en el mercado inmobiliario en Estados Unidos, cuya crisis a su vez hoy amenaza la economía mundial. Queda abierto el interrogante, si esta crisis también podrá ser diferida. Lo cierto es que: una devaluación del capital ficticio a nivel global tendrá consecuencias devastadoras en todo el mundo, puesto que necesariamente afectará tanto a la economía real como también a los sistemas sociales y las finanzas estatales &#8211; y no sólo en las regiones de la periferia del mercado mundial sino también en las metrópolis. Pero no debe cometerse el error de buscar las causas de este impulso de la crisis en el desenfreno del sector financiero, como lo hacen muchos críticos de la globalización. Éste es más bien él mismo una consecuencia de la crisis del trabajo abstracto que no puede ser solucionada mediante controles de los mercados financieros u otras medidas políticas, porque es la resultante de una contradicción fundamental de la lógica capitalista misma.</p>
<p>6. Sin embargo, decir que la centralidad del trabajo como principio organizativo del capitalismo se mantiene a pesar de la crisis, no es del todo correcto. Hay que precisar un poco más: A medida que el trabajo abstracto se convierte en un principio de exclusión social, va perdiendo su capacidad de mediación y síntesis societal. Porque, aunque los sectores marginalizados y excluidos sigan sometidos a la dominación del trabajo abstracto y de la producción de mercancías, ésta tiene otro carácter que la de la era fordista, donde la explotación del trabajo en los sectores industriales formaba el centro de gravitación. En cierto modo la subsunción a la lógica mercantil hoy día es incluso más intensa que veinte o treinta años atrás. Esto es muy evidente en las orientaciones consumistas y las prácticas culturales impregnadas por una industria cultural globalizada. Pero también en la lucha cotidiana por la sobrevivencia: la presión de ganar dinero se ha ido acentuado gravemente, mientras incluso se incrementa cada vez más la monetarización de muchas prácticas de autoayuda y autoorganización (por ejemplo por subsidios estatales o por influencia de las ONG). En este sentido la lógica mercantil y del trabajo abstracto se expande continuamente, pero a la vez comienzan a disolverse los límites claros entre el universo constituido por ésta lógica y las actividades anteriormente definidas como “no-trabajo”.</p>
<p>Sin embargo, esta disolución de límites no significa una superación emancipativa del trabajo abstracto, sino al contrario, la difusión total del trabajo abstracto en la vida, configurándose así una mezcla caótica de sus efectos de dominación y exclusión. Uno de ellos es la multiplicación de las contradicciones y de las fragmentaciones, lo que a su vez provoca reacciones muy diversas y heterogéneas. Esta heterogenidad y diversidad no es simplemente positiva, sino que incluye tanto luchas solidarias y reinvicativas, como la brutalización de la competencia individual, la agudización de la violencia sexista y racista, la promulgación de las identidades nacionalistas y etnicistas o la expansión de las sectas religiosas y bandas mafiosas. Son justamente estas últimas reacciones las que ganan una fuerza alarmante porque contituyen la prolongación de los efectos dominantes, excluyentes y destructivos de la lógica capitalista bajo las condicciones de crisis y, como tales, representan un peligro no menor que la represión estatal, para todo movimiento emanzipativo.</p>
<p>No son pocos los que, bajo estas circunstancias difíciles, sueñan con una nueva unidad de clase acorde a los conceptos del marxismo tradicional y el movimiento obrero. Sin embargo, estos conceptos no sólo ya revelaron su carácter de dominación en el siglo veinte (contradicción principal vs. contradicciones secundarias, vanguardia, jerarquías partidarias etc.), sino además hoy día ni siquiera tienen una base material, base que sin duda consistía en la función del trabajo abstracto como principio de mediación societal y en la consiguiente centralidad del conflicto trabajo-capital en la época del auge capitalista. De ahí se derivó la idea tanto escencialista como metafísica – enunciada especialmente por Lukacs – de que la clase trabajadora representa la verdadera totalidad societal y de que debe asumir la conciencia de esto. Pero pensar la sociedad emancipada como totalidad significa en última instancia pensarla dentro de las categorías de la sociedad capitalista. Porque ésta es la única sociedad que jamás ha pretendido establecer una totalidad, por ser una sociedad dominada y constituida por un único principio universalista: valor y trabajo abstracto.</p>
<p>La crisis actual del capitalismo consiste – como ya he recalcado – en la destrucción negativa de esta síntesis totalizadora, porque el trabajo abstracto ya no es capaz de garantizarla de modo coherente. Pero, más allá de este proceso de crisis es necesario constatar que, una sociedad de seres humanos libremente asociados no puede nunca construirse como totalidad, sino como una configuración social heterogéna, relacionada por una multiplicidad de mediaciones y de formas organizativas. La tarea actual más importante para los movimientos emazipativos por lo tanto consiste en crear nuevas formas de organización y de vinculación que en cierto modo anticipen esta nueva sociedad. Sólo si logramos esto, habrá una perspectiva más allá del trabajo abstracto, de la producción de mercancías y del estado.</p>
<p><a name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1 </a>El autor es miembro de la redacción de la revista <em>krisis, </em> publicación de teoría crítica que existe desde 1986. Textos publicados se encuentran también en internet en diversos idiomas, incluso castellano, en www.krisis.org.</p>
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		<title>Los llamados valores occidentales son solamente el otro lado del culturalismo</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2005 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Norbert Trenkle]]></category>

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		<description><![CDATA[Norbert Trenkle en entrevista con Salih Selcuk para la revista YARIN]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.krisis.org/2005/os-valores-ocidentais-sao-apenas-o-outro-lado-do-culturalismo">portugiesische Version</a></p>
<p><a href="http://www.krisis.org/2005/kapitalizmin-kurgulad-etnik-kueltuerel-kimlikler-ve-onlarn-ykc-etkilerinin-almas-uezerine">t&#252;rkische Version</a></p>
<p><a href="http://www.krisis.org/2005/the-so-called-western-values-are-only-the-other-side-of-culturalism">englische Version</a></p>
<p><a href="http://www.krisis.org/2005/norbert-trenkle-im-interview-mit-salih-selcuk-fuer-die-zeitschrift-yarin">deutsche Version</a></p>
<p>Norbert Trenkle en entrevista con Salih Selcuk para la revista YARIN (Febrero 2005)</p>
<p><em>1. A pesar de que las ideologías culturales aún tienen una fuerte resonancia (Huntington, Bin Laden, Micronacionalistas, Neo-Antisemitas etc.), la llamada a explicaciones politico-económicas de la actual situación mundial se vuelve cada vez más fuerte. Ha perdido el culturalismo su validez? </em></p>
<p><span id="more-532"></span>Desgraciadamente no. No creo que podamos bajar la alerta. Al contrario, entre más difícil se convierte la situación para la mayoría de la población mundial &#8211; que en el fondo el capitalismo la declaró superflúa – más resonancia tienen las ideologías culturales y religioso-fundamentalistas. Esto se debe a que explican el mundo en categorías simples como lo bueno y lo malo, amigo y enemigo, correcto y falso, y por eso ofrecen seguridades aparentes en una época en la que todo se está desmoronando. Es obvio que el aumento de estas ideologías está ligado profundamente con la crisis capitalista universal. En los países llamados del tercer mundo, este aumento empezó en los años setentas cuando las expectativas de una modernización (según el modelo occidental) y de una cierta adaptación económica y política a los países capitalistas centrales, no se llevaron a cabo. A partir de ese momento, las hasta entonces hegemoniales ideologías socialistas y de liberación nacional, pierden su atractividad y credibilidad. Más tarde se observó el mismo proceso en los países capitalistas centrales, cuando la crisis se hizo más perceptible y las perspectivas del futuro también se vieron nubladas .</p>
<p>El colapso del socialismo real aceleró este desarollo, ya que entonces faltaba la contraparte de la ideología liberal-capitalista. Aún cuando el realsocialismo no era una verdadera alternativa al capitalismo, sino solamente una cierta variante de modernización estatal organizada, su existencia ha sido ligada con ciertos conceptos ideológicos que representaron una forma diferente de sociedad. Este hueco ideológico fué llenado por el culturalismo. En lugar de hablar de una competencia entre sistemas diferentes (que en realidad no eran tan diferentes), ahora se propaga y activa la lucha de culturas a todos niveles.</p>
<p><em>2. Cómo reacciona la izquierda? Qué puede hacer para contrarrestar esta tendencia?</em></p>
<p>Desde los setentas y ochentas, parte de la izquierda ha contribuido con críticas y la deconstrucción de identidades, aparentamente substanciales, como la nacional, étnica, sexual, etc. Teóricos como Foucault, Balibar o Hobsbawn han mostrado que tales identidades se construyeron mediante un proceso de imposición de la sociedad capitalista moderna y de este modo no son “originales” y aún menos “naturales”. Esto es un avance central del conocimiento frente a la teoría social anterior. Desgraciadamente el giro a este paradigma cultural y a la crítica de identidad e ideología, iba acompañado de un descuido en la crítica económica. Esta toma revancha cuando frente a la creciente crisis capitalista, cuestiones económicas recobran un rol prevalescente. Aquí la izquierda tradicionalista entra de nuevo en acción al reducir el capitalismo a un dominio de clases y explotación o inclusive, a un mero imperialismo.</p>
<p>Lo malo es, que esta crítica reducida del capitalismo es absolutamente compatible con el culturalismo y el nacionalismo, de tal manera que, bajo el título del antiimperialismo, las identidades culturales o nacionales toman una posición en contra de “los Estados Unidos” o “el occidente”. Otro ejemplo es la reducción de la crítica del capitalismo a una crítica de la especulación de los mercados financieros, que es usual en partes del movimiento antiglobalista. Esto es de facto falso, porque la especulación de los mercados financieros es solo un aspecto de la economización total de las relaciones humanas bajo el dominio del capitalismo, y no su causa. Esta crítica reducida va acompañada con frecuencia con antisemitismo por una parte sutil y por otra parte abierto, que identifica a “los judíos” con el capital financiero y los hace responsables de todo mal en el mundo.</p>
<p>Estas tendencias deben ser duramente criticadas. Alguna vez la izquierda estuvo a favor de la emancipación social. Pero si la izquierda se mezcla de esta manera con el culturalismo y el antisemitismo, se vuelve reaccionaria. En eso yo veo una señal obvia de que la izquierda tradicionalista ha llegado a sus límites. Lo que queda por hacer es un cambio de paradigma en la crítica del capitalismo.</p>
<p><em>3. En su opinión, en que tendría que consistir este cambio paradigmático?</em></p>
<p>Ante todo comprender que las exigencias e imposiciones del capitalismo no se atribuyen a la voluntad de una clase dominante u otros grupos poderosos, sino que resultan de la lógica interna del sistema y su dinámica. Esta lógica se independizóde la gentey debido a eso parece una “ley natural”. En realidad, es una cierta forma de organización social, históricamente específica y por ende con posibilidad de ser superada. En el capitalismo, los sujetos no se relacionan directamente, sino a través de mercancía, trabajo y dinero. Es decir, las relaciones humanas toman la forma de objeto y se muestran como un poder aparentemente exterior, como “necesidades inherentes” a su vez creadas por la gente, que se somete a éstas siempre y cuando no violen la lógica capitalista.</p>
<p>Marx habla en este contexto del fetichismo de producción de mercancía. Lo que quiere decir con eso es que los sujetos en la sociedad moderna están dominados por sus propias relaciones sociales, en lugar de organizarlas conscientemente. Marx escoge una metáfora religiosa: la sociedad moderna está aún más desamparada frente a la producción de mercancía, a la utilización del capital y al trabajo, que todas las sociedades anteriores a sus ideas religiosas, leyes y tabús. El sujeto capitalista cree en la omnipotencia del mercado tan fuerte como el papa en el Espíritu Santo. En el fondo el capitalismo es una sociedad profundamente religiosa, si bien en la forma paradójica de la secularización total. Tomemos el ejemplo del fatalismo, con el cual se acepta la obligación al crecimiento permanente aún sabiendo que mediante esto se destruyen los recursos naturales y a su vez las bases de la vida humana. Al mismo tiempo, la miseria social en el mundo no se reduce sino se agrava y la sociedad capitalista se somete a esta obligación antes mencionada como si fuera un mandato de Dios. Este es un ejemplo entre muchos.</p>
<p><em>4. Que significa esto para la crítica social izquierdista? Se vuelve obsoleta? Que se tiene que superar, que se puede conservar?</em></p>
<p>Pues, de todos modos se pueden conservar los esfuerzos de una abolición del capitalismo y una liberación social de dominio y opresión. Pero hay que redefinir esta perspectiva. El objetivo directivo de actuación tendría que ser la aboliciónde la producción de mercancía, porque toda compulsióny toda forma de dominio y opresión en el capitalismo, sea el trabajo en las fábricas, la conquista politica-militar o la opresión de las mujeres, todo se atribuye finalmente a esta forma de producción. Lo mismo se puede decir de las formas de consciencia. Es que el fetichismo de la mercancía no es un fenómeno económico exterior, sino una estructura social amplia que marca el pensamiento y la actuación de la gente fundamentalmente, también en la figura del nacionalismo, racismo o culturalismo. Estas ideologías y formas de consciencia son expresión de una necesidad de identidad y marginalización, que en realidad está generada por el mismo capitalismo. Porque él aisla a la gente, unos de otros y los hace competitivos y produce permanentemente nuevas exclusiones. A propósito: la división del mundo en estados nacionales jugó en esto un papel muy importante. Aunque el culturalismo se refiere supuestamente a valores originales y tradiciones, es un fenómeno completamente capitalista y para nada anticapitalista.</p>
<p>Pero también el universalismo abstracto de los llamados valores occidentales, a los cuales la izquierda se ha referido siempre positivamente, es una expresión de la logica capitalista y de sus necesidades. Los valores occidentales son en el fondo, un reflejo ideológico del universalismo práctico de la producción de mercancía moderna, que posee el impulso inherente de sujetar el mundo entero y hacerlo material del proceso capitalista. En este sentido, los valores occidentales son solamente el otro lado del culturalismo. Los dos pertenecen juntos, inseparablemente (como prueban Huntington y Bush) y por eso deben ser superados de manera conjunta.</p>
<p><em>5. Que se podría hacer para superar las enemistades culturales construidas y evitar una guerra? Qué papel podrían jugar los turcos?</em></p>
<p>En el nivel teórico es importante reconocer la relación interna entre los hermanos gemelos culturalismo y valores occidentales, con la estructura básica de la sociedad productora de mercancía y criticar las construcciónes de identidad. En el nivel práctico, se impone en todo el mundo la tarea de volverse principalmente contra cualquier etnización de los conflictos sociales, económicos y políticos. Esto significa en concreto, algo diferente en cada país y en cada región. En Alemania por ejemplo, hay que luchar contra la xenofobia, especialmente contra los turcos y musulmanes. No conozco la situación en Turquía lo suficientemente bien, pero en general se puede decir, que allí también es importante confrontar las crecientes tendencias etnicistas y fundamentalistas, simplemente porque son anti-emancipatorias. Sin lugar a duda, queda claro que una superación del capitalismo exige un movimiento social emancipatorio, que se orienta desde el principio transnacionalmente, un movimiento, que solidariamente se sobrepone a toda frontera y a todo límite definido por el capitalismo.</p>
<p>Traducción: Barragán/ Willms</p>
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		<title>Obscenidad y Riqueza</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2005 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[deutsche Version Publicado originariamente no site da revista Streifzuege (Viena) em 2005 Franz Schandl Comencemos en Bello Horizonte. Cada vez que un buen amigo que desde hace algunos años vive en Brasil, visita Austria, necesita acostumbrarse de nuevo al hecho de poder caminar por las calles de noche sin ser molestado. En Bello Horizonte un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.krisis.org/2004/obszoenitaet-und-reichtum">deutsche Version</a></p>
<p>Publicado originariamente no site da revista <em>Streifzuege</em> (Viena) em 2005</p>
<p><em>Franz Schandl</em></p>
<p>Comencemos en Bello Horizonte. Cada vez que un buen amigo que desde hace algunos años vive en Brasil, visita Austria, necesita acostumbrarse de nuevo al hecho de poder caminar por las calles de noche sin ser molestado. En Bello Horizonte un paseo así es prácticamente imposible. ¿Qué nos dice esto? ¿Qué nos señala la ciudad latinoamericana de millones de habitantes? ¿Un pasado? ¿Un mundo paralelo? ¿O acaso el futuro? ¿Es absolutamente imposible que aquí [en Austria] puedan darse condiciones similares a las que existen en otras regiones y ya son percibidas como una obviedad? Pienso que el estrato de civilización es delgado y debajo yacen la vida y la violencia en total desnudez.</p>
<p><span id="more-748"></span>El capitalismo es una relación de violencia, incluso y precisamente cuando la violencia no se manifiesta abiertamente . Con esto no se alude tanto a la relación entre dominadores y dominados, sino más bien a una violencia omnipresente, ubicada sobre la totalidad de la sociedad a la que impregna, precisamente allí donde ha logrado pacificarla con mercancías y donde la violencia no necesita hacer ostentación. Donde más violento es el capitalismo es donde la violencia no es percibida exteriormente porque se ha apoderado de la esencia más profunda de los sujetos. <em>Los que se dominan, no se sienten más dominados.</em> Su estado es aquél al que se le ha arrebatado su capacidad de percepción. La verdad sucumbe en su propia realidad.</p>
<h3>Riqueza y riqueza</h3>
<p>La pobreza es violencia estructural, la pauperización es la forma fija de su trazo y alcanza a los miembros más débiles como si fuese un destino. Aun cuando a nivel individual algunos puedan escapar de la pobreza, los múltiples pobres nunca lo lograrán. Ellos son parte, sobre todo si observamos el planeta como un espacio económico global. Los pobres son la selección sistemática de los menos valuados. Padecen de falta de capacidad de mercado, lo cual es sinónimo de debilidad inmunológica social.</p>
<p>No es la riqueza la que produce o impone la pobreza, sino que ambas son variables y posicionamientos interdependientes de la relación societal . Se comportan entre sí a través de un tercero que los marca: son dimensionados por los procesos de (re)valorización del capital, de los cuales resultan. Aunque en apariencia su posición difiera tanto, favoreciendo a quienes la ostentan y perjudicando a quienes la soportan, es la consecuencia de posibilidades y coacciones realizadas o precisamente no realizadas. La riqueza económica significa el logro en la estructura dada, mientras que pobreza es el fracaso en ella y por ella. Riqueza y pobreza caracterizan un éxito o un fracaso dentro de la forma societal constituida por la mercancía Algunos pueden arreglarse económicamente, a otros los desarreglan.</p>
<p>En tanto, riqueza no es lo mismo que riqueza. La riqueza capitalista es una riqueza de mercancías y dinero. En última instancia se trata de una magnitud comercial. La riqueza en sí misma no es nada obsceno sino algo bello. El objetivo es pues la diversidad, la multiplicidad de la vida. Habitar en un entorno agradable, comer y beber bien, amar y gozar, cultivar contactos, ocuparse de lxs hijxs y amigxs, ejecutar y escuchar música, leer, viajar, vagar y hacer trabajos manuales, no estar solx o abandonadx, apoyar y ser apoyadx, todo eso puede y podría caracterizar el vivir. De todo eso uno nunca puede recibir demasiado. Ernst Lohoff escribe: “La riqueza humana puede determinarse con mayor aproximación como riqueza de necesidades y de relaciones. La riqueza de una sociedad podría entonces medirse en tanto permita a sus miembros desarrollar una cantidad de necesidades proporcionándoles las condiciones para que las satisfagan y las perfeccionen y, si lo hace, en qué medida. La riqueza apunta a la plenitud o sea a la liberación de limitaciones y carencias”<sup><a name="sdendnote1anc" href="#sdendnote1sym"><sup>1</sup></a></sup></p>
<p>La riqueza se torna obscena precisamente allí donde concurre con la miseria de muchos, es decir, donde abre una discrepancia. Herbert Marcuse: “La sociedad es obscena en tanto y en cuanto produce una abundancia asfixiante de mercancías y las exhibe impúdicamente, mientras que afuera se les roba a sus víctimas las posibilidades de desarrollar su vida; obscena porque ellos están repletos al igual que sus basureros, mientras que envenena y arrasa con los escasos comestibles en las regiones de su agresión; obscena en las palabras y risas de sus políticos y sus <em>entertainers</em>, en sus oraciones, en su ignorancia y en la sabiduría de los intelectuales que mantiene” <sup><a name="sdendnote2anc" href="#sdendnote2sym"><sup>2</sup></a></sup> La obscenidad de la riqueza se corresponde con la obscenidad de la pobreza que con ella se produce (¡pero no por ella!).</p>
<h3>Al interior y al exterior</h3>
<p>Wolfgang Pohrt expresa: “La provocadora impudicia de la nueva riqueza, su aspereza, sirve para intimidar a las masas empobrecidas, cuyos miembros no son mejores que los ricos.” <sup><a name="sdendnote3anc" href="#sdendnote3sym"><sup>3</sup></a></sup> Sin duda alguna, ellos quieren ni más ni menos que estar en otra posición. Estar fijado en eso y fracasar en ello es lo que caracteriza a muchos de los perdedores del bienestar y asimismo conforma los cimientos para definir otras condiciones de exclusión y encauzar su deseo exclusivamente hacia las leyes del mercado. El sujeto opera y avala el juego de inclusión y exclusión, si bien quiere excluir, pero no ser excluido. Avala algo contra lo que él mismo desea ser protegido.</p>
<p>El reformismo social de las organizaciones obreras fue el intento (otrora exitoso) de reaspirar la exclusividad de la riqueza hacia los centros, por lo menos a nivel de los estados-nación. Eso fue lo que había una vez. El capitalismo, entendido aquí como (re)valorización lograda, está él mismo en una crisis fundamental, cada vez se tabica más, no se distingue por su integración, sino por su desintegración. Las zonas de bienestar se aglutinan con la dinámica del zoom. El problema primario no es que alcance a los seres humanos para incorporarlos, sino que se los deja afuera.</p>
<p>El desmontaje social actúa como cuando al enfermo se le quitan los medicamentos. Lo que les da poder o sea, lo que les provee poder adquisitivo, se les quita o se les reduce la dosis. Su dependencia del mercado y el estado los coloca en una situación desesperante. Ahora llegó la hora de los placebos. A veces hasta tienen efecto. Pero en principio, a los “dejados de lado” les va como a los drogadependientes en la abstinencia. Estamos domesticados en función de las mercancías, no poder tenerlas es grave. Y el comprar es por eso un verdadero vicio, del que no es tan sencillo salir. El capitalismo debe ser entendido también como el sistema del fetichismo de la mercancía y del dinero y sus sometidos son como los sirvientes del fetiche. “La llamada economía de los consumidores y la política del capitalismo corporativo conformaron una segunda naturaleza en los seres humanos que los vincula de manera libidinosa y agresiva a la forma mercancía” <sup><a name="sdendnote4anc" href="#sdendnote4sym"><sup>4</sup></a></sup>. El ser humano no es nada sin estas mercancías y las relaciones dinerarias que de ellas se derivan.</p>
<p>Monopolio de la violencia y de la dirigencia, estado de derecho y estado social; a todo esto los ligaba el objetivo de la integración social. Este objetivo deberá ser abandonado poco a poco ya que, la base monetaria se encuentra en un proceso de desmoronamiento. Hoy, más bien, es la desintegración lo que está en el tapete. El estado de bienestar, conseguido en gran parte por el movimiento obrero, fue un proyecto compartido por casi toda la sociedad. No quería dejar caer a aquéllos sobre los que pendía esa amenaza. Eso fue lo que hubo una vez. Por falta de masa monetaria, las instituciones públicas intentan desembarazarse de estas obligaciones. El estado social es un estado agónico. Y con él, también agoniza la política social.</p>
<p>A lo social se le impone ahora la economía de mercado. La economía de mercado es en sí <em>asocial</em>, dado que no trata a los seres humanos según sus necesidades y deseos, sino que se sirve de ellos según su valor social, es decir, según su capacidad de [aportar a la] (re)valorización [del capital]. No acerca a los seres humanos entre sí, los enfrenta. No es la condición de humano lo que caracteriza al sujeto burgués sino la de ser vendedor y comprador. Capacidad de vida significa capacidad de negocio. Se enfrentan en el mercado enmascarados por sus mercancías.</p>
<h3>La pobreza como oprobio o:¡muerte a los indigentes!</h3>
<p>Pocas condiciones son más vergonzosas que ser pobre; ni enfermedades ni sufrimientos, ni siquiera la guerra con toda su amenaza es vivenciada como un oprobio. La pobreza sí. <em>La pobreza</em> <em>mancilla</em>. No es un mero rasgo externo en quien la soporta o, en realidad y más precisamente : no es una señal de advertencia, sino que es la esencia más íntima que marca a la persona. En una sociedad,dominada por el valor, el pobre sólo puede sentirse desvalorizado. La frase “la pobreza no es motivo de verg&#252;enza” es decididamente falsa.</p>
<p>Que la pobreza indigne a uno hasta las náuseas es justo, pero desde que apareció aquel slogan “vuestra pobreza nos da náuseas”<sup><a name="sdendnote5anc" href="#sdendnote5sym"><sup>5</sup></a></sup>como desprecio a los pobres y no a la pobreza, quedó en evidencia que lo que expresa es la arrogancia de los que más tienen frente a los que “menos rinden”. La pobreza, un defecto de la sociedad aparece como un déficit de los afectados por la pobreza. Ahí andan algunos mal vestidos o sentados mendigando en las estaciones del metro y molestando a los turistas en las zonas peatonales. Molestan a ciertos círculos, no son fáciles de agrupar en contingentes ni de ser reubicados en otro lugar. Simplemente son molestos. ¿Porqué tenemos que someternos a verlos?</p>
<p>Ya la economía política clásica se rompía la cabeza pensando qué se debía hacer con los pobres. Sus elucubraciones nos recuerdan a los debates actuales sobre el supuesto parasitismo. David Ricardo decía: “Es una verdad indiscutible que no es posible asegurar comodidades y bienestar duradero a los pobres sin contar con el esfuerzo de la legislación para regular su crecimiento cuantitativo y limitar el número de los casamientos prematuros e irreflexivos, para lo cual se requiere contar con su propia colaboración. El efecto de la legislación sobre pobres fue directamente contrario a esto.”<sup> <a name="sdendnote6anc" href="#sdendnote6sym"><sup>6</sup></a></sup> O</p>
<p>sea que según esto: a los pobres hay que mantenerlos cortitos.</p>
<p>Y un contemporáneo de Ricardo, su contrincante y amigo, un cierto Thomas Malthus escribía: “Dado que la población aspira indefinidamente a sobrepasar los medios de subsistencia, la beneficencia resulta una locura, una arenga pública en pro de la miseria. Por eso el estado no puede hacer otra cosa que abandonar la miseria a su destino y, a lo sumo, aliviar la muerte de los miserables. Al respecto, decía Marx: “Con esta teoría tan humana, el parlamento inglés considera que la pauperización sería la <em>miseria producida por los mismos obreros,</em> a la que por eso, adelantándose a una desgracia, cabe antes bien someterla, castigarla como a un delito. (&#8230;) Por fin la miseria es considerada como la culpa de los miserables y como tal [debe ser] castigada.“<sup> <a name="sdendnote7anc" href="#sdendnote7sym"><sup>7</sup></a></sup> Todo esto, ¿no suena muy moderno?</p>
<h3>Fútil e inútil.</h3>
<p>La medida de los exponentes burgueses (tanto personas como cosas) es el dinero. Expresa el poder individual en el mercado. “Es natural que en nuestra sociedad el dinero siga siendo el parámetro de valor para la propia persona”, dice la encuestadora Helene Karmasin. “En el campo profesional, el estado de la cuenta bancaria rige como expresión cualitativa (sic!, F.S.) sobre la persona”.<sup><a name="sdendnote8anc" href="#sdendnote8sym"><sup>8</sup></a></sup></p>
<p>¿Cómo debe sentirse uno de tomar en serio algo semejante? Pero lo que ahí se manifiesta es el punto de vista dominante – ni más ni menos – y, en general, se lo toma muy en serio, puesto que es serio. La mala verdad de la sociedad dice: <em>lo que ganas expresa lo que mereces.</em> Y dicho en el sentido de lo que a uno le corresponde. El ingreso es como la fracción de un billete que regula la participación social. Y eso se siente. Aun cuando no se lo capte, uno ya ha sido captado, incluso verdaderamente capturado. Respecto al dinero Robert Musil hace decir: “Es violencia espiritualizada, una forma especial, dúctil, altamente desarrollada y creativa de la violencia. No se basa acaso el negocio en astucia y coacción, en ventajismos y aprovechamiento, sólo que éstos están barnizados de civilización y transferidos a la interioridad del ser humano, sí, justamente como apariencia de su libertad?”<sup><a name="sdendnote9anc" href="#sdendnote9sym"><sup>9</sup></a></sup> Cuando en la obra más conocida de Arthur Miller uno de los hijos del viajante dice a otro: “El problema es que no hemos aprendido a ir tras el dinero”<sup><a name="sdendnote10anc" href="#sdendnote10sym"><sup>10</sup></a></sup> ,</p>
<p>enuncia el defecto principal, pero no el de la sociedad que lo exige, sino el de los individuos que en cualquier circunstancia están librados al arbitrio de ella.</p>
<p>Es grave que los seres humanos no valgan nada, pero peor aún es que deban valer; que una abstracción económica – ¡el VALOR! – sea lo que domina esta sociedad y prescriba el orden jerárquico de sus miembros. Que ellos deban manifestarse en esa escala, como si fuese una obviedad. Cada decisión de compra es la expresión de esta coacción. El dinero dimensiona el poder dispositivo que ejerce.</p>
<p>Ante el dinero todos los humanos son iguales, pero a través del dinero reciben diversas <em>valor</em>izaciones. Por cierto que la diferencia monetaria debe ser sometida a una crítica radical. Pero precisamente una radicalidad que se conjugue con un ajuste de cuentas tan abarcativo que incluya las diferentes valoraciones de la actividad humana. Son las condiciones las que deben ser tematizadas, no meramente sus excrecencias. La crítica a las diferencias de ingresos (no como inefable debate sobre privilegios) debe ascender hacia una crítica del <em>ingreso</em> hasta incluso una crítica del trabajo y el dinero. De quedar donde está, se convierte en el terreno fértil que posibilita enmascarar la cuestión social como un evento populista. El juego “¿a quién le quitamos algo?”tiene rasgos canibalísticos.</p>
<p>Mientras tanto, en la actualidad no se critica el dinero , sino que se lo reclama. A menudo suelen ser dos actitudes fundamentales las que caracterizan a muchos sujetos burgueses. Primero, el <em>fantasma dinero</em>: Dinero hay suficiente. Segundo el <em>fantasma de la equidad y justicia</em>: Uno mismo siempre recibe demasiado poco dinero. A partir de la articulación de estas convicciones, extrañas pero resistentes, le sigue entonces la proyección de que debe haber alguien que injustamente acapara demasiado. Alguien es culpable, demasiado voraz buscando privilegios, saquea los recursos sociales etc. – Muchos quieren protegerse de la competencia estigmatizando a otros competidores en el mercado y en lo social (extranjeros, parásitos sociales, burócratas, políticos, bancos, especuladores, judíos) y quieren excluirlos o desplazarlos para apartarlos de la competencia y de las prestaciones sociales. Quieren asegurar su estatus social o mejorarlo clamando por la desvalorización política de otros grupos. A la selección en el mercado se le oponen selecciones alternativas. Los sujetos competidores persiguen a los sujetos competidores como chivos expiatorios.</p>
<p>Por cierto que la competencia canibalística no sólo existe de individuos contra individuos, fábrica contra fábrica, supermercado contra supermercado, localización contra localización, estado contra estado, sino también, y de manera creciente, como un tironeo demencial de entidades públicas por el botín del ciudadano. A veces esto acarrea consecuencias no deseadas, pequeñas o mayores averías. Puesto que de donde algunos se sirven, no pueden hacerlo los otros o hasta por ley son obligados a generar una compensación. Las zonas disputadas ocupan un ámbito tras otro. En la actualidad estamos viviendo el arrinconamiento de los nichos y zonas protegidas. Es inaceptable que el mundo entero se convierta en una mercancía” o que ¡todo deba convertirse en mercancía! .</p>
<h3>Desocupado, desvalorizado</h3>
<p>En el capitalismo, lo que no rinde está condenado a hundirse.También por eso, desde el punto de vista de la economía, la gente que no rinde no sirve para nada.Y cada vez más caen las barreras que impedirían que se los persiga como superfluos.El mercado laboral y la política tratan a los afectados ostensiblemente como elementos criminalizados.<em>Desocupado significa des-valorizado.</em>En primer lugar ya no se puede vender y por eso tampoco puede comprar (o sólo muy poco) y, segundo, eso implica también una inmensa pérdida de dignidad y aceptación.El concepto “sin ocupación/sin profesión“ pone aún más en evidencia que quien no puede seguir el ritmo de la competencia comercial no puede salir bien parado. Pero ésa es la exigencia principal a todos los miembros de esta sociedad. La desocupación se entiende como nulidad social, es degradación y declasistización. No son ni siquiera proletarios.”No soy nada!““¡No va!““¡No seré nada!“Así se lo siente, así se presenta, así es efectivamente. Pero entiéndase bien, es aquí y ahora, bajo las leyes del capital que no sólo determinan la mera estructura sino también el pensamiento y los sentimientos.La consecuencia es una actividad extensiva de los sujetos, dinamizados para ser explotados (y desvalorizar a otros) para no sucumbir. Las exigencias desmesuradas se transforman en desmesurada autoexigencia. El criado es su propio amo con el que no le separa distancia alguna puesto que ya conviven en el mismo pellejo. Impera la domesticación a través del autodominio.</p>
<p>Al enunciar la pregunta “¿Qué eres?” o “¿Qué quieres ser” se está expresando lo que a uno debe interesarle en primer término: la posición social alcanzada o aspirada. No se trata de él o de ella misma, sino de la función, del rol, de la carrera. Nada eres, si no eres nada. Entonces aquí el problema es que ha surgido una biomasa que devora pero no es explotable. Ella debe ser alimentada. Y esto en el capitalismo, al igual que todas las otras cuestiones, es un tema de costos. ¿Podemos permitírnoslo? Lo insoportable no es una respuesta cualquiera, ya lo insoportable es que una pregunta de estas características pueda plantearse. Es una pregunta del tipo de : devorar o ser devorado.</p>
<p>La ley del darwinismo social, es decir la del garrote, sostiene: A los que no pasan se los pasa al otro lado. Sus vidas no valen la pena, es decir son vidas sin valor de vida. Esta doble acepción expresa una identidad digna de temer . Decodificada correctamente la expresión alemana “<em>lebenswert</em>”(digno de vivir) no significa otra cosa que vida para el valor, lo cual implica: deber llevar una vida bajo el signo del valor, pero también poder llevarla . Es tramposo el vocabulario que utilizamos</p>
<h3>Angustia y <em>des-aseguramiento</em></h3>
<p>En esta sociedad se impone que la administración afectiva emocional y la administración del ingreso sean congruentes. La descalificación en el mercado, el acoso en las agencias intermediarias del mercado de trabajo, eso y muchas otras cosas más destruyen al ser humano. En la sociedad burguesa el temor a la desvalorización es la angustia principal, pero también el impulso negativo del individuo. El miedo funciona como una espina en la carne de los sujetos mercancía, que cargan consigo para colocar en el mercado su equivalente en valor. “¡Intercambio, luego existo!“, así reza el grito primigenio del sujeto en el mundo capitalista.</p>
<p>La angustia se torna el sentimiento preponderante, reprimido, pero cada vez más difícil de reprimir. Angustia por el puesto de trabajo, angustia por recibir pedidos [de trabajo], angustia por la pérdida de la transferencia social, angustia por los pagos no realizados o no recibidos, angustia de poder mantener el status, angustia por la competencia, angustia por las exigencias de la pareja, los hijos, los parientes y conocidos. Todos y todas están bajo la presión de ser transformados en valor. Esta angustia hace que los humanos se tornen ásperos y desaprensivos. La angustia degrada la vida, la torna amarga. La angustia es mala compañía y mal consejero. Obliga a la adaptación, a la sumisión y a la humillación. El capitalismo es el sistema de la angustia organizada.</p>
<p>Cuando las cuentas no cierran o sólo de vez en cuando, puede seguirle la apatía o agresión, por lo menos si no existen perspectivas de salida. Lo incontrolable, incontabilizable e inadmisible de las condiciones se abre paso; pero no para una toma de conciencia sobre las mismas sino que para muchos individuos simplemente se vuelven insoportables. Las descargas a modo de reflejo ocurrirán con mayor frecuencia. Lo insoportable-incomprensible tiende a un golpe de liberación falso.</p>
<p>La elaboración psíquica de las exigencias exageradas suele estar al mismo nivel de éstas. Los amenazados amenazan. Los eliminados eliminan. Las víctimas victimizan. Los acosados acosan. Eso es lo que han aprendido. En eso están entrenados. ¿Porqué tendrían que tener de pronto otras intenciones? Éstas siguen funcionando al mismo nivel de la disfunción [internalizada]. Son sujetos de la competencia sin posibilidades de imponerse. ¿Pero entonces qué cabe hacer cuando los últimos hilos del tejido social se han desgarrado? ¿Comprarse una soga? ¿Seguir intentándolo una y otra vez? ¿Entregarse al destino? ¿Capitular? ¿Emborracharse? ¿Asaltar las agencias de empleo o las legislaturas provinciales y tirotear a diestra y siniestra? Los afectados por las descompensaciones quieren descompensar para compensarse. El coma se convierte en amok.</p>
<p>Por cierto que la angustia no es aprobada. Se mira a quien está angustiado como un debilucho. La angustia secundaria es la angustia a angustiarse. Estamos viviendo en una situación en la que la gente se angustia sin que se le permita sentirla. La negación, la autorepresión [<em>Verdr&#228;ngung</em>] no sólo domina en la competencia, sino que también domina la psiquis de los competidores. Nada es más letal que este anestesiamiento de la existencia. Estoy absolutamente decidido a luchar por admitir la angustia, porque de otro modo temo que aquéllos que no soportan más sus miedos, se abalancen hacia el cajón de los falsos deseos. Ya esto, de por sí, es bastante angustiante. Vivimos en forma permanente los ejercicios en esa dirección .</p>
<p>La angustia aumenta donde las seguridades disminuyen. Así como el fordismo, co-moldeado esencialmente por el movimiento obrero en Europa, es considerado como el intento de los reaseguros sociales, hoy estamos viviendo en los tiempos de sus quites, es decir de los <em>des- aseguros</em>. Sobre todo las condiciones de ocupación llamadas atípicas nos deparan cada vez más situaciones de precariedad. El sujeto calculador no puede confiar en nada, excepto en el hecho de que él debe cubrir sus gastos con sus ingresos. Sin embargo cada vez menos se da la correspondencia entre ellos en forma directa. El sujeto calculador, en consonancia con su situación incalculable, se torna imprevisible. Cada vez es más esporádico ver a comienzos del mes un monto fijo en la cuenta bancaria. Lo típico es la caída tendencial de los pagos regulares en la vida comercial, al igual que la alta fluctuación de los ingresos de los llamados “autónomos”. Entre quienes trabajan como <em>freelance </em>es bien conocido el alivio que se siente cuando en la cuenta , de pronto, aparece una transferencia.</p>
<p>La quita de seguridades es señal de la conmoción estructural en sus cimientos, no simplemente la consecuencia de relaciones de fuerza desafortunadas, sino la expresión de un sistema en descomposición que cada vez menos puede garantizar algo o brindar prestaciones, e incluso traduce ahora esta evidente incapacidad en una irritación positiva. “La prevención tiene fundamentalmente prioridad ante la previsión y ayuda“<sup><a name="sdendnote11anc" href="#sdendnote11sym"><sup>11</sup></a></sup>, se dice en el Programa de Gobierno del partido conservador Partido Popular Austríaco y del derechista Partido Libre de Austria del año 2000. Cada uno debe ver cómo se las arregla. Cada uno forja su propia desgracia, anuncia el pensamiento positivo</p>
<p>Los sujetos <em>des-asegurados</em> pueden sobrevivir en todo caso si ellos mismos actúan en forma desconsiderada; deben volverse pequeños monstruos competitivos si no quieren ser expulsados de los (nuevos) mercados. Al sujeto de la sociedad burguesa, llamado ciudadano libre, no le está permitido un respirar libre sino un jadeo asmático. Crece la angustia de ser atropellado. Por eso hay que ser rápido, astuto y ladino. Pero sobre todo, desconsiderado. Todos contra todos también implica: no confiar en nadie, nadie confía en uno. “El dinero destruye la amistad“, dice un inteligente refrán. Y la vida está llena de tales experiencias.</p>
<p><em>Des-asegurado </em>significa por lo tanto más que estar inseguro (no estar asegurado o no seguro), desasegurado implica también que los sujetos flexibles están bajo tensión, están cargados, deben estar dispuestos a disparar el arma en la lucha, por lo menos disparar para bajar a los competidores. El instrumentario que se les impone es agresivo. Des-asegurado describe un estado en el que los que han perdido las seguridades devienen en generadores de inseguridad. Tienden a reacciones imprevisibles. “Se le saltaron los fusibles<sup><a name="sdendnote12anc" href="#sdendnote12sym"><sup>12</sup></a></sup>“, suele decirse en lenguaje coloquial o: “Se me quemaron los fusibles.“ En el extremo de estos procesos están la formación de bandas y los homicidas amoks con sus asesinatos indiscriminados. Existe el peligro de que cuando la explotación y su manejo no puedan seguir siendo garantizados, la sociedad burguesa se desgrane en una “guerra civil molecular” (Hans-Magnus Enzensberger), que la comunicación humana se concentre en su núcleo de violencia.</p>
<h3>Polos de violencia</h3>
<p>El concepto “exaltado“ me parece sumamente apropiado para describir ciertas formas en las que transcurre el proceso de degradación social y la limitada resistencia que genera. El exaltado quiere demostrar incluso mediante una inclusión alternativa (p.ej. robo) su pertenencia a través de un hecho impropio. Intenta enfrentar la exclusión brutal mediante una inclusión branquial. Eso nada tiene que ver con emancipación, sino con regresión y, encima una que legitima adicionalmente al poder, en tanto vehiculiza el deseo de proceder contra ésta y cualquier otra alteración.</p>
<p>Los ladrones comunes como los organizados sólo están con reservas fuera de la ley , no cabe mitificarlos como rebeldes. Hacen algo afuera para poder quedar adentro. Chantajean y roban para poder comprar. En determinado momento niegan algo para luego , en otro momento referirse a lo mismo aseverándolo. Glorifican la propiedad privada, de la que quieren apoderarse. Desde el punto de vista histórico, aparecen como seguidores tardíos de la llamada acumulación primitiva.</p>
<p>La ruptura del tejido social se evidencia como amplificador de la energía delictiva. La predisposición a la violencia se incrementa donde fallan los mecanismos políticos y sociales. <em>Deteriorado</em> significa que, si bien algo puede seguir existiendo, tiene escasas condiciones para seguir desarrollándose. Concebiría entonces así el estado general de la sociedad. Una sociedad deteriorada produce seres deteriorados. Una unión de deteriorados con el fin de deteriorar se denomina <em>banda</em> (pandilla, patota). La banda es la inversión práctica de la emancipación. Conoce consecuencias pero no perspectivas. La predisposición a la violencia no tiene como meta derrocar, ostenta <em>carácter usurpatorio</em>. La meta es el botín.</p>
<p>En tiempos en que todo debe ser privatizado, la violencia también se privatiza. Los polos de violencia disuelven y reemplazan los monopolios de violencia. Aquéllos funcionan como miniestados tercerizados, tal como debe afianzarse una identidad substancial entre el estado y la banda. Los estados son bandas en gran escala. Las bandas no conforman sólo el fermento de los estados, ellas son también su última guarida. Veamos el pago obligatorio de protección. No significa más que la privatización del impuesto y la prestación social. En vez del monopolio fiscal tenemos ahora <em>polos fiscales,</em> como en vez del monopolio de la violencia tenemos <em>polos de violencia</em>. Al interior, la banda funciona según determinadas reglas, lo que nos vuelve a recordar a su hermano mayor, el estado. Que todos roben a todos, no lo aguanta banda alguna, y menos juntas. Aunque las bandas son entramados frágiles. Expuestas constantemente a los procesos de erosión son conglomerados de consistencia y duración limitadas.</p>
<h3>Resistencia o insurrección</h3>
<p>La impotencia grita: “No tenemos posibilidad alguna, pero la aprovechamos. “. En realidad es una frase estúpida, el capital no dice algo distinto a sus sometidos. Aunque por una parte el anhelo de cada uno se basa en primera instancia en las posibilidades individuales reales, por el otro lado niega la realidad de posibilidades para todos. El número de los que no tienen ninguna posibilidad crece a medida que las posibilidades desaparecen. Por cierto que la cruda desesperanza parece ser aún peor que las falsas esperanzas. Una verdadera perspectiva surge recién cuando uno se enfrenta a la desesperanza y el desconsuelo de la existencia en el capitalismo, sin negarlos pero tampoco aceptarlos como destino. Una vez que este horizonte ya no se vea como el límite, es posible que se abra uno nuevo. Y esto rige para <em>todos</em>, no sólo para los que son atropellados, sino también para los que atropellan.</p>
<p>¿Que tienen en común los grandes industriales con los que viven de la ayuda social y los ladrones? Pues que todos quieren dinero. Ahora bien, quisiera transformar esta pregunta complementaria en una pregunta decisiva. Se trata de que todos no quieran <em>seguir así</em>. Aquí está la ruptura paradigmática: No se paga. No se compra. No se (re)valoriza. Se requiere un pensamiento negativo. Lo que cabe es cooperación en vez de competencia. El espíritu de la emancipación comienza allí donde cuestiona y se cuestiona la apetencia elemental de dinero. El juego de exclusión e inclusión comercial debe ser superado. Si bien no constituyen los lemas del día, sí son exigencias de este tiempo, incluso o precisamente porque la acción cotidiana se ve distinta. La “gran negación“, como la llamó Marcuse, debe tornarse pensable. Debemos poner fin a pensar los bienes como mercancías y a los seres humanos enmascarados en su alienación. En última consecuencia se trata de la descomercialización, de la descomodificación y la desmonetarización de todas las relaciones societales.</p>
<p>La categoría de <em>resistencia</em> es en cambio problemática. Es un concepto inherente y no uno transformacionista. Resistencia política significa presionar contra lo que a uno lo presiona. La resistencia es una resultante de lo que la genera. Por lo tanto es parte constitutiva de un paralelogramo de fuerzas inmanentes y sólo se mueve también en ese plano. Es reacción, es un oponerse a; se trata de un primer paso, pero nada más. La resistencia no se dirige contra el juego, sino que al contrario, quiere posicionarse mejor en el juego. Incluso es destructiva la lucha de intereses por la distribución económica en la sociedad. Lo que pugna como necesidad inmediata se vuelve una trampa ideológica porque mediante la afirmación de la forma no se capta teóricamente la destructividad general por lo que ésta queda prácticamente indemne. La resistencia divide las condiciones de su confrontación como condicionamientos indisolubles, no quiere suprimirlas. No es resistencia lo que se requiere, sino <em>insurrección</em>. No: No queremos soportar, sino: queremos instalar lo que nos gusta. ¡Resistencia implica reacción, insurrección significa acción!</p>
<p>Discutir sobre las perspectivas es debatir en el nivel de lo que queremos y no en la esfera estatal permitida de lo que se puede hacer. Una potencia radical transvolucionaria (y está en duda también si a ésta debe pensársela como movimiento social) debe plantear interrogantes, no dejar que se los planteen. Menos importante parece en efecto la pregunta de cómo se legitima una insurrección. Como <em>enorme puesta</em> está más allá de criterios obligatorios. Mucho más importante es deslegitimar el capitalismo. “La cuestión de la legitimidad debe más bien invertirse de antemano transformándola en ofensiva. Cuando el ordenamiento capitalista ya no prevé la reproducción social, que razón existe entonces para rendir tributo a su lógica? El pensamiento emancipatorio no comienza allí donde las personas, por respeto a la vaca sagrada del dinero, se olvidan de las cuatro operaciones fundamentales de la aritmética y fantasean con que &#8216; hay suficiente dinero&#8217;‚ para imaginarse como los mejores maquinistas de la fábrica general capitalista. El pensamiento emancipativo elimina, antes que cualquier otro, el paradigma de la financiabilidad como criterio de todos los criterios.“<sup><a name="sdendnote13anc" href="#sdendnote13sym"><sup>13</sup></a></sup></p>
<p>Uno no debería cargarse demasiado con justificaciones éticas. Los criterios de lo permitido no caben ser debatidos en base a las categorías burguesas, en especial sus prohibiciones no son guía de acción y mucho menos premisas morales. Donde la normalidad burguesa deviene en lo anormal humano está la potencia de la transvolución, lo gigantesco en conciencia y acción. La violencia es un factor que no debe ser reprimido, sobre todo uno no debe entregarse a los actos de fe, sino hacer de la violencia (oculta) imperante el objeto de la crítica. La liberación de la violencia no debe traducirse como reconocimiento del monopolio de la violencia. Si bien la liberación de la violencia es un objetivo incondicional, sólo es un medio condicionado, uno no puede apoyarse exclusivamente en él. No sería correcto. Uno estaría entonces frente a las escalaciones violentas futuras en una situación de total incomprensión y desamparo. El intento permanente de incidir satisfactoriamente en todos los conflictos sociales, significa también tener presente que, por su misma dinámica, no siempre se logra ese cometido.</p>
<p>El problema básico es empero que la oposición social no se cansa de seguir pensando que siempre se puede seguir accionando basándose en el valor y dinero, en el trabajo y la democracia, en el estado social y de derecho, en libertad y justicia, siempre y cuando sean las personas correctas las que están al mando. Permanentemente sigue creyendo en la intervención política, hasta en la gran Fundación de Política.” La racionalidad política es precisamente racionalidad política, porque piensa dentro de los límites de la política. Mientras más aguda,mientras más vital, está menos capacitada para contener las debilidades sociales“,<sup><a name="sdendnote14anc" href="#sdendnote14sym"><sup>14</sup></a></sup> escribía el joven Marx, y Engels precisaba: “Pero la mera democracia no es capaz de curar los males sociales. La igualdad democrática es una quimera, la lucha de los pobres contra los ricos no puede conseguirse en absoluto con la lucha en el terreno de la democracia o de la política.“<sup><a name="sdendnote15anc" href="#sdendnote15sym"><sup>15</sup></a></sup></p>
<p><a name="tw4winUpto"></a><a name="tw4winFrom"></a></p>
<p>Notas:</p>
<p><a name="sdendnote1sym" href="#sdendnote1anc">1</a>Ernst Lohoff: Zur Dialektik von Mangel und &#220;berfluss, krisis 21/22 (1998), S. 57..<em>[</em><em>Sobre la dialéctica de carencia y excedente]</em></p>
<p><a name="sdendnote2sym" href="#sdendnote2anc">2</a>Herbert Marcuse: Un ensayo sobre la liberación, México: Mortiz, 1968.</p>
<p><a name="sdendnote3sym" href="#sdendnote3anc">3</a>Wolfgang Pohrt, Brothers in Crime. Die Menschen im Zeitalter ihrer &#220;berfl&#252;ssigkeit. &#220;ber die Herkunft von Gruppen, Cliquen, Banden, Rackets und Gangs, Berlin 1997, S. 83. <em>[Brothers in Crime. Los humanos en la era de su superflualidad. Acerca del origen de grupos, cliques, bandas rackets y pandillas]</em></p>
<p><a name="sdendnote4sym" href="#sdendnote4anc">4</a>Herbert Marcuse:Un ensayo sobre la liberación, México: Mortiz, 1968.</p>
<p><a name="sdendnote5sym" href="#sdendnote5anc">5</a><em>N.d.T.: </em><em>Referencia al texto en obleas y postales supuestamente humorísticas que circularon años atrás cuando el neoliberalismo comenzó a imponerse.</em></p>
<p><a name="sdendnote6sym" href="#sdendnote6anc">6</a>David Ricardo: Principios de economía política y tributación. Ediciones Pirámide, 2003.</p>
<p><a name="sdendnote7sym" href="#sdendnote7anc">7</a>Thomas Robert Malthus; cit. de Karl Marx, Glosas críticas marginales al artículo &#8220;El Rey de Prusia y La Reforma Social por un prusiano”, Ed. Etcétera, Barcelona 1977.</p>
<p><a name="sdendnote8sym" href="#sdendnote8anc">8</a>Der Standard, 05.01.1997.</p>
<p><a name="sdendnote9sym" href="#sdendnote9anc">9</a>Robert Musil: El hombre sin atributos, Seix Barral, 2006.</p>
<p><a name="sdendnote10sym" href="#sdendnote10anc">10</a>Arthur Miller: La muerte de un viajante, Barcelona : Océano, 1998.</p>
<p><a name="sdendnote11sym" href="#sdendnote11anc">11</a>.Cit. según Emmerich Tálos, Vom Siegeszug zum R&#252;ckzug. Sozialstaat &#214;sterreich 1945-2005. Innsbruck-Wien-Bozen 2005, S. 60. <em>[De </em><em>la marcha triunfal al repliegue. Estado social Austria 1945-2005]</em></p>
<p><a name="sdendnote12sym" href="#sdendnote12anc">12</a><em>N.d.T.</em><em>: En alemán “fusible” deriva de seguro</em>.</p>
<p><a name="sdendnote13sym" href="#sdendnote13anc">13</a>Ernst Lohoff, Out of Area – Out of Control. Warengesellschaft und Widerstand im Zeitalter von Deregulierung und Entstaatlichung, Streifz&#252;ge, Nummer 32, November 2004, S. 16. <em>[Out of Area – Out of Control. Sociedad de mercancías y resistencia en la era de la desregulación y desestatización, Revista Streifz&#252;ge, N° 32, Nov. 2004...]</em></p>
<p><a name="sdendnote14sym" href="#sdendnote14anc">14</a>Karl Marx, Glosas críticas marginales al artículo &#8220;El Rey de Prusia y La Reforma Social por un prusiano”, Ed. Etcétera, Barcelona 1977.</p>
<p><a name="sdendnote15sym" href="#sdendnote15anc">15</a>Friedrich Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra, Madrid: Júcar , 1980.</p>
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		<title>Sobre os assassinatos de Madrid</title>
		<link>http://www.krisis.org/2004/sobre-os-assassinatos-de-madrid</link>
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		<pubDate>Fri, 31 Dec 2004 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Lorenz Glatz]]></category>

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		<description><![CDATA[deutsche Version Publicado originariamente no site da revista Streifzuege (Vienna) em 15.03.2004 Se os enganos se desfazem Cabe-nos encarar o nada Como última companhia. Brecht Lorenz Glatz Duzentos seres humanos foram assassinados nos atentados contra os comboios suburbanos em Madrid, mais de mil ficaram feridos &#8211; os políticos de todos os países civilizados expressaram a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.krisis.org/2004/zu-den-morden-von-madrid">deutsche Version</a></p>
<p>Publicado originariamente no site da revista <em>Streifzuege</em> (Vienna) em 15.03.2004</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;"><em>Se os enganos se desfazem<br />
Cabe-nos encarar o nada<br />
Como última companhia.<br />
</em>Brecht</p></blockquote>
<p><em>Lorenz Glatz</em></p>
<p>Duzentos seres humanos foram assassinados nos atentados contra os comboios suburbanos em Madrid, mais de mil ficaram feridos &#8211; os políticos de todos os países civilizados expressaram a sua indignação, milhões de pessoas em Espanha e noutros países manifestaram-se pela constituição, pela democracia e contra o terror. A sociedade quer defender a sua ordem, em torno da qual as massas se coligaram em auto-controle democrático. Nação, estado, propriedade, trabalho, são jurados como princípios eternos. Nem os anti-imperialistas constituem excepção &#8211; a &#8220;luta de libertação nacional&#8221;, a própria &#8220;resistência islâmica&#8221; são para eles apenas métodos de tornar verdadeiramente válidos os sagrados princípios fundamentais.</p>
<p><span id="more-747"></span>Na raiva e no luto mistura-se porém um medo insondável, que vai para além do imediato e plenamente justificado receio de novos atentados. Por um lado desenvolve-se aqui uma nova espécie de terrorismo sobre a Europa, que já não tem qualquer objectivo politicamnete formulável &#8211; nem mesmo no sentido de uma finalidade, que ainda fosse realisticamente virada para a fundação de um estado ou para a conquista do poder estatal, na qual estivesse implicado um determinado grupo de pessoas. Em vez de uma brutal mas racional finalidade politicamente limitada, surge a (i)moral-irracional e não delimitável reivindicação de vingança e punição, se não a pura embriaguês sanguinária. &#8220;Vós amais a vida, nós a morte&#8221; é dito num video-confissão após os atentados de Madrid, acerca dos quais se diz ainda: &#8220;isto é uma resposta aos crimes que haveis cometido no mundo&#8221; &#8211; obviamente incluindo quaisquer pessoas sem distinção, até crianças e bébés.</p>
<p>O <em>label</em> dos grupos autores não está de modo nenhum claro. Há não apenas os mais diversos fundamentalistas islâmicos, desde a Al-kaeda até bandidos argelinos, mas também bons cristãos como o exército da resistência do Senhor no Uganda e eminências fascistóides como o autor do atentado de Oklahoma <em>in God&#8217;s own country</em>. Os atentados e massacres não visam simplesmente os &#8220;imperialistas&#8221; e &#8220;infiéis&#8221;, também os compatriotas são atirados pelos ares indiscriminadamente, como no midlewest americano, e vizinhos de outra etnia são esquartejados, como no Ruanda. O amoque dos indivíduos atingidos pelas contradições da ordem dominante está no ponto de se estender às forças sociais, cujo afecto congela numa logística impassível.</p>
<p>Isto conduz &#8220;por outro lado&#8221; ao profundo choque que o novo terrorismo desencadeia por todo o mundo e agora também na Europa. Tudo aquilo em cuja defesa contra o terror são chamadas as massas (e elas próprias se chamam) é mais duvidoso que nunca. A sociedade do trabalho faz dos companheiros concorrentes, produz desemprego e miséria e torna a agressividade e a depressão o estado de espírito habitual. Os estados tornam-se lojas de self-service para as empresas transnacionais, que já só podem simular a valorização. A democracia revela-se como auto-opressão e estupidificação. O progresso destrói a humanidade e a natureza e a protecção e difusão da <em>freedom and democracy</em> exigem intimidação, espionagem, estado policial, intervenção e ocupação militares, numa medida antes nunca vista. Em resumo: é precisamente o que aqui tem que ser defendido que conduz ao amoque e ao terror, que por sua vez levam a crise social mais longe, de modo que todas as medidas anti-terror (desde a repressão pelo Sr. Bush e Cª até à manobra de evitação do eleitor espanhol) que estão à disposição desta sociedade, a curto ou a longo prazo apenas podem acelerar o processo que causa precisamente aquilo que pretendia evitar. Um sistema hostil à vida como o capitalista a prazo apenas pode trazer o que lhe é inerente: assassinato e aniquilamento.</p>
<p>Em <em>itálico</em> palavras inglesas no original (N.T.)</p>
<p>Tradução de Ana Moura</p>
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		<title>EDITORIAL DE LA REVISTA «KRISIS»</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Dec 2002 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ohne thematische Zuordnung]]></category>
		<category><![CDATA[Español]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando hace más de dos años empezamos en el seno de la redacción de Krisis un replanteamiento detallado de la Ilustración, estábamos firmemente convencidos de que con semejante actitud nos pondríamos a una distancia bastante considerable del discurso social actual. La crítica de la Ilustración se presentaba como una empresa poco menos que esotérica, situada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando hace más de dos años empezamos en el seno de la redacción de Krisis un replanteamiento detallado de la Ilustración, estábamos firmemente convencidos de que con semejante actitud nos pondríamos a una distancia bastante considerable del discurso social actual. La crítica de la Ilustración se presentaba como una empresa poco menos que esotérica, situada muy lejos de los desarrollos empíricos en el interior del capitalismo de crisis globalizado y de los discursos sociales en vigor. Después de los atentados del 11 de Septiembre del año pasado, la situación se modificó de un modo radical. De la noche a la mañana los llamados valores occidentales de la libertad, de la igualdad y de los derechos humanos volvieron a ocupar el centro de todos los discursos de circunstancias. Olvidada quedó la crítica (aunque siempre inconsecuente) del universalismo abstracto de Occidente, tal como había pasado a estar de moda con el discurso posmoderno. Cuando la situación se torna grave, los sujetos de la mercancía vuelven a recordar al fin de cuentas sus fundamentos ideológicos, convirtiéndose en fundamentalistas.</p>
<p><span id="more-609"></span>El enorme alarido con que en los últimos tiempos la Ilustración vuelve a ser invocada, apunta, sin embargo, en el sentido de que este discurso, contrariamente a su propia imagen de la que tanto alardea, acaba por no ser tan «racional» como todo esto. Detrás de la fachada de los «valores occidentales», bastante deteriorada después de haber pasado trescientas primaveras, acecha indisimulablemente el miedo puro y duro. Atrás quedaron los tiempos en que parecía que la gente –desde que negáramos la realidad en la medida suficiente– podía establecerse con una comodidad razonable en los segmentos vencedores del mercado mundial, aunque una parte considerable del mundo se fundase en el hambre, la guerra y la destrucción. Después del estallido de la «nueva economía», no es sólo el proceso de crisis el que igualmente invade de una manera por completo perceptible la vida cotidiana de las clases medias metropolitanas. Lentamente va penetrando también en la conciencia cotidiana la constatación de que ya no existe ningún lugar seguro en este mundo. En una época de violencia fluctuante, hasta un vulgar día de oficina en Manhattan, una parada para llenar el depósito de gasolina en Washington, unos días de vacaciones en el Pacífico, o una velada de concierto en Moscú puede traer la muerte en cualquier momento.</p>
<p>Lo que resulta especialmente enojoso es la forma descarada en que los tonos racistas vuelven ahora a hacerse oír. Bajo la sensación de la amenaza se manifiesta la esencia de la Ilustración, que ya a principios de los años noventa había sido traída a la luz sin ningún rodeo por ideólogos influyentes como el filósofo-mayor de los conservadores, Samuel Huntington, después de haber permanecido un tanto en la sombra en los tiempos del boom fordista de la posguerra y bajo los auspicios de la denominada «competencia entre sistemas». Esto no tiene nada de nuevo. Desde siempre la razón de la Ilustración constituyó esencialmente un intento «de alejar el miedo que ella misma es la primera en crear», como B&#246;hme y B&#246;hme lo expresaran acertadamente en Das Andere der Vernunft («El otro de la Razón»). El miedo a su propia violencia y brutalidad y a su propio potencial destructivo que nunca pudo admitir ante sí misma, viéndose, por eso, obligada siempre a reprimirlo y proyectarlo sobre un «otro» ficticio.</p>
<p>Por sí solo, el renacimiento del discurso colonialista y racista se presenta como sumamente grotesco en una época en que la totalidad del globo terrestre, al final de un largo proceso histórico, se halla totalmente entregado al imperio de la producción de mercancías. En los tiempos del colonialismo, los conquistadores occidentales del mundo aún se toparon al menos con culturas y sociedades diferentes, a las cuales, con todo, nunca aceptaron como tales, construyéndolas siempre como imagen contraria proyectiva del propio Yo ilustrado, que sólo se definía a través de la misma. Desde el punto de vista de la razón occidental, se las consideraba como prisioneras de la naturaleza, impulsivas, avasalladas por deseos sensuales descontrolados, perezosas, violentas, supersticiosas, bárbaras y así sucesivamente. De este modo, no sólo se justificaba cualquier crueldad colonialista como «civilizadora», sino que además la Ilustración se volvía inmune al mismo tiempo a cualquier crítica radical por retirarse a sí misma del seno de la Historia. Como supuesto punto culminante del desarrollo civilizador, la Ilustración podía pretender constituir el modelo a partir del cual todo lo demás debía ser juzgado. Sucede, sin embargo, que Occidente, en lo que se refiere al islamismo, tiene que vérselas también de una manera muy real con un fenómeno profundamente moderno. Si éste es interpretado, a pesar de todo, dentro del viejo patrón colonialista, imputando, por ejemplo, acciones terroristas al Corán y a la Sharia, tal cosa constituye desde luego una doble represión. No sólo se reprime que este supuestamente otro es una construcción, algo imaginario, lo inverso de la razón de la Ilustración, y que se encuentra tanto lógica como históricamente asociado inseparablemente a ella, sino también el hecho de que aquello que hoy se perfila como una amenaza al mundo del capitalismo que, al fin de cuentas, parece ser tan pacífico y digno de vivirse, es el producto más genuinamente propio de la historia de la imposición de este último y de su correspondiente fracaso.</p>
<p>Son numerosos los lapsus traicioneros que dejan entrever cuán estrecho es el parentesco entre la locura por la guerra santa de Occidente y la de sus adversarios del recientemente inventado «imperio del mal». Es éste el caso de un editorial desbordante de retórica democrática del jefe de redacción del semanario Die Zeit, Josef Joffe, publicado poco tiempo después de los atentados contra el WTC y el Pentágono (Die Zeit, 31.10.2001). «Visto que el terror se encuentra alojado como un parásito en el tejido de la globalización, los Estados, con sus medios violentos para imponer su poder, tienen que colocar al mal en cuarentena y eliminarlo enseguida sin dañar al &#8216;huésped&#8217;. Sin globalización no [habría] libertad de movimiento ni crecimiento; bin Laden habría alcanzado su objetivo». Aquí no falta nada: la metáfora biológica del parásito y del huésped saludable, la fantasía conspirativa y el deseo de eliminación –con la única diferencia de que ahora ya no es el «judaísmo internacional» el que amenaza al buen capitalismo del trabajo honesto, sino el terror islámico. Así se va juntando lo que junto debe estar.</p>
<p>Todo lo que está sucediendo y preparándose actualmente en el mundo es suficiente sin duda para hacernos palidecer de miedo. No obstante, es la propia racionalidad realizada de la Ilustración la que aquí se hace visible. Tanto más abyecto se presenta el intento cuanto más se pretende limpiarlo de toda mácula. Son precisamente intelectuales de izquierda –o quienes en tiempos lo fueron– los que participan en este juego poco apetitoso con especial ahínco. En el Merkur, por ejemplo, tuvimos ocasión de descubrir, después de los atentados, la sabiduría de taberna de que el problema consistiría en que el islam no habría pasado por ningún período ilustrado; y en una edición más reciente, bajo el título de «Risa», los editores Scheel y Bohrer conciben la original idea de que, en los países árabes, la auto-ironía no estaría en su lugar–contrariamente, como es natural, a la risa desdeñosa de Occidente que contendría la fuerza de la negación del respeto y del autodistanciamiento. Lo que es risible es esto. Sin embargo, la cuestión es mortalmente seria. No sólo se trata de cavar una trinchera contra los diablos islámicos, sino también de levantar una defensa profiláctica contra cualquier hipótesis de una crítica fundamental del capitalismo, a la que se pretende descalificar desde ya como «enemiga de la civilización».</p>
<p>Hasta la llamada «sociedad de la diversión», sinónimo de una alegría consumista de dientes apretados, se le aparece de pronto al Merkur como una conquista civilizadora que tiene que ser defendida contra los fundamentalistas islámicos y los críticos pesimistas de la cultura. ¿La «comedy show» de la RTL [canal de televisión alemán] como estadio final de la Ilustración? De hecho, la verdad no está muy lejos de esto. Pero quien no quisiera ver en ello más que la forma de una autocrítica involuntariamente cómica, en el fondo sólo puede ser un miembro de Al-Qaeda o, como mínimo, un simpatizante. En este punto, todos los demócratas están de acuerdo, de Condoleeza Rice a Samuel Huntington, pasando por Joschka Fischer y Oriana Fallaci, hasta los Savonarolas bonsai de las sectas «antialemanas».</p>
<p>Una crítica radical de la Ilustración, tal como la iniciáramos en el número 25 de Krisis y la proseguimos ahora en el presente número, tiene que contar, frente a esta constelación, con unas resistencias que en modo alguno se encuentran sólo circunscritas al plano del discurso racional. Esto constituye una dificultad que no se debe subestimar. De forma inversa, sin embargo, ello no significa, como es evidente, que cualquier crítica de la crítica no sea apenas una maniobra defensiva impregnada por la Ilustración. No hay duda de que nos movemos aquí en un terreno difícil. En un caso como éste, las controversias son inevitables y hasta imprescindibles. Va de suyo que el sondeo de este terreno nos deberá mantener ocupados aún por algún tiempo. De cualquier modo, muchas cuestiones sólo encontrarán su sitio conforme vayamos avanzando, y no son pocas las que no son pacíficas ni siquiera dentro del círculo de las autoras y los autores de Krisis. A título de ejemplo, éste es el caso de la pregunta por el posicionamiento de la crítica, tal como Anselm Jappe la formula, en este número, en el artículo «Una cuestión de punto de vista». Más allá de esta contribución, el enfoque en la crítica de la Ilustración prosigue con los artículos «Ontología negativa», de Robert Kurz, y «El descenso al infierno del Yo», de Karl Heinz Wedel, así como en «Práctica emancipatoria y teoría crítica de la felicidad», de Roger Behrens. El debate en torno de la tecnología genética, inaugurado en el número 24 de Krisis y proseguido en el último número, tiene continuidad en una colaboración externa cuyo tema es la embestida capitalista sobre el genoma humano: «El renacimiento del hombre biológico», de Birgit Niemann. La autora es bióloga molecular y miembro de la Asociación Gen-Ethisches Netzwerk [Red en pro de una Ética Genética]. En el artículo «¿Habrán sido los situacionistas la última vanguardia?», Anselm Jappe se adentra en la relación entre el fetichismo y el arte moderno, mientras que Franz Schandl presenta, en «Al final del derecho», algunas tesis sobre la subversión de la forma del derecho y Robert Kurz, en «Las calamidades naturales de la sociedad», analiza el modo en que las naturalezas primaria y secundaria son deglutidas y destruidas en el caso de las cada vez más frecuentes inundaciones y sequías catastróficas.</p>
<p>Resta sólo señalar que, casi simultáneamente con esta edición de Krisis, ha aparecido también, en la colección Krisis de la editorial Horlemann, el nuevo libro de Robert Kurz: La guerra de ordenamiento mundial. El fin de la soberanía y las metamorfosis del imperialismo en la era de la globalización.</p>
<p>Norbert Trenkle, por la redacción (diciembre de 2002)</p>
<p>Traducción alemán-portugués: Lumir Nahodil</p>
<p>Traducción portugués-español: Round Desk</p>
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		<title>Apresentação do Manifesto contra o Trabalho</title>
		<link>http://www.krisis.org/2001/apresentacao-do-manifesto-contra-o-trabalho</link>
		<comments>http://www.krisis.org/2001/apresentacao-do-manifesto-contra-o-trabalho#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 31 Dec 2001 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Español]]></category>
		<category><![CDATA[Norbert Trenkle]]></category>

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		<description><![CDATA[Norbert Trenkle Lisboa, Livraria Ler Devagar, 02.06.2001 Quiero decir unas cuantas palabras para iniciar sobre el Grupo Krisis y la Revista KRISIS. No quiero extender este enunciado, sino más bien dar una cierta expresión de lo que es. En primero lugar KRISIS es una revista teórica de crítica social, que aparece en lengua alemana desde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Norbert Trenkle</em></p>
<p>Lisboa, Livraria Ler Devagar, 02.06.2001</p>
<p>Quiero decir unas cuantas palabras para iniciar sobre el Grupo Krisis y la Revista KRISIS. No quiero extender este enunciado, sino más bien dar una cierta expresión de lo que es.</p>
<p><span id="more-587"></span>En primero lugar KRISIS es una revista teórica de crítica social, que aparece en lengua alemana desde el año 1986 y salió de un contexto de la izquierda del movimiento de 1968. Un grupo de personas que pasaron por diversos grupos comunistas y marxistas llegaron a un punto, donde realizaron que la crítica desarrollada por el marxismo, la crítica de la sociedad capitalista, había llegado a sus límites y que había que ir más allá de ella, es decir, también criticar al marxismo. No de un punto de vista como es muy de moda hoy día, decir que el marxismo estaba completamente errado y que la sociedad capitalista es la mejor sociedad que se pueda obtener, sino del punto de vista que el marxismo mismo no era suficientemente radical en su crítica.</p>
<p>Y con esa perspectiva, que el grupo adquirió a mitades de los años 80, empezó a releer las obras de Marx y de teóricos del así llamado marxismo occidental, como Luckács, la Escuela de Frankfurt y otros. Saliendo de allí empezamos ya a desarrollar una crítica basada sobretodo en la crítica de la mercancía y del valor, o mejor dicho, en la crítica del fetichismo de la mercancía y del valor, que consideramos como parte esencial de la obra de Marx. De ahí se desarrolló toda una serie de críticas radicales de la sociedad moderna, llegando hasta la crítica de la política, la crítica de la democracia, de la dominación patriarcal y, lo que fue muy esencial, hasta una crítica del trabajo.</p>
<p>Empezamos a realizar esta crítica del trabajo ya al final de los años 80 en un contexto social muy diferente al que vivimos hoy. En aquel tiempo al menos en ciertos segmentos de la sociedad, existían ciertas formas de crítica al trabajo, críticas quizás no muy coherentes y bastante inconsecuentes, pero eran puntas de referencia. Sin embargo en los últimos años en el discurso oficial, cada vez más se empezó a reafirmar el &#8220;valor del trabajo&#8221; &#8211; el valor ético, moral y político &#8211; justamente en una situación donde cada vez más personas están desempleadas o sin un trabajo a condiciones más o menos aceptables. Y en ese contexto fue que decidimos publicar el Manifiesto contra el Trabajo &#8211; como una provocación. Fue una provocación que causó repercusiones bastante fuertes, no sólo en Alemania, sino también en otros países donde se publicó, por ejemplo en Brasil. Después las compañeras y los compañeros de Fortaleza y Sao Paulo van a relatar un poco sobre el eco que tuvo el Manifiesto tal como otros textos también en su país.</p>
<p>Voy a tratar de dar una pequeña introducción a lo que es la crítica del trabajo que pronunciamos, sin extenderme demasiado, porque quiero dar tiempo a la discusión. Para comenzar mi pequeña palestra quiero referirme a una mánchete de un periódico de Alemania, Bild-Zeitung, que tiene una difusión de 5 millones ejemplares, un periódico de tipo yellow press muy populista. El chanciller Gerhard Schr&#246;der el 6 de Abril de este año dijo en una entrevista con ese periódico: &#8220;No hay un derecho a la pereza&#8221;, referiendose implícitamente al libro de Paul Lafargue, El Derecho a la Pereza. Claro que el lector común de ese periódico no conoce Paul Lafargue, nunca escuchó ese nombre. Pero sin embargo entiende de un cierto modo la insinuación. Cuál fue el mensaje de Schr&#246;der? Que la causa del desempleo de masas no es la dinámica de la economía capitalista, sino que culpable es la gente que no quiere trabajar y prefiere &#8220;aprovecharse&#8221; del estado social, de la &#8220;comunidad&#8221; y todo este sermón. Lo que nos sorprendió a nosotros mismos un poco, fue que la polémica tuvo una repercusión muy positiva en casi todos sectores de la sociedad. &#8220;Si, si, es verdad, hay mucha gente que se aprovecha, que no quiere trabajar, no puede ser … etc.&#8221;. Y claro, en consecuencia de esto, las restricciones contra los desempleados aumentan. Cortan el subsidio, aumentan la presión de aceptar cualquier tipo de trabajo, a pésimas condiciones y mal pagado, diciendo: &#8220;Si tu no aceptas eso, no recibes más dinero&#8221; y cosas por el estilo. Pero por qué gran parte de la población se identifica con esta polémica? Por qué cree que los desempleados son culpables de una situación, que obviamente es resultado de la enorme productividad que desarrolló el capitalismo, el cual ya no es capaz de organizar el trabajo a un nivel generalizado?</p>
<p>Realmente es paradójico. La productividad aumenta cada vez más, hay cada vez más potenciales de producir riquezas sociales, pero bajo condiciones capitalistas esos potenciales no se pueden movilizar para que todo el mundo participe de la riqueza – riqueza material y riqueza de tiempo disponible. Al contrario. Se produce una escisión a nivel global. Una minoría trabaja en el sector minoritario de productividad técnica altísima, mientras que la mayoría de la población mundial de un punto de vista capitalista es superflua; lo que significa que es expulsada del sector de trabajo más o menos regulado y tiene que ganarse la vida bajo condiciones pésimas, muy mal pagadas, extremamente precarias. En ambos sectores la presión de desperdiciar cada vez más tiempo de vida trabajando aumenta y también competición se agudiza de forma exorbitante, siendo al mismo tiempo la repartición de las riquezas materiales extremamente desigual. En los centros capitalistas, sobre todo en Europa, este proceso de escisión todavía es frenado o mejor dicho: es retardado, por la existencia de lo que resta del estado social. Pero este es reducido continuamente, lo cual lleva a una continua expansión del sector precario también aquí.</p>
<p>Entonces, siendo bastante obvio que la causa del desempleo de masas y de la precarización es la dinámica estructural capitalista, por qué esa polémica culpando a los desempleados, a la gente que supuestamente no quiere trabajar, tiene esta repercusión? La razón básica de esto es que el trabajo es y sigue siendo el fundamento de la sociedad moderna capitalista. Sigue siendo el fundamento no sólo materialmente – voy a explicar eso un poco más después – sino también es el fundamento psicosocial, implantado en las cabezas, en la consciencia misma de las personas, que todas son – o mejor dicho: somos &#8211; constituidas de modo capitalista. Todo el mundo hoy día se socializó en esta sociedad tal como existe y está impregnado por ella. El capitalismo no es una cosa externa, sino está dentro de las personas mismas. Y el trabajo es uno de los momentos fundamentales de la constitución psicosocial.</p>
<p>Entonces que pasa? Uno de los principales fundamentos de la sociedad, el trabajo, se esta quebrando. Todo el mundo se da cuenta de eso, se da cuenta que hay un desempleo cada vez más grande y las condiciones de trabajo se empeoran. Se comenta esto en los periódicos, en los estudios sociológicos y por supuesto también es una experiencia cotidiana. Hace 25 años, 30 años, este saber esta presente en la consciencia social. Pero al mismo tiempo la identificación con el trabajo como el centro de la propia vida es casi completa. En consecuencia de esto se produce una situación contradictoria. Justamente porque el fundamento social se quiebra hay una tendencia muy fuerte de querer restablecerlo, de reafirmar el trabajo de modo fundamentalista. Se establece pues un fundamentalismo del trabajo bastante generalizado. Esta es una razón psicológica muy importante, porque una polémica como la del chanciller alemán – Tony Blair y otros, especialmente socialdemócratas, hacen lo mismo – tiene una repercusión tan grande.</p>
<p>Que significa decir que el trabajo es la base, el fundamento material de la sociedad capitalista? Tradicionalmente se hacía la afirmación, que el trabajo es el fundamento de toda sociedad. Esa era sobre todo la respuesta marxista: el trabajo es el fundamento de toda sociedad, desde el principio de la cultura hasta el comunismo. Yo niego esto. Claro que cualquier sociedad siempre ha tenido la necesidad de producir bienes de alguna forma. Siempre hubo necesidad de producir alimentos, construir casas, vestimenta y otras cosas por el estilo. Cualquier sociedad tiene que producir de algún modo. Pero esa producción de medios de existencia, de medios de vida en un sentido amplio, en todas las sociedades no capitalistas nunca constituyó el centro de la sociedad, no fomentaba la sociedad misma, no la constituía. No era el trabajo, no era la producción, sino eran otros factores, otros momentos, como por ejemplo las relaciones de consanguinidad, de parentesco, las relaciones religiosas, que constituían el contexto social y dentro de ese contexto social, de alguna forma u otra, se producían bienes para sustentar la sociedad. Mientras que en la sociedad capitalista es al revés. Aquí el trabajo tiene la función de constituir la sociedad, es lo que forma la sociedad misma. Y dentro de este contexto social formado y constituido por el trabajo, claro, existen otras relaciones y esferas que no son directamente definidas por la lógica del trabajo y la economía: la esfera privada, las relaciones de género, la esfera política, la esfera cultural etc. Esta forma de constitución social es una especificidad de la sociedad capitalista. Me parece muy importante subrayar esto, pero es necesario acercarnos un poco más, para entenderlo mejor. Si yo digo que en la sociedad capitalista el trabajo constituye la sociedad, esta función no la puede realizar siendo nada más que una actividad para producir bienes concretos de uso, sino porque el trabajo es una actividad de producción abstracta. Eso no significa que no se produzcan bienes concretos, pero el fin de la producción no es el uso concreto, sino es un fin abstracto. Se producen bienes para ser representantes de valor. Y el valor no es otra cosa que trabajo pasado, trabajo muerto.</p>
<p>Estos bienes que se producen como representantes de trabajo muerto son mercancías. Pero estas mercancías no se producen para un intercambio simple, en el sentido en que yo produzco un pan, tu produces una docena de huevos, yo te doy pan, tu me das huevos, y se acaba el asunto. No. No se producen mercancías para el intercambio directo, sino esas mercancías son producidas en relación a un fin antepuesto. Y ese fin antepuesto es la producción de valor para la valorización del capital. Es lo que se puede llamar &#8211; y Marx lo llamó así &#8211; &#8220;un fin en si mismo&#8221;. Por qué es un fin en si mismo? Porque la razón por la que se produce es la de aumentar una cierta cantidad de valor que es representado en dinero. Dicho de un modo simple: Valorización del capital, al fin y al cabo, no es otra cosa que invertir una cierta suma de dinero para producir mercancías, venderlas y obtener al final de este proceso una suma de dinero más grande. Al principio del proceso y al fin del proceso encontramos la misma cosa abstracta: valor representado por dinero. El dinero es una cosa totalmente abstracta; abstracta porque abstrahe del contenido concreto de lo que se produce y de lo que se compra o vende por medio de el. No interesa si se produce pan, si se producen casas u hospitales, o si se producen armas o automóviles para un sistema de transporte totalmente destructivo e irracional. No interesan de ninguna forma ni los usos concretos de los productos, ni las consecuencias del proceso de producción de esos productos, ni tampoco las consecuencias del consumo de estos productos – que serían por ejemplo las consecuencias ecológicas del sistema automovilístico. Por supuesto siempre se producen cosas concretas, pero esas cosas concretas están siempre relacionadas, están subsumidas al fin abstracto de producción.</p>
<p>Decir que el trabajo constituye la sociedad siempre presupone este proceso autoreferencial que encuentra su fin en si mismo. El trabajo constituye la sociedad tal como la sociedad es constituida por la producción de mercancías y por la valorización del capital. Son tres aspectos del mismo sistema. Solamente en esta forma el trabajo constituye la sociedad y solamente una sociedad así puede ser llamada sociedad de la mercancía. Muchas sociedades no capitalistas han producido mercancías también en otro contexto &#8211; siempre para el intercambio directo. PPero solamente la sociedad capitalista es la sociedad total de la mercancía, una sociedad donde todas las relaciones son subsumidas a la lógica de la mercancía.</p>
<p>Describir a la sociedad moderna de este modo significa, también, cambiar la perspectiva en cuanto a la relación entre capital y trabajo, o entre el capital y clase trabajadora. Porque no sólo el capital representa ese fin en si mismo, que se define por el proceso: dinero &#8211; producción de mercancías &#8211; más dinero; también el trabajo lo representa. Claro, la persona misma que vende su fuerza de trabajo no lo hace por trabajar sino para poder sobrevivir; vende su fuerza de trabajo como mercancía para poderse comprar las mercancías que necesita para vivir. De este punto de vista inmediato el trabajo no viene a ser un fin en si mismo sino un fin para algo diferente: la compra de medios de subsistencia. Pero sin embargo esto es sólo un momento particular y un punto de vista particular dentro del presupuesto proceso autoreferencial de la valorización. Materialmente cualquier fuerza de trabajo constituye parte integral de la gran maquinaria autoreferencial de producción por la producción misma, que no para de producir, aunque destruya las bases sociales y naturales de la sociedad. No para de producir porque no puede parar de producir, sin quebrar con su propia lógica, una lógica que requiere una dinámica constante de producción, porque consiste meramente en aumentar esa abstracta categoría, ese fetiche denominado &#8220;valor&#8221;. El trabajo no sólo participa en este proceso, sino constituye su esencia . El valor es trabajo muerto.</p>
<p>Y esto se nota muy bien, cuando personas se ven obligadas de una forma u otra defender sus puestos de trabajo. En esta defensa no preguntan: Hace sentido lo que estamos produciendo? No será hasta peligroso para mi propia vida? Aunque sea una planta atómica, no importa, los puestos de trabajo se defienden con todos los medios posibles. En esta defensa no se pregunta por el fin concreto de lo que se produce ni por las consecuencias posibles o reales; lo único que interesa es poder seguir vendiendo su mercancía: la fuerza de trabajo. Pero ser materialmente parte integral de esta maquinaria gigante de valorización requiere, también, identificarse con ella mentalmente e ideológicamente. No es así que los individuos modernos tengan una relación distanciada al trabajo. No lo definen meramente como una función cualquiera necesaria para ganar dinero, en el sentido: trabajo, gano dinero y se acabó. Sino lo consideran honroso trabajar y de ganarse la vida trabajando en vez de ser &#8220;perezoso&#8221;. Pero esto no es todo. Además el mecanismo del trabajar, es decir, del funcionar dentro de la maquinaria de la valorización, está implantado en la misma psique de los individuos socializados en forma capitalista. Por eso sienten la necesidad de estar constantemente en movimiento de alguna forma aunque no estén trabajando en el sentido estricto de la palabra. No pueden parar de moverse, sienten siempre necesidad de hacer algo, no son capaces del ocio. Quizás en Alemania este fenómeno esta más presente que aquí en Portugal, pero creo que la tendencia es la misma. Es la tendencia de continuar en el ritmo del trabajo incluso afuera del trabajo, de pasar el tiempo libre practicando actividades que tienen carácter de trabajo como sería por ejemplo todo ese culto del deporte, del Body Building, pero también la &#8220;diversión&#8221; sin pausas dentro de la industria cultural. En este sentido se puede decir que también psíquicamente el trabajo se establece como fin en si mismo en los individuos modernos.</p>
<p>Bueno, visto de este modo hay que reevaluar la relación entre trabajo y capital &#8211; y analizarla de una forma muy diferente a lo que hacía el marxismo tradicional. En la perspectiva del marxismo tradicional, como todo mundo sabe aquí, la lucha de clases era el punto esencial. Sólo la clase trabajadora era supuestamente capaz de superar al capitalismo. Esta creencia se justificaba con el argumento, que la clase trabajadora tendría intereses antagonistas al capital. Entonces era lógico concentrarse en la clase trabajadora como el sujeto de la revolución. Pero si cambiamos la perspectiva, como traté de esbozarlo ahora, este punto de vista es desvalidado. Claro que los intereses de capital y trabajo son contrarios de cierto modo: las luchas por sueldos más altos, por mejores condiciones de trabajo, por derechos de representación etc. no concuerdan inmediatamente con el interés del capital de aumentar su ganancia. Pero estos intereses contrarios están radicados dentro de un sistema social común. Dentro de este sistema social común existen dos polos, capital y trabajo (existen otros intereses también, pero estoy hablando del punto de vista del marxismo tradicional). Y estos polos luchan entre si, por supuesto, pero esta lucha no sobrepasa ni supera por si mismo la constelación social que constituye el margen o la base común.</p>
<p>En perspectiva histórica se puede decir que por un cierto período aparentaba que la lucha de clases iba más allá del capitalismo. Porqué? Yo diría que la razón principal que produjo esta apariencia fue, que en ese período, sobretodo la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, el capitalismo todavía no estaba desarrollado totalmente según su propia lógica. Que significa esto? Bueno, según la lógica inmanente del capitalismo, si lo vemos como una sociedad de mercancía total, cada productor y vendedor de mercancías debe ser portador de derechos. Y el trabajador, del punto de vista formal, no es otra cosa que un vendedor de una mercancía, de la única mercancía que posee: su fuerza de trabajo. Pero en el período del que estamos hablando no poseía los derechos correspondientes a un vendedor de mercancía. Las clases proletarias, las clases trabajadoras en el siglo XIX y el inicio del siglo XX no tenían derechos de representación política, de coalición en sindicatos, no eran portadores de derechos de ciudadano; no poseían estos derechos básicos que, por la lógica misma del capitalismo, corresponden a cualquier vendedor y productor de mercancías. Entonces: cual fue el objetivo inconsciente de la lucha de clases? Fue la realización de estos derechos. Claro que las clases burguesas no renunciaron voluntariamente a sus privilegios, sino los defendieron con todos los medios posibles. Pero esto no era la defensa contra una superación del capitalismo – aunque las dos partes luchantes imaginaban esto –, sino contra la superación de una cierta fase del desarollo capitalista. Por consecuencia el resultado de las luchas de clases fue la realización de una sociedad, donde todo el mundo es portador de los mismos derechos, donde la existencia de sindicatos, de legislación social, de derechos de trabajo corresponde a la normalidad. Esto por supuesto no significa el fin de la explotación humana, de la represión y de las desigualdades sociales (que al contrario son cada vez más grandes) etc., pero todo esto se realiza dentro de la forma establecida y generalizada del Estado democrático y de derecho, siendo este la forma política correspondiente a la sociedad de la mercancía.</p>
<p>En ese mismo proceso histórico de la realización y generalización de la sociedad capitalista como sociedad total de la mercancía, se reveló de forma cada vez más clara la identidad sistémica de capital y trabajo. Veamos por ejemplo las expresiones ideológicas de los representantes del movimiento operario, que iban más o menos así: &#8220;Estos capitalistas no trabajan! Nosotros trabajamos, ellos no trabajan, son parásitos, no hacen nada. Nosotros somos el fundamento de la sociedad porque trabajamos!&#8221; Esta es exactamente la misma polémica que las clases burguesas sustentaron contra las clases feudales en el siglo XVIII: &#8220;Nosotros somos los que trabajamos! Estos condes, duques y otros nobles no trabajan nada. Nosotros somos los que representamos la sociedad&#8221;. El movimiento operario no hizo otra cosa que retomar esta polémica y la dirigirla contra la burguesía. Con esto sin duda aumentó su autoconfianza y ganó aceptación pública. Pero cómo? Identificándose ofensivamente con su supuesto enemigo: la clase burguesa. Para esta, por el otro lado, no fue nada difícil de demostrar que ella por supuesto también trabajaba y no era de ninguna forma &#8220;perezosa&#8221;. Henry Ford, por ejemplo, se autodenominó a si mismo como &#8220;el primer trabajador de mi compañía&#8221; &#8211; tal como el rey prusiano Federico II dijo: &#8220;yo soy el primer empleado de mi estado&#8221;. Y no mintió para nada. Porque obviamente los funcionarios del capital, los managers y empresarios trabajan. Y muchas veces trabajan de una forma extremamente fuerte, 11, 12, 15 horas al día no son nada excepcionales. Claro, trabajan al nivel más alto de la jerarquía social, ganan un montón de dinero, pero lo ganan, haciéndose esclavos del proceso de la valorización del capital tal como el trabajador en la fábrica o la vendedora en un supermercado. También ellos tienen que obedecer a aquel fin en si mismo abstracto que no concede perdón a nadie. Los capitalistas no dominan ese proceso automático sino son dominados por el, son funcionarios de su dinámica constante.</p>
<p>Poco a poco esta realidad social se fue aceptando de forma afirmativa, declarándola como una especie de segunda naturaleza. Esto llegó hasta el punto en el que hoy día se está reclamando cada vez más, que los trabajadores mismos se vean a ellos como empresarios, como &#8220;empresarios de su fuerza de trabajo&#8221;. Ideológicamente esto es bastante consecuente, pues si el empresario es trabajador, también el trabajador es empresario. Pero esta inversión de la identidad de los dos polos no se establece casualmente en el momento actual. Tiene la función de legitimar la deregulación del mercado de trabajo en una situación de crisis del trabajo en la que hay cada vez menos segmentos de trabajo fijo y cada vez más segmentos de trabajo variable, precario, mal pagado. Ideológicamente se vende esta situación con una apología al empresario, diciendo: &#8220;ya no somos trabajadores, somos todos empresarios&#8221;. Se habla, de las relativas ventajas de un puesto de trabajo fijo como comodidades anticuadas y como una especie de barrera para realizar su &#8220;individualidad&#8221;; y se describe la vida del &#8220;nuevo empresario&#8221; como &#8220;individuo creativo&#8221; que no se deja restringir por las reglas formalizadas, por la burocracia y cosas por el estilo, sino que esta feliz de estar constantemente en movimiento y de no tener un puesto de trabajo definido.</p>
<p>Lo aterrante es que esta ideología es adaptada en gran estilo. Yo por ejemplo conozco muchas personas de mi propia generación, que hace diez años u ocho años todavía no se identificaban para nada con el trabajo. Trabajaban sólo lo necesario, para mantenerse o trataban de vivir del seguro social. Pero hoy son pequeños empresarios, trabajan con computadoras o en la publicidad, no ganan mucho, pero se identifican con lo que están haciendo, trabajan 15 horas al día y están orgullosas de esto. Muchas veces también son sólo pequeños empleados en condiciones precarias, sin contratos de trabajo a largo plazo, estando obligados a tener varios empleos precarios a la vez, pero se definen realmente como empresarios de su propia existencia y se sienten orgullosos de su &#8220;flexibilidad&#8221;.</p>
<p>Entonces estamos enfrentados a una situación paradójica, contradictoria: la crisis del trabajo, la crisis de la sociedad del trabajo, de la sociedad de producción de mercancías viene acompañada por una identificación extremamente grande con el trabajo &#8211; como ya demuestran las reacciones al ataque contra los &#8220;perezosos&#8221; por parte de Schr&#246;der. Es decir, la base material de la sociedad del trabajo se está quebrando y al mismo tiempo se produce un fundamentalismo del trabajo, que quiere lograr lo imposible: restablecer esta base. Confieso, que hace unos diez o doce años yo tenía un poco la esperanza, que con el derrumbe de la base objetiva del trabajar, también la ideología del trabajo iba a ser quebrada. Claro, hay que tener en cuenta también, que en ese tiempo el clima social era otro. Hoy día la situación se presenta muy distinta. Sin embargo no quiero decir, que la identificación con el trabajo es total y hermética. Existen siempre muchas contradicciones no sólo económicas y sociales sino también ideológicas. Por ejemplo aquella contradicción, que es muy conocido, que el trabajo esta siendo eliminado por el permanente aumento de la productividad y a pesar de esto se denuncian a los desempleados a ser culpables de este proceso. Es muy obvio que esta es una argumentación irracional &#8211; sin embargo funciona.</p>
<p>Una cosa hay que dejar muy en claro: no existe ningun automatismo emancipatorio producido por la crisis a nivel objetivo. No. Las reaccionen con las cuales las contradicciones del sistema son &#8220;resueltas&#8221; pueden ser totalmente contrarias a un impulso de liberación del sistema.</p>
<p>En este contexto hay que ver el tremendo aumento del racismo, que casi siempre está relacionado con la ideología del trabajo; lo que demuestran expresiones como por ejemplo: &#8220;Esta gente que viene aquí, estos negros no quieren trabajar, se aprovechan de nuestro sistema social&#8221; y cosas por el estilo. O por el otro lado acusando a los inmigrantes de &#8220;apropiarse&#8221; de los puestos de trabajo. Claro que estas dos formas de denuncia racista se contradicen: Si uno no quiere trabajar no puede ser al mismo tiempo un rival en la lucha por los puestos de trabajo. Las dos cosas no pueden ser a la vez. Pero en la ideología racista &#8211; como en cualquier otra ideología también &#8211; esto no constituye ningún problema, porque no se trata de argumentar de forma racional y coherente. El racismo tal como otras ideologías que produjo el capitalismo en su larga historia –sobre todo el antisemitismo -, toman auge en la crisis porque permiten definir a supuestos culpables y de esta forma reafirmar a la sociedad tal como es.</p>
<p>Estamos pues en una situación bastante difícil para pensar en la formación de un movimiento social emancipatorio. No existe un interés social especifico del que se pueda decir, que sea antagonista al capital y con esto al sistema capitalista. No existe una clase social (y tampoco nunca existió y nunca va a existir), que se pueda definir como potencial sujeto revolucionario. Y esto significa, que las estrategias revolucionarias del marxismo tradicional – y dicho de un modo más amplio: de la izquierda tradicional – hay que hecharlas a la basura; estrategias que consistían esencialmente en el intento de despertar al supuesto sujeto revolucionario por medio de agitación y propaganda y de organizarlo en la forma de partido.</p>
<p>Pero entonces: que hacer? No existe respuesta simple para esto. Lo que se puede decir, es que por un lado es absolutamente necesario llevar a cabo y fomentar las luchas contra la creciente presión y represión económica, social y policial que aumenta, cuanto más avanza el proceso de la crisis. Pero estas luchas sólo pueden ser poderosas, si ponen en duda la lógica vigente de la valorización y de la mercancía, si no la aceptan como forma social insuperable. De otro modo siempre pueden ser chantajeados fácilmente teniendo que aceptar por ejemplo que los subsidios sociales &#8220;tienen&#8221; que ser reducidos porque la competencia global no permite otra alternativa o que viviendas no &#8220;pueden&#8221; ser ocupadas, porque esto viola del derecho de la propiedad privada etc.</p>
<p>Contra este chantaje ideológico y práctico, que es una de las causas principales, por la que los movimientos sociales en todo el mundo han decaído en los años ochenta y noventa, es imprescindible llevar adelante y ampliar un discurso de critica radical de la sociedad de la mercancía y del trabajo y de todas sus instituciones, como vienen a ser principalmente el estado, el mercado y la dominación patriarcal. Un discurso así puede ser capaz de crear puntos de orientación y de referencia, para las múltiples luchas particulares y para que a partir de ellas se pueda desarrollar un movimiento anticapitalista a la altura del siglo XXI.</p>
<p>(Texto gentilmente revisto pelo autor)</p>
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		<title>Capitulación ante el capitalismo</title>
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		<pubDate>Sun, 31 Dec 2000 00:00:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La última batalla del marxismo tradicional]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>La última batalla del marxismo tradicional</h3>
<h4><a href="http://www.krisis.org/2000/kapitulation-vorm-kapitalismus">Deutsche Version</a> &#8211; <a href="http://www.krisis.org/2009/a-capitulacao-perante-o-capitalismo">Versão portuguêsa<br />
</a></h4>
<p>Revista konkret (Hamburgo) 7/2000</p>
<p><em>Norbert Trenkle</em></p>
<p>El marxismo tradicional apenas evita tanto ningún otro pensamiento como el del límite histórico absoluto del sistema productor de mercancías de la modernidad. Parece como si se reflejase la propia derrota inagotada en la convicción de que el capitalismo disfruta de algo así como una vida eterna, de que es infinitamente flexible y capaz de transformación y, por eso, fundamentalmente en situación de superar toda crisis y de volver no dañina toda oposición mediante la integración. Hay que señalar que esa convicción une las posturas más diferentes a través de todo el espectro del marxismo tradicional y, por ello, el rechazo del diagnóstico de derrumbamiento forma también un denominador común de la crítica al <em>Schwarzbuch Kapitalismus</em>, el <em>Manifiesto contra el trabajo</em>, el libro <em>Feierabend</em> y otras publicaciones del grupo Krisis. Con una concordia inusitada reprochan a Krisis que presenta con su diagnóstico de derrumbamiento la animalada más raída del baúl de los recuerdos, por nombrar sólo a algunos, el redactor académico de izquierdas de PROKLA, Michael Heinrich, Freerk Huisken de <em>Gegenstandpunkt</em> (ambos en <em>Konkret</em> 3/2000) y el autor de Bahamas Martin Janz ( <em>Jungle World</em> 8-3-2000).</p>
<p><span id="more-737"></span>Si este reproche es bienvenido como poco por el público, entonces, ya que confirma un prejuicio sobre el marximo tan corriente como mantenido tenazmente, se corresponde (como suele pasar con los prejucios) con una manera bastante desfigurada de ver las cosas. Quizá suene sorprendente, pero en la teoría del movimiento obrero el diagnóstico marxista sobre el límite absoluto del capital no desempeña prácticamente ningún papel. Los únicos intentos serios de referirse a ello, a saber, el de Rosa Luxemburg y Henryk Grossmann, se quedaron teóricamente aislados y prácticamente sin significado para la orientación práctica; y no es una coincidencia, ya que sencillamente tal pensamiento no era compatible con el optimismo ilustrado respecto al progreso del marxismo. Si la historia se entiende como una continuidad de etapas ascendentes de la evolución humana desde la sociedad primitiva hasta el imperio comunista de la felicidad terrestre, entonces sencillamente no se <em>puede</em> pensar en algo así como un derrumbamiento catastrófico de la forma de producción capitalista. Puesto que, al fin y al cabo, el socialismo, o el comunismo, tiene que hacerse cargo de la herencia de la sociedad burguesa en un sentido entendido positivamente, es decir, continuar su “misión civilizatoria” y llevar a buen puerto el “curso de la historia”.</p>
<p>Desde el punto de vista de la burguesía de finales del siglo XIX, esa esperanza religiosa parecía sonar como un “pronóstico de derrumbamiento”, porque ponía en duda por lo menos ideológicamente la estructura de poder dominante. Esa forma de ver las cosas llena de miedo se acentuó seguramente mediante el vocabulario escatológico<sup><a name="sdfootnote1anc" href="#sdfootnote1sym"><sup>1</sup></a></sup>, frecuentemente esmerado por lo menos en el movimiento obrero alemán; pero con ello se expresaba siempre solamente la fe quasi-religiosa en la victoria final inevitable del proletariado, que supuestamente tiene a la espalda las “leyes objetivas de la historia”. En tanto que se dijese en ese contexto que el modo de producción capitalista estaba llegando a sus límites, con ello se quería decir únicamente que estaba volviéndose “infiel a su vocación histórica”, que consiste supuestamente en el “desarrollo irrespetuoso de la productividad del trabajo humano” y manifiesta con ello “de nuevo que se está volviendo senil y que cae más y más en desuso”, como ya escribió el viejo Engels en una nota en el tercer volumen del <em>Capital</em> (<em>MEW </em>25, p. 272 y ss.)</p>
<p>Claramente no se está pronosticando un derrumbamiento catastófico, sino que se está desarrollando una ideología de legitimación sobre cómo tendría que estar “objetivamente maduro” el tiempo para una revolución proletaria. Apenas sorprende que el movimiento obrero que se estaba formando y adueñándose de la herencia de la Ilustración se apropiase avariciosamente de esa interpretación del mundo y la siguiese desarrollando en su interés (es decir, definitivamente banalizado). Rápidamente los análisis económicos de marxismo desempeñaron en primerísimo lugar funciones legimatorias. Si hubiesen justificado las aspiraciones y la esperanza del movimiento obrero a una conquista rápida del poder, entonces después hubiesen tenido que explicar porqué no sucedía la “revolución mundial”. La clave de ello la da la teoría del imperialismo propagada por Lenin. Por su causa se puso fuera de juego el mecanismo de competencia, proporcionado gracias a la supuesta dominancia del monopolio y del capital financiero, y, de esa forma, se bloqueó prácticamente la dinámica histórica de la sociedad capitalista. “Se pudría” es ese sentido, no obstante se mantuvo la “dominancia de clases” política y militarmente (así como sobre el soborno de la “aristocracia obrera” y otros mecanismos). De esa manera se había impuesto teóricamente el “primado de la política” y la interpretación de mundo sociológica de clases del marxismo del movimiento obrero se había despertado en cierto sentido. “Objetivamente” el mundo ya estaba, en cierto sentido, “maduro” para la “revolución mundial, su victoria sólo dependerá de las relaciones políticas y sociales de voluntad y de fuerzas” (las cuales, por desgracia, siempre eran desfavorables).</p>
<p>La “izquierda occidental” meditada se ha distanciado después por lo menos parcialmente de esa ideología de legitimación, pero, sin embargo, no la ha superado realmente. Aún en la Teoría Crítica de Adorno y Horkheimer se mueve su abuso en forma negativa, cuando se presupone todo el tiempo pesimistamente la suspensión de la competencia en el “Estado total” o (después de 1945) en el “mundo burocratizado” y se lamenta de la decadencia del sujeto burgués de circulación. También en las actuales reacciones de defensa contra nuestro análisis de la crisis está claro que la relación entre “derrumbamiento” y “revolución” se vuelve a producir más o menos conscientemente, así como la filosofía ilustrada de la historia que le corresponde, aunque la mayoría de las veces con un giro negativo: con las esperanzas de un levantamiento revolucionario se entierra también la idea de la mortalidad del capitalismo (en la revista <em>Bahamas</em> y su entorno figura para ello la fórmula conspiratoria ritual de la “superación del capital sobre sus propios fundamentos”). De ahí que objeciones como que Krisis extiende un “mensaje del final del mal fundamentado escatológicamente, que podría tener un final muy malo” (Huisken, p. 39) o que ofrece la “variante modernizada de una filosofía de la historia causante de sentido” (Heinrich, p. 41).</p>
<p>Esas objeciones revelan más sobre la perspectiva de los críticos que sobre el objeto de la crítica. Ya que que el modo de producción capitalista llegue a sus límites absolutos no se produce a partir de ciertos constructos sobre filosofía de la historia adaptados a una teoría externa de crisis, sino a partir del análisis de la <em>contradicción interna fundamental del capital</em>, es decir, de una <em>formación histórica completamente específica</em><sup><a name="sdfootnote2anc" href="#sdfootnote2sym"><sup>2</sup></a></sup>. En ese sentido hay que entender cuando Marx dice: “el <em>verdadero límite</em> de la producción capitalista es el <em>capital mismo</em>, es decir: que el capital y su autovalorización se manifiesta como punto de partida y de llegada, como motivo y fin de la producción&#8230; El medio, la evolución incondicionada de las fuerzas sociales de producción, está en conflicto ininterrumpido con el fin limitado de la valorización del capital dado” (<em>MEW </em>25, p. 260).</p>
<p>Se trata de una contradicción irresoluble inmanentemente en tanto que el aumento de la productividad empresarial supone efectivamente la eliminación del trabajo vivo del proceso de valorización, mientras que a la vez la valorización del capital no es otra cosa que el abuso de la mano de obra. Tomado en sí mismo, de ello no resulta de ninguna manera una disolución inmediata de las relaciones capitalistas. Por el contrario: mientras que la manera de producción en forma de mercancías estaba todavía relativamente poco desarrollada, es decir, sólo había influido superficialmente la sociedad y estaba limitada en lo esencial a pocos países y regiones del mundo, se desarrolla partir de esta contradicción una dinámica mostruosa de expansión. Ya que la socavación permanente <em>en ámbitos capitalistas limitados</em> de masa de valor mediante el “ahorro” de mano de obra se compensó provisionalmente en la <em>totalidad del ámbito capitalista </em>mediante una expansión continua de la valorización en nuevos ramos laborales intensivos de la producción y mediante el ajuste capitalista de regiones del mundo adicionales. Es cierto que ese proceso de transformación no puede funcionar a la larga, sino que no es otra cosa que una manera determinada de suceder las cosas en la que la contradicción interna capitalista se desarrolla históricamente y, a la vez, se agudiza. Puesto que la “producción capitalista aspira constantemente a superar sus límites inmanentes, pero sólo los supera gracias a medios que la enfrentan a otros nuevos y en medida más poderosa” (Marx, íbid.) Pertenece a la lógica del asunto que, más tarde o más temprano, se reduzca a la larga la <em>cantidad absoluta</em> de la mano de obra en uso de la totalidad de la sociedad y, de esa manera, disminuya la <em>masa de valor</em> producida en la totalidad del capitalismo. De esa manera, el capitalismo socava sus propios fundamentos.</p>
<p>El marxismo no sólo ha revuelto el diagnóstico de crisis formulado, es cierto, sólo abstractamente por Marx, en el sentido de la “tesis de descomposición”, sino que, a partir de ahí, ha interpretado la “contradicción entre fuerzas de producción y relaciones de producción” no como específicamente capitalistas, sino como transhistóricas, es decir, como válidas para todas las sociedades anteriores. Según el “materialismo histórico” el desarrollo de las fuerzas de producción es válido absolutamente como motor de la historia humana: ya que cada “fase del desarrollo” se corresponde siempre con una forma determinada de la “dominancia de clases”, así como de las relaciones de producción y explotación, el progreso de las fuerzas de producción tenía que entrar tarde o temprano en conflicto con el orden social correspondiente y producir su cambio revolucionario. Claramente se trata en este caso de una retroproyección de relaciones burguesas en el pasado, típica del pensamiento ilustrado (aquí sólo en sentido materialista). Puesto que ninguna otra sociedad a parte de la capitalista estuvo jamás organizada alrededor de la producción; ya sólo por esa razón, no podía existir algo así como la “contradicción entre las fuerzas de producción y las relaciones e produción”.</p>
<p>Marx no ha sido, de ninguna manera, ajeno a esta interpretación de la historia, ya que el tenía puesto por los menos un pie en el suelo del optimismo del progreso. Aunque la lógica de su teoría de crisis no es, de ninguna manera, compatible con este constructo de filosofía de la historia<sup><a name="sdfootnote3anc" href="#sdfootnote3sym"><sup>3</sup></a></sup>. En lo esencial no se trata de otra cosa que del pensar-hasta-el-final consecuente de la crítica del fetichismo introducida desde el primer capítulo del <em>Capital</em>. Ya que la contradicción lógica interna del capital ya está dada en la forma nuclear de la forma de producción capitalista, la mercancía, y el movimiento hacia el fin en sí mismo del “sujeto automático” (es decir, el valor) no es otra cosa que el despliegue de esa contradicción. Que las relaciones sociales se generen como relaciones de cosas (más exactamente: de mercancías) y se opongan como tales a las personas como poder extraño, no sólo significa que su propio contexto social les imponga legalidades irracionales como si se tratase de leyes naturales; conlleva también también su caducidad histórica última independientemente de todo querer subjetivo.</p>
<p>Por cierto, no tiene nada que ver con la “filosofía de la historia instauradora de sentido”, ya que más allá de la lógica (en sentido histórico completamente específica) de la sociedad de mercancías, cesa la determinación. Sólo es seguro que la sociedad capitalista tiene que hundirse violentamente en último término a causa de sus contradicciones internas, pero de ninguna manera, <em>como</em> va a suceder el <em>proceso</em> de ese hudimiento, y sobre todo tampoco, que lo va a sustituir. La superación de la socialización en forma de mercancías sólo se puede poner en marcha, obviamente, mediante un acto colectivo y consciente, ya que no se trata de otra cosa que de la falta de conciencia social. Si va a salir bien, depende única y exclusivamente de si la gente consigue emanciparse o no de las formas de relación y comunicación constituidas de manera capitalista. Todo optimismo exagerado en relación a esto sería un error absoluto. No es improbable, de ninguna manera, que el proceso de derrumbamiento ponga en funcionamiento una dinámica incontrolable, catastrófica en cuyo transcurso se destruya todo contexto civilizatorio y, quizá, los fundamentos de la vida humana. Por lo menos, en la regiones de derrumbamiento del mundo actual ya se delinea esta posibilidad tan clara como aterradoramente. De cualquier manera, aún hay una opción emancipadora, aún cuando la oposición crítica con la sociedad esté a la defensiva en todo el mundo. En tanto que, pero sólo en tanto que, la historia está abierta para tomarse la molestia de una muletilla preferida que en general sólo está al servicio de escaquearse de un análisis y crítica consecuentes del proceso objetivado.</p>
<p>Naturalmente, se puede discutir y hay que discutir sobre si es cierto que el capitalismo ha llegado de hecho <em>hoy</em> a sus límites históricos; si con el final del fordismo y de la tercera revolución industrial se ha puesto en marcha una derrota secular y irreversible y realmente no hay más campo de juego para la acumulación. Dicho de paso: no se trata para nada de un “derrumbamiento” repentino, como suponen erróneamente muchos críticos y según el sentido de la palabra (por lo que la usamos poco, al contrario que nuestros críticos), sino de un largo proceso de decadencia, que previsiblemente se va a alargar durante muchas décadas y cuyo transcurso es difícilmente anticipable. El grupo Krisis ha planteado en los últimos años toda una gama de argumentos teóricos y pruebas empíricas a favor de este diagnóstico de crisis; además Robert Kurz ha desarrollado históricamente con todo detalle este contexto en el <em>Schwarzbuch Kapitalismus</em>. Sin embargo, obviamente no creemos haber resuelto así todos los problemas. Por otro lado, la gran mayoría de las críticas hasta ahora no están hechas para continuar con la discusión, sino que más bien dan la impresión de tener que desarmar un punto de vista teórico por lo visto incómodo, supuestamente, porque cuestiona su trama acostumbrada conceptual y de pensar. Sólo así se puede explicar porque autores como Huisken y Heinrich, a los que se tendría que poder suponer un conocimiento seguro de la teoría de crisis y acumulación, en <em>konkret</em> 3/2000 equivocan (o ignoran) sistemáticamente el nucleo teórico del diagnóstico de crisis de una manera sorprendente. Sobre todo, no muestran la huella de una conciencia de problema frente a la contradicción lógica interna del capital entre el desarrollo de fuerzas de producción y el imperativo de valorización; más bien lo ocultan sistemáticamente, en tanto que observan la postura particular, empresarial y la identifican repentinamente con la totalidad del proceso capitalista. Huisken se equivoca con especial torpeza según el entramado del marxismo del movimiento obrero: sencillamente pone en juego el interés de valorización del capital particular<sup><a name="sdfootnote4anc" href="#sdfootnote4sym"><sup>4</sup></a></sup> y por lo visto ve ahí la garantía de que la acumulación, en principio, se puede continuar <em>ad infinitum</em>.</p>
<p>Heinrich por lo menos argumenta algo más diferenciadamente: se remite al aumento de la <em>prorrata</em> de plusvalía que lleva consigo el desarrollo de las fuerzas de producción (Marx lo llama la “producción de la plusvalía relativa”) y, de esa forma pretende con toda seriedad haber demostrado que “la masa de la plusvalía contenida en la totalidad del producto” aumenta justamente “a causa del aumento de la productividad” (p. 41). Disparatadamente, es, sin embargo, esa persecución irrespetuosa de los intereses privados de valorización y el aumento de la plusvalía relativa sólo un lado de la contradicción interna capitalista<sup><a name="sdfootnote5anc" href="#sdfootnote5sym"><sup>5</sup></a></sup>; es justamente la que socava en último término el fundamento de la valorización, a saber, <em>reduce absolutamente</em> la masa de beneficios y valor de la totalidad del capitalismo (es decir, no meramente la expresión de valor de cada mercancía particular o de la <em>parte relativa</em> de plusvalía o beneficio por capital invertido)<sup><a name="sdfootnote6anc" href="#sdfootnote6sym"><sup>6</sup></a></sup>. Ya que en la competencia se premian ante todo aquellos capitales que racionalizan de forma más consecuente (es decir, que vuelven sobrante más trabajo vivo); reciben la mayor parte de la masa de plusvalía, aunque y en tanto que son los que más están contribuyendo a hacerla más pequeña. Que esta contradicción sólo se haya calmado históricamente mediante una rasante huida hacia delante, es decir, mediante la apertura de nuevos ramos laborales intensivos de la producción (aunque aún así con fricciones violentas), les parece a Huisken y Heinrich razón suficiente para quitarla del medio completamente.</p>
<p>Y mientras que así se eleva de una manera completamente positivista una misteriosa evidencia empírica aparente al rango de una postura teórica, la referencia a los límites absolutos de la dinámica de valorización (es decir, la agudización de la contradicción ignorada) se manifiesta después, por el contrario, como una pretensión moral sugerida al modo de producción capitalista. Cuando Heinrich y Huisken creen tener que enseñar casi en los mismos términos a los autores del <em>Manifiesto</em> y del <em>Schwarzbuch</em> que el “fin inmanente de la producción capitalista&#8230; no es la eliminación del paro y la miseria, sino la valorización del valor” (Heinrich, p. 40; Huisken análogamente, p. 34), entonces tiene un efecto en cierto modo vergonzoso, porque han “olvidado” claramente lo que siempre acentúan, que el capital sólo se puede valorizar una vez, en tanto que hace uso de mano de obra y esto en escala creciente. Que esto pueda dejar de funcionar una vez está tan fuera de la capacidad de comprensión de ambos críticos que ni siquiera toleran la pregunta.</p>
<p>Por lo visto, menos comprensible todavía les parece a la mayoría de los críticos la relación entre el proceso de crisis en el ámbito de la acumulación real y la superestructura financiera hinchada crediticia y especulativamente. También aquí se levanta la sospecha de que se trata menos de la complejidad de la materia que, más bien, de la postura defensiva interiorizada. Ya que, aunque los movimientos en la superficie de los mercados financieros transnacionales sean tan confusos, el mecanismo básico del capital ficticio, como ya Marx lo descifró en lo esencial, no son difíciles de comprender. Básicamente se trata de un movimiento doble: ante todo el crédito y la especulación están al servicio de <em>retardar la irrupción de la crisis</em>, porque consiguen posibilidades de inversión ficticias (es decir, no cubiertas realeconómicamente) para capital sobreacumulado y, a la vez, crean de la misma manera capacidad de compra no cubierta; en último término, esto conduce a una <em>agudización de la crisis</em>, porque cuando explota la burbuja financiera la totalidad del potencial de desvalorización retardado se hace real de golpe.</p>
<p>Este mecanismo, que, por lo demás provoca la apariencia de que la especulación fuese la causa de la crisis y no su transcurso y, por esta razón, contribuye a poner en marcha las conocidas proyecciones antisemitas, este mecanismo se vuelve en principio eficiente en todo proceso capitalista de crisis, obviamente también en el actual. Sólo es nuevo históricamente que el total desacoplamiento del dinero respecto a su base en oro y la desregulación de los mercados financieros ha conseguido un campo de acción espantosamente grande para la independización relativa del capital ficticio frente a la acumulación real; con ello se explica la dilación de la crisis extrañamente larga que se prolonga ya más de veinte años y la cantidad exorbitante de la “masa de valor” ficticia “almacenada”. Reconozco que no hemos valorado del todo bien el horizonte temporal de este proceso. Desde un punto de vista estructural, aproximadamente a principios de los años noventa, parecía prácticamente increíble que el sistema de bola de nieve se iba a poder mantener otros diez años o, incluso, algunos años más. Es verdad que los desarrollos que han tenido lugar desde entonces no han contradicho de ninguna manera el diagnóstico estructural, sino más bien lo han confirmado. Ya que el anticipo ficticio a la creacción futura de valor no se ha saldado en términos de economía real, más bien la superestructura financiera se ha ido alejando en un movimiento exponencial cada vez más de la acumulación real y los procesos de racionalización que tienen lugar ahí incluso se han acelerado. Ya que, sin embargo, la valorización de capital no se puede emancipar del uso de trabajo vivo, hay que restituir la relación entre ambas esferas y esto violentamente, es decir, con un estallido.</p>
<p>Hasta la prensa más acrítica ha captado entre tanto (aunque no lo pueda explicar), que, por ejemplo, el aumento del índice Dow-Jones cerca del factor 11 desde 1980 apenas se puede explicar a partir de un crecimiento del producto social bruto real de 60-70%. En este punto es bastante gracioso cuando Heinrich no quiere ver más que una función normal de la naturaleza de crédito, “acumular capital líquido improductivo“ para volverlo a lanzar después a la esfera de la acumulación real. Es extremadamente molesto de verdad cuando añade desde esa postura absolutamente insostenible empírica y teóricamente que puede objetar a Robert Kurz que separa “ambas partes que se pertenecen” (la valorización real y el sector financiero) y prepara el suelo, de esa forma, para proyecciones antisemitas (p. 41). Si esto no es una difamación consciente, entonces es digno de atención como poco como el clarísimo “interés brutal en la materia” (Marx) le impide al autor de la crítica Heinrich leer comprendiendo mínimamente las explicaciones detalladas y forradas histórico-empíricamente sobre la relación interna entre el capital ficticio y la acumulación real en el <em>Schwarzbuch</em> (y no sólo allí)<sup><a name="sdfootnote7anc" href="#sdfootnote7sym"><sup>7</sup></a></sup>.</p>
<p>También es bastante futil identificar sencillamente la predicción del hundimiento en último término irremediable (aunque no pronosticable con exactitud) del mercado financiero con el “diagnóstico de derrumbamiento” y después partirse de risa de que los “profetas de la crisis” siguen esperando supuestamente al largamente esperado “apocalipsis”. No se puede evitar la impresión de que se está intentando, por el contrario, apartar la vista de que la crisis esté en plena marcha desde hace dos décadas, de que grandes partes del mundo han sido declaradas inútiles para la valorización del valor y que se las ha desacoplado negativamente (con las consecuencias más brutales para las personas que viven allí) y que también en las metrópolis cada vez más partes de la población están afectadas por este proceso de desvalorización. Un hudimiento aceleraría este proceso con un impulso violento, pero, por supuesto, no sería la “derrumbamiento”, sino sólo <em>una</em> cesura en el <em>proceso</em> de decadencia, que, como ya he dicho, se puede alargar aún décadas y, es de suponer que va a encontrar siempre transcursos más espantosos si no se constituye en movimiento social-emancipatorio que se atreva a llevar a cabo la ruptura decisiva con la sociedad productora de mercancías. Quizá estas previsiones poco alegres no contribuyan, en último término, a hacer un tabú de las ideas sobre el agotamiento irreversible de la lógica capitalista de valorización sobre todo en los paises-aún-ganadores del mercado mundial. Por lo visto, alimenta la creencia de que el capitalismo da un giro, después del fordismo, hacia una “normalidad” que se procesa de una manera manifiestamente ahistórica y, por ello, proragable eternamente, algo así como una “apariencia de seguridad” engañosa, porque permite seguir moviéndose en el desmontado, pero, al cabo, conocido, sistema de coordenadas marxista.</p>
<p>Sólo desde este sistema de coordenadas puede parecer que se tratase por el contrario de criticar <em>por eso</em> al capitalismo, <em>por que</em> está en crisis o incluso para quitar importancia desde aquí a los estadios de desarrollo históricos pasados. El que ve tal cosa en el <em>Manifiesto</em> o en el <em>Schwarzbuch</em>, lo <em>quiere</em> ver con toda autoridad. En tanto que las atrocidades de la lógica capitalista hagan acto de presencia en el proceso de crisis de nuevo con especial dureza, aclara, por el contrario, la situación del “funcionamiento normal” y, posteriormente, lo deslegitima de nuevo. Debería ser una banalidad que todo intento de superar la sociedad de mercancías sólo pueda partir de la postura histórica dada en cada caso y que no sea parte de las tareas de una crítica radical de la sociedd definir ese punto de partida. Esta discusión no se puede limitar con tabús.</p>
<p><em>Traducción de Marta M. Fernández</em></p>
<p><a name="sdfootnote1sym" href="#sdfootnote1anc">1</a>Más o menos: “&#8230; pero después del diluvio universal llegaremos nosotros y sólo nosotros”, reza el título de un tratado histórico sobre este tema de Rudolf Walter (Frankfurt am Main, 1981)</p>
<p><a name="sdfootnote2sym" href="#sdfootnote2anc">2</a>La diferencia entre la filosofía de la historia entendida positivamente y su crítica entendida analíticamente (en oposición al mero relativismo) la ha mostrado claramente Moishe Postone en su libro <em>Time, labor and social domination: A Reinterpretation of Marx’s Critical Theory</em>, Cambrigde University Press (1993).</p>
<p><a name="sdfootnote3sym" href="#sdfootnote3anc">3</a>El pensamiento marxista es en sí contradictorio, en tanto que se solapan y cruzan momentos de una teoría burguesa de la modernización con la crítica radical de las relaciones de fetiche en términos de producción de mercancías. En ese sentido, se puede hablar de un “doble Marx” (véase entre otros Robert Kurz, “Postmarxismus und Arbeitsfetisch” en <em>Krisis</em> 15, Bad Honnef, 1995).</p>
<p><a name="sdfootnote4sym" href="#sdfootnote4anc">4</a>Huisken: “Como si el capitalista no explotase trabajo, es decir, como si no alargase siempre el exceso de horas trabajadas sobre el tiempo de trabajo necesario, sino que quisiese deshacerse de los trabajadores” (p. 41).</p>
<p><a name="sdfootnote5sym" href="#sdfootnote5anc">5</a>Véase más detalladamente al respecto y respecto a lo que sigue, mi crítica al libro de Heinrich <em>Die Wissenschaft von Wert</em> en <em>Streifz&#252;ge</em> 1/2000 (<em>Kritischer Kreis</em>, Margarete Str. 71-73/23, A-1050 Wien).</p>
<p><a name="sdfootnote6sym" href="#sdfootnote6anc">6</a>No es, por tanto, el “caso tendencial de la prorrata de beneficio” muy discutida en ciertas líneas del marxismo la base de la crisis fundamental de valorización del capital, sino el derretimiento irreversible de la masa de valor y beneficios de la totalidad del capitalismo.</p>
<p><a name="sdfootnote7sym" href="#sdfootnote7anc">7</a>Robert Kurz, Ernst Lohoff y yo hemos vuelto a desarrollar esta relación en muchas otras publicaciones. Veánse entre otros los artículos en <em>Krisis</em> 16/17 (1995), mi artículo “Es rettet Euch kein Billiglohn” en <em>Feierabend!</em> (1999), así como sobre la crítica a las objeciones de que toda tematización del capital ficticio sea ya tendencialmente antisemita (Robert Kurz, “Das Leben als Wille und Design, Berlin, 1999).</p>
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