31.12.2005  Beitrag drucken

Los llamados valores occidentales son solamente el otro lado del culturalismo

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Norbert Trenkle en entrevista con Salih Selcuk para la revista YARIN (Febrero 2005)

1. A pesar de que las ideologías culturales aún tienen una fuerte resonancia (Huntington, Bin Laden, Micronacionalistas, Neo-Antisemitas etc.), la llamada a explicaciones politico-económicas de la actual situación mundial se vuelve cada vez más fuerte. Ha perdido el culturalismo su validez?

Desgraciadamente no. No creo que podamos bajar la alerta. Al contrario, entre más difícil se convierte la situación para la mayoría de la población mundial – que en el fondo el capitalismo la declaró superflúa – más resonancia tienen las ideologías culturales y religioso-fundamentalistas. Esto se debe a que explican el mundo en categorías simples como lo bueno y lo malo, amigo y enemigo, correcto y falso, y por eso ofrecen seguridades aparentes en una época en la que todo se está desmoronando. Es obvio que el aumento de estas ideologías está ligado profundamente con la crisis capitalista universal. En los países llamados del tercer mundo, este aumento empezó en los años setentas cuando las expectativas de una modernización (según el modelo occidental) y de una cierta adaptación económica y política a los países capitalistas centrales, no se llevaron a cabo. A partir de ese momento, las hasta entonces hegemoniales ideologías socialistas y de liberación nacional, pierden su atractividad y credibilidad. Más tarde se observó el mismo proceso en los países capitalistas centrales, cuando la crisis se hizo más perceptible y las perspectivas del futuro también se vieron nubladas .

El colapso del socialismo real aceleró este desarollo, ya que entonces faltaba la contraparte de la ideología liberal-capitalista. Aún cuando el realsocialismo no era una verdadera alternativa al capitalismo, sino solamente una cierta variante de modernización estatal organizada, su existencia ha sido ligada con ciertos conceptos ideológicos que representaron una forma diferente de sociedad. Este hueco ideológico fué llenado por el culturalismo. En lugar de hablar de una competencia entre sistemas diferentes (que en realidad no eran tan diferentes), ahora se propaga y activa la lucha de culturas a todos niveles.

2. Cómo reacciona la izquierda? Qué puede hacer para contrarrestar esta tendencia?

Desde los setentas y ochentas, parte de la izquierda ha contribuido con críticas y la deconstrucción de identidades, aparentamente substanciales, como la nacional, étnica, sexual, etc. Teóricos como Foucault, Balibar o Hobsbawn han mostrado que tales identidades se construyeron mediante un proceso de imposición de la sociedad capitalista moderna y de este modo no son “originales” y aún menos “naturales”. Esto es un avance central del conocimiento frente a la teoría social anterior. Desgraciadamente el giro a este paradigma cultural y a la crítica de identidad e ideología, iba acompañado de un descuido en la crítica económica. Esta toma revancha cuando frente a la creciente crisis capitalista, cuestiones económicas recobran un rol prevalescente. Aquí la izquierda tradicionalista entra de nuevo en acción al reducir el capitalismo a un dominio de clases y explotación o inclusive, a un mero imperialismo.

Lo malo es, que esta crítica reducida del capitalismo es absolutamente compatible con el culturalismo y el nacionalismo, de tal manera que, bajo el título del antiimperialismo, las identidades culturales o nacionales toman una posición en contra de “los Estados Unidos” o “el occidente”. Otro ejemplo es la reducción de la crítica del capitalismo a una crítica de la especulación de los mercados financieros, que es usual en partes del movimiento antiglobalista. Esto es de facto falso, porque la especulación de los mercados financieros es solo un aspecto de la economización total de las relaciones humanas bajo el dominio del capitalismo, y no su causa. Esta crítica reducida va acompañada con frecuencia con antisemitismo por una parte sutil y por otra parte abierto, que identifica a “los judíos” con el capital financiero y los hace responsables de todo mal en el mundo.

Estas tendencias deben ser duramente criticadas. Alguna vez la izquierda estuvo a favor de la emancipación social. Pero si la izquierda se mezcla de esta manera con el culturalismo y el antisemitismo, se vuelve reaccionaria. En eso yo veo una señal obvia de que la izquierda tradicionalista ha llegado a sus límites. Lo que queda por hacer es un cambio de paradigma en la crítica del capitalismo.

3. En su opinión, en que tendría que consistir este cambio paradigmático?

Ante todo comprender que las exigencias e imposiciones del capitalismo no se atribuyen a la voluntad de una clase dominante u otros grupos poderosos, sino que resultan de la lógica interna del sistema y su dinámica. Esta lógica se independizóde la gentey debido a eso parece una “ley natural”. En realidad, es una cierta forma de organización social, históricamente específica y por ende con posibilidad de ser superada. En el capitalismo, los sujetos no se relacionan directamente, sino a través de mercancía, trabajo y dinero. Es decir, las relaciones humanas toman la forma de objeto y se muestran como un poder aparentemente exterior, como “necesidades inherentes” a su vez creadas por la gente, que se somete a éstas siempre y cuando no violen la lógica capitalista.

Marx habla en este contexto del fetichismo de producción de mercancía. Lo que quiere decir con eso es que los sujetos en la sociedad moderna están dominados por sus propias relaciones sociales, en lugar de organizarlas conscientemente. Marx escoge una metáfora religiosa: la sociedad moderna está aún más desamparada frente a la producción de mercancía, a la utilización del capital y al trabajo, que todas las sociedades anteriores a sus ideas religiosas, leyes y tabús. El sujeto capitalista cree en la omnipotencia del mercado tan fuerte como el papa en el Espíritu Santo. En el fondo el capitalismo es una sociedad profundamente religiosa, si bien en la forma paradójica de la secularización total. Tomemos el ejemplo del fatalismo, con el cual se acepta la obligación al crecimiento permanente aún sabiendo que mediante esto se destruyen los recursos naturales y a su vez las bases de la vida humana. Al mismo tiempo, la miseria social en el mundo no se reduce sino se agrava y la sociedad capitalista se somete a esta obligación antes mencionada como si fuera un mandato de Dios. Este es un ejemplo entre muchos.

4. Que significa esto para la crítica social izquierdista? Se vuelve obsoleta? Que se tiene que superar, que se puede conservar?

Pues, de todos modos se pueden conservar los esfuerzos de una abolición del capitalismo y una liberación social de dominio y opresión. Pero hay que redefinir esta perspectiva. El objetivo directivo de actuación tendría que ser la aboliciónde la producción de mercancía, porque toda compulsióny toda forma de dominio y opresión en el capitalismo, sea el trabajo en las fábricas, la conquista politica-militar o la opresión de las mujeres, todo se atribuye finalmente a esta forma de producción. Lo mismo se puede decir de las formas de consciencia. Es que el fetichismo de la mercancía no es un fenómeno económico exterior, sino una estructura social amplia que marca el pensamiento y la actuación de la gente fundamentalmente, también en la figura del nacionalismo, racismo o culturalismo. Estas ideologías y formas de consciencia son expresión de una necesidad de identidad y marginalización, que en realidad está generada por el mismo capitalismo. Porque él aisla a la gente, unos de otros y los hace competitivos y produce permanentemente nuevas exclusiones. A propósito: la división del mundo en estados nacionales jugó en esto un papel muy importante. Aunque el culturalismo se refiere supuestamente a valores originales y tradiciones, es un fenómeno completamente capitalista y para nada anticapitalista.

Pero también el universalismo abstracto de los llamados valores occidentales, a los cuales la izquierda se ha referido siempre positivamente, es una expresión de la logica capitalista y de sus necesidades. Los valores occidentales son en el fondo, un reflejo ideológico del universalismo práctico de la producción de mercancía moderna, que posee el impulso inherente de sujetar el mundo entero y hacerlo material del proceso capitalista. En este sentido, los valores occidentales son solamente el otro lado del culturalismo. Los dos pertenecen juntos, inseparablemente (como prueban Huntington y Bush) y por eso deben ser superados de manera conjunta.

5. Que se podría hacer para superar las enemistades culturales construidas y evitar una guerra? Qué papel podrían jugar los turcos?

En el nivel teórico es importante reconocer la relación interna entre los hermanos gemelos culturalismo y valores occidentales, con la estructura básica de la sociedad productora de mercancía y criticar las construcciónes de identidad. En el nivel práctico, se impone en todo el mundo la tarea de volverse principalmente contra cualquier etnización de los conflictos sociales, económicos y políticos. Esto significa en concreto, algo diferente en cada país y en cada región. En Alemania por ejemplo, hay que luchar contra la xenofobia, especialmente contra los turcos y musulmanes. No conozco la situación en Turquía lo suficientemente bien, pero en general se puede decir, que allí también es importante confrontar las crecientes tendencias etnicistas y fundamentalistas, simplemente porque son anti-emancipatorias. Sin lugar a duda, queda claro que una superación del capitalismo exige un movimiento social emancipatorio, que se orienta desde el principio transnacionalmente, un movimiento, que solidariamente se sobrepone a toda frontera y a todo límite definido por el capitalismo.

Traducción: Barragán/ Willms